Competir no es pecado

"Tenemos que luchar contra el proteccionismo y defender el libre comercio" - Pierre Moscovici, comisario europeo de Asuntos Económicos

Según la última Comunicación de la Comisión Europea, España es ya el segundo país de la Unión Europea con mayor número de restricciones al ejercicio del comercio. Aunque referido al e-commerce y a la transformación digital, bien podríamos hacer extensible la crítica a cuanto ocurre con el taxi y Cabify o Uber.

A juicio de Bruselas, la regulación diseñada predominantemente para el comercio físico limita la capacidad de las empresas para adaptarse y reaccionar a los cambios producidos. Los marcos regulatorios a nivel nacional, regional y local tienen un "impacto negativo sobre la eficiencia del sector, los precios y la competencia", señalan. En esta línea se han manifestado los organismos de competencia estatal (CNMC) y el autonómico catalán (ACCO) al respecto de la regulación de las licencias VTC (arrendamiento de vehículos con conductor).

El último paso dado por el Gobierno acentúa la distancia existente en nuestro país entre el proteccionismo y la libre competencia. La reacción de Cabify no ha sorprendido a quienes hace tiempo seguimos sus pasos. Mariano Sylveira, Regional Manager en Europa de Cabify, en una entrevista concedida al diario Libre Mercado ha afirmado que "Nosotros apoyamos que haya un mínimo de flexibilización, pero que no sea absoluta". También ha indicado que nunca han "estado a favor de liberalizar el mercado del taxi" pues "implicaría la destrucción de numerosos puestos de trabajo, se perdería la profesionalidad y se destruirían cientos de soportes y empresas construidas hasta ahora". 

¿Se imaginan a Bill Gates o Steve Jobs pidiendo perdón por poner los ordenadores al alcance de todos? ¿O a Bezos por hacer posible que la creación de uno pueda llegar a todos y que todos podamos adquirir un producto de manera rápida y sencilla? Hubieron quienes dudaron y gigantes que tuvieron la oportunidad de hacerlo pero creyeron que la sociedad no estaba preparada. Hoy corren contra el reloj por no desaparecer. 

Como señala Gabriel Doménech, profesor de Derecho administrativo en la Universitat de València, "la restricción de la competencia resultante -por la aplicación del RD del Gobierno- minará significativamente los alicientes que los empresarios tienen para mejorar la calidad del servicio. Y la circunstancia de que en el mercado secundario se paguen a sus titulares decenas de miles de euros por las licencias de taxi o VTC –¡que la Administración adjudicó gratuitamente en su día!– indica que los operadores están obteniendo una suerte de rentas monopolísticas, cobrando precios superiores a los que los usuarios pagarían en un mercado donde la oferta no estuviera artificialmente limitada".

Promulgar leyes restrictivas para unos no hace más libres a los otros, sino que acentúa las diferencias y la fragilidad del negocio de ambos. En la vieja economía, los amiguismos eran los garantes de las leyes ad hoc. En la nueva economía, el usuario, el cliente, el individuo, es el protagonista por lo que no cabe, en ningún modo, el servilismo o dirigismo político hacia ningún sector o actor económico por más centenario que este sea.

El fomento de la diversidad pasa, ineludiblemente, por la aceptación de las nuevas formas de comunicarnos, de comprar y de movernos. Porque para vivir la ciudad no hay una sola manera ni un solo medio. Cada cual escoge la que prefiere y disfruta de la experiencia que engloba su elección. 

 
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