De migraciones y muros

Espero que la futura muralla entre Estados Unidos y México sea estéticamente bonita. Se le podría encargar a algún arquitecto de vanguardia. Fundamentalmente porque, a lo largo de la historia, todas las murallas han sido superadas o derribadas y lo que se conserva de ellas es pasto de turistas cámara en mano.

Así ocurre con la Gran Muralla China, una obra gigantesca que la dinastía Ming  construyó a partir del siglo XIV para intentar evitar que los nómadas del norte invadiesen China. Los mongoles, con muralla o sin ella, siguieron haciendo incursiones.  Finalmente, los manchúes comenzaron las invasiones a partir de 1600. En 1644, entrando como aliados para estabilizar internamente el imperio, lograron tomar el poder acabando con los vestigios de la dinastía Ming y su opositora rebelde Shun, dando origen a la nueva dinastía Qing. Hoy nos queda un monumento turístico de primera magnitud, pero perfectamente inútil desde cualquier otro punto de vista.

A lo largo de la historia, las migraciones se han sucedido y han sido imparables desde los albores de la Humanidad. Según prueba el ADN, casi todos somos descendientes de emigrantes africanos que colonizaron otros continentes. Fuesen los nómadas aborígenes australes, indios en América, mongoles, visigodos, ostrogodos, hunos, musulmanes, europeos en América, maoríes… todas las migraciones han superado los obstáculos naturales y las barreras humanas. Sólo es cuestión de tiempo, especialmente si hay una presión demográfica, se aspira a conquistar la libertad o superar la desigualdad económica que incentiva a migrar. Y es así porque todos los seres humanos ansían un futuro mejor y esta potente motivación supera todas las vallas por muchas concertinas y guardas armados que se interpongan.

Siendo probable que el señor Trump consiga su anhelada muralla, resulta verosímil que pase a la historia como otro intento inútil de detener la voluntad humana de lograr un futuro mejor.

Mucho más cerca que China o México, se encuentra el Muro de Berlín. Otra obra para impedir la migración desde un lugar inhóspito, mezquino y cruel, hacia un futuro mejor. Y lo poco que queda de él, pintado por artistas con desigual estilo, con pintura colorista sobre el gris cemento, representa el triunfo de la libertad sobre la opresión. También el Muro recuerda a aquél gran presidente de los Estados Unidos, JF Kennedy, que pronunció en Berlín en 1963 estas palabras históricas, que hoy recobran todo su significado:

Permitidme pediros que alcéis vuestros ojos por encima de los peligros de hoy, a las esperanzas de mañana. Más allá de la libertad de sólo esta ciudad, Berlín, o de vuestro país, Alemania, hacia el avance de la libertad en todos los lugares. Más allá del muro, hacia el día de la paz con justicia. Más allá de vosotros o nosotros, hacia toda la humanidad.

La libertad es indivisible y cuando un hombre es esclavizado, nadie es libre. Cuando todos sean libres, entonces podremos dirigirnos hacia ese día en que esta ciudad será unida en una sola, y este país y este gran continente que es Europa se unirán en un único mundo, lleno de paz y esperanza. Cuando ese día llegue por fin, que lo hará, la gente del Berlín Oeste podrá sentir una sobria satisfacción por el hecho de que ellos estuvieron en primera línea durante casi dos décadas.

Todos los hombres libres, vivan donde vivan, son ciudadanos de Berlín. Y por lo tanto, como hombre libre, yo digo con orgullo las palabras "Ich bin ein Berliner".

¿Qué diría hoy Kennedy? El mundo echa de menos su estilo de liderazgo y no el de Trump

 
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