Angel Mª Villar: Estos son mis poderes notariales

Entró con su pinta de vecino simpático, un tipo que se tomaría unas cañas en el bar de la esquina del barrio, y quizá también pagaría las bebidas a algunos recién conocidos para reforzar el nuevo vínculo. Nada que ver con un pobre paga-fantas, él era un especialista en contactos, un verdadero networker. El excelentísimo señor presidente de la federación futbolera española franqueó la puerta de doble blindaje de la Embajada de España y me dijo sonriendo: “Sabe quién soy, ¿verdad?”

Cómo no lo iba a saber, después de haber currado varios años en un diario de deportes cuyas ventas subían y bajaban dependiendo de los éxitos del deporte dios. Él era el presidente del deporte dios. Y punto. Y el presidente dios pidió entrevistarse con el jefe de la misión, no traía cita, pero él con su talla no necesitaría llamar antes, ¿verdad?: “Traigo unos poderes notariales que me urge firmar”, me dijo. Ay, mi madre, pensé yo, que a mí me da que esto no es bueno. “Espere un momento, porque quizá el señor Embajador ha salido. Voy a comprobar”, se me ocurrió. Me llevaron las piernas levitando por el pasillo y me encontré con el jefe a mitad de camino. “¿Se encuentra usted bien?”, me preguntó con los ojos muy abiertos. “Sí, es que este señor quiere verle”, contesté. Al jefe, que no estaba muy versado en fútbol, pareció no sonarle el nombre: “¿Y quién es?”. Se lo expliqué, pero no le impresionó, igual que tampoco supo en otra ocasión quién era el tal Josep Guardiola que enviaba su inscripción de residente desde Qatar. Lo que le puso los pelos de punta fueron los papeles notariales: “¿Poderes, ha dicho usted?, diga que le abran que le voy a saludar”.

Así que el presidente dios entró, ataviado con su pantalón de chándal, un polo con el escudo de la selección y la tarjeta de participante en el campeonato sub 20 que se celebraba aquellos días en Emiratos. Saludó jovialmente al Embajador, que le salió al encuentro para una escena de saludos digna de una cita en el G20, y enseguida le expuso el tema camino del despacho. Poco tiempo debieron sentarse juntos. El jefe le acompañó a la salida mientras repetía la misma letanía, en ese tono alto tan español para asegurarnos de que lo que decimos es verdad, aunque sólo lo sea al 50 por ciento: “Pues de veras que lo siento, pero el cónsul se encarga de estas cosas y desgraciadamente está fuera”.

La anécdota terminó ahí y ahora comienza la pesadilla. La Guardia Civil lleva a cabo estos días varias investigaciones en la sede del deporte dios y en la casa del presidente dios. No encontrarán ninguno de los poderes notariales que pedía el presidente porque, como la ley marca, sólo los ciudadanos con residencia legal en el extranjero pueden acudir a las embajadas y otorgar poderes notariales válidos en España. Vino a marcarse un gol y se llevó una tarjeta roja. 

 
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