Catalán Sex en Hong Kong

Una vez, en una galaxia muy lejana de cuyo nombre no quiero acordarme, yo tuve una novia catalana. No quiero malas interpretaciones, no era una extraterrestre, pero vaya genio que tenía mi ampurdanesa de Hong Kong. Éramos como Tom y Jerry o Silvestre y Piolín (esto último es pura ironía gallega).

Los emigrantes podemos tener algunos defectos, uno de ellos es el de opinar desde nuestro desconocimiento sobre los lejanos problemas de nuestro país de origen, los cuales nos parecen cuasi-diminutos al lado de otros problemas de verdad que sacuden a nuestro mundo. Pero también tenemos virtudes, como la de no dejarnos influenciar por nada ni por nadie. Nuestro instinto de supervivencia es demasiado fuerte como para que nos adoctrinen con fronteras inexistentes creadas por políticos incompetentes…, y aquella catalana expatriada en aquella isla-planeta del Sur de la China, a miles de kilómetros de su Girona natal rodeada de uvas y esteladas, tuvo la mala suerte de conocer a un gallego venido de una lejana Compostela, rodeada también de uvas de Albariño en un campo de estrellas.

Y digo mala suerte porque los celtas somos gente tranquila, de ese tipo de personas que gustan de las cosas sencillas, como las fiestas populares y hablar con los amigos de trivialidades por el simple hecho de que acabamos riéndonos de nosotros mismos, que es nuestra mayor virtud. Hasta en aquel Gran Imperio Español donde nunca se ponía el Sol, a los Españoles les acabaron llamando Gallegos, y así hasta el día de hoy…, algo haríamos.

La cuestión es que a mi catalana le encantaba hablar de política, independentista light convincente y con mucho seny…, pero en el Noroeste atlántico de la península ibérica pasamos un poco de estos temas, básicamente porque somos muy pocos y nuestra máxima aspiración es que algún día Portugal se una a nuestras cuatro grandes provincias… Aquel gran Imperio Español del Siglo XVIII se va iba a quedar pequeño en comparación a esa nueva confederación Luso-Galaica de ficción con el que yo no paraba de trolear a la ampurdesa.

La de Girona se divertía con mis teorías de conspiración celtas contra la Armada Española, la verdad es que esa era mi estrategia cuando empezaba a machacarme con su eje del Mal Castellano… Básicamente yo solo le hacía reír, tomándome la política como lo que es, la más importante de las cosas menos importantes.

Cataluña y España, perdón, Cataluña y el resto de España, tienen en los últimos años un gran problema… yo lo llamo falta de sexo.

Así es como terminaban nuestras pequeñas discusiones políticas sin importancia recorriendo las oscuras calles de Wanchai, con un revolcón a las orillas del Mar de la China…, y esto lo considero un axioma, una proposición tan evidente que no necesita demostración.

Finalmente mi ex y yo rompimos, eso sí, lo hicimos con una sonrisa y bombas de palenque, creo que la metáfora explosiva se entiende perfectamente, las cuales se extendieron hasta bien entrada la madrugada como las verbenas populares de Girona y Compostela… Aún recuerdo su última frase antes de alejarse con su sonrisa del Ampurdán: Bueno, Pos Molt Bé, pues Adiós

Volvimos a quedar una semana después, los fuegos artificiales eran demasiados buenos como para dejar aquellas fiestas patronales que duraban siete noches a la semana, así como compartir la nevera, un carísimo alquiler y los mejores amigos del mundo, donde la globalidad del seny vencerá a fronteras virtuales dibujadas por incompetentes.

Cuando lo que te une es más importante que lo que te separa, siempre acabas volviendo… España necesita más sexo y menos política… Catalán Sex en Hong Kong.

 
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