Barcelona necesita importar talento

Ya tenemos el Mobile World Congress y oiremos a políticos decir que Barcelona es o será el Silicon Valley del sur de Europa. Y yo sonrío porque recuerdo frases muy similares en otros lugares del mundo. Recuerdo a uno de nuestros consultores en Israel que me dijo hace ya nueve años: “Tel-Aviv es el segundo Silicon Valley del mundo”, o revivo como si fuera ayer una reunión con un funcionario del ministerio de educación ruso en la embajada americana en Moscú hace 5 años asegurándome que “en Skolkovo estamos creando el Silicon Valley ruso”, o todavía me viene a la memoria una rueda de prensa en 2004 en el Rincón de la Victoria donde un cargo político de la Consejería de Trabajo de la Junta de Andalucía proclamaba que “Andalucía tiene su Silicon Valley en la costa de Málaga”.

Pues bien, Barcelona puede ser un Silicon Valley si cumple con los siguientes seis elementos que los californianos tardaron más de 50 años en conseguir (de 1917 a 1971): industria, conocimiento, inversión pública, capital riesgo, mercado global y talento.

La industria tecnológica -primer elemento- en el Silicon Valley empezó hace 100 años. Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial en 1917 y la flota americana del puerto de San Francisco incorporó el primer sistema de comunicación por radio de cobertura mundial, gracias a la tecnología creada por la Federal Telegraph Corporation en Palo Alto. Este avance tecnológico fue vital para la comunicación entre los barcos de guerra americanos que debían sortear a los submarinos alemanes.

La Federal Telegraph Corporation fue creada por Cyril Elwell, graduado de la Universidad de Stanford. El conocimiento -segundo elemento- que emana de esta entidad educativa ha sido vital, pero especialmente tras la creación del Stanford Industrial Park en 1951, que permitió la creación de nuevas empresas innovadoras.

Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos empezó una carrera armamentística y espacial con la URSS que acabó tras la caída del muro de Berlín. Durante ese tiempo, la inversión pública -tercer elemento- del gobierno federal norteamericano fue continua para impulsar la innovación en comunicaciones y armamento.

Una vez Neil Armstrong llegó a la Luna y Estados Unidos había ganado la carrera espacial, la inversión pública disminuyó. En su lugar, a principios de los años 70, apareció una nueva industria de capital riesgo -cuarto elemento- que trasladó la innovación espacial a productos de consumo para un mercado global -quinto elemento-.

Y finalmente, el sexto elemento fue disponer de talento de todo el mundo, y se consiguió gracias a la Hart-Celler Act de 1965. Este es el nombre con el que se conoce a la ley que abolió el sistema de cuotas por países para la entrada de inmigrantes en Estados Unidos. La nueva ley dividía por categorías la entrega de visados y permitió a las empresas ubicadas en el Silicon Valley atraer a personal talentoso y altamente cualificado. Por esta razón, estas empresas han reaccionado contra Donald Trump y sus leyes de inmigración.

Barcelona tiene que seguir trabajando en todos estos elementos; pero ahora es especialmente relevante el sexto: el talento. Están emergiendo políticas restrictivas con la inmigración en Estados Unidos, Reino Unido y posiblemente Francia; así pues, es la gran oportunidad para atraer el talento de todo el mundo a Barcelona aprovechando el gran escaparate del Mobile World Congress. Hay que facilitar la entrada del talento, venga de donde venga

 
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