Déjate de croats

Lo último que me esperaba en Dubai era escuchar algo del croat, la criptomoneda independentista, pero allí estaba yo frente a un panel de expertos en Blockchain y saltó la liebre. Ni más ni menos que un especialista en innovación y riesgos financieros terminaba su intervención dejando caer la bombita: “Ahora que Cataluña tiene su propia criptomoneda, sería interesante ver si los bancos catalanes la apoyan, y ver cómo evoluciona todo”. Límpiese las lágrimas de los ojos tras la carcajada, que espero haya sido brutal, y no se preocupe, que para remedar el entuerto, allí estaba yo con mi chaqueta de Zara (llevaba más de diez años sin entrar en las tiendas de Amancio, pero su donación para el cáncer me conmovió y he vuelto).

“¿Preguntas del público?” Pues más bien sí. Me estiré todo lo que mi 1,58 de altura me permiten ser visible en un auditorio plagado de maromos de dos metros engalanados de oscura sastrería impoluta y zapatillas de deporte blancas, y comenté: “Señor X, es que los bancos han abandonado Cataluña. Veo difícil que le den soporte a esa criptomoneda porque de hecho, se han establecido en otras ciudades de España, como las otras tres mil empresas que les han seguido. Yo creo que más que un problema de adopción tecnológica o de innovación, estamos ante un caso de injerencia de un tercer país”.

El pobre se quedó blanco e intentó rehacer otra respuesta invocando ejemplos como la criptomoneda de Ucrania (donde el mes pasado un secuestro terminó con el pago de un rescate de millón en bitcoins), y con el micrófono abierto siguió pensando en voz alta mientras otros panelistas seguían con el turno de preguntas. Dio una impresión más bien pobre, y desde luego que fue la primera vez que vi a un hijo de la Gran Bretaña balbucear en público, como si estuviera fuera de juego después de caer por 5-0 en Old Trafford.

Me encontré casualmente con una colega suya, en el mismo puesto homónimo pero destinada en otro país, que terminó de desmontar su currículo: “No, él no es especialista ni en criptomonedas ni en riesgos geopolíticos, sólo sabe de blockchain”. Vamos, codifica y lee estadísticas, un trabajo noble de analista sin conexión con la realidad. En la máquina del café me topé con otro tipo del panel que sí sabía de lo que hablaba: “No se puede trivializar como hizo él. De hecho, las criptomonedas muy infladas están controladas entre un setenta y un noventa por ciento por la misma persona de forma directa o a través de entidades”. Vamos, que esto es como una subida en la Bolsa, venta total para la recogida de beneficios y caída brutal de las acciones. Y después concretó en cifras: “El mercado de las criptomonedas suponen 700 billones de dólares anuales, pero son una gota en el océano si las comparamos con el Forex, el mercado de divisas, donde se negocian 8 trillones diarios”. Tremendo ridículo lo del croat, ¿no le parece?

 

 
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