Ahorro 2018, la normalización del BCE

“¿Se imagina a toda una generación creciendo sin saber qué significa el interés por el dinero? La cultura del ahorro amenaza con socavarse”. Estas palabras corresponden a Yves Mersch, miembro del Consejo Ejecutivo del BCE, en una entrevista concedida al diario alemán Börsen-Zeitung.

Dicen que nunca es tarde y, sin duda, estas palabras son tan esperadas como agradecidas. Desde que el BCE decidiera implementar su nada ortodoxa política monetaria mediante la suma de una política monetaria de tipos cero (incluso negativos en algunos tramos de la curva) y su intervención en los mercados mediante los programas de compra de activos, somos muchos los que alertamos acerca de las nefastas consecuencias que tendría para el ahorro y la concepción del riesgo.

Las voces más críticas se han oído desde Alemania en donde, cabe recordar, no sólo el Bundestag ha mostrado su rechazo ante las políticas de Draghi. También algunos ejecutivos alemanes demandaron al Banco Central Europeo (BCE) y sus políticas monetarias ante el Tribunal Constitucional del país teutón ante la “pesadilla” de dichas políticas.

Como recuerda Carmen M. Reinhart, el BCE debe hacer frente a la creciente presión por parte de Alemania por una estrategia más agresiva para la normalización, y debe evitar confiar demasiado en la durabilidad y el alcance de la recuperación en desarrollo.

En esta línea se pronuncia Mersch en su entrevista en la que advierte “contra la salida tardía y demasiado lenta de la política monetaria ultraflexible en la zona del euro” pues las “las tasas de interés cero y negativas puedan afectar negativamente el comportamiento de ahorro”, como ya lo están haciendo.

Para equilibrar la balanza por el lado positivo de las políticas monetarias llevadas a cabo, no sólo por el BCE, sino por los principales bancos centrales, como señala Mohamed El-Erian, las “grandes inyecciones de liquidez continuas de tres bancos centrales importantes – el Banco de Japón (BJ), el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco Popular de China (BPC) – que, combinadas con abundancia de efectivo en los balances corporativos, redujeron el costo de financiación de muchas familias y corporaciones”.

Recordemos que “en una sociedad endeudada, la ayuda para endeudados gana a la ayuda para ahorradores” (Código Rojo, de Jonathan Tepper & John Mauldin).

En 2018 todo parece indicar que la parte de la política monetaria llegará a su fin. El programa de compras mensuales se reducirá a partir de enero a 30.000 millones de euros mensuales (recordemos que hasta marzo de 2017 era de 80.000 millones y que a partir de abril ya se redujo a 60.000 millones). Como señala José Manuel Garayoa, “un preludio antes de poner fin al régimen de tipos de interés negativos”. Si le sumamos las palabras de Mersch parece que todo está alineado en este sentido. Que los miembros del BCE muestren públicamente su inquietud es buena señal.

Como he introducido anteriormente, los riesgos de estas políticas no se encuentran solo en el ahorro, sino también en la concepción del riesgo. De un lado, los ahorradores deben acudir a activos de mayor riesgo para poder dar interés a su dinero (a riesgo, valga la redundancia, de perder su dinero). De otro lado, la consecuencia de la compra de activos por parte de los distintos bancos centrales son las burbujas que crea en los precios de los mismos, lo cual añade mayor volatilidad a la toma de decisiones.

Como recuerda el gestor Marc Garrigasait, “en este entorno de apalancamiento estimulado por los hombres más poderosos del mundo, sus banqueros centrales, los riesgos financieros son cada vez mayores y el dinero poco a poco acaba fluyendo también hacia todo tipo de activos como la renta variable o en el mercado inmobiliario”.

En los próximos decenios, advierte Garrigasait, veremos sin duda episodios de fuertes crisis financieras o de liquidez que aparecen por sorpresa y volatilizarán el ahorro invertido en activos financieros no sustentados por ningún activo real.

En este contexto podemos optar por dos caminos para nuestros ahorros e inversiones en 2018: El primero, es seguir la línea que constantemente recuerda Martín Huete, “invertir el 80% en instrumentos de gestión pasiva mediante un “asset allocation” muy global, periodificar mensualmente las compras para no ir de “listillos” con el mercado ¡compra el mundo y disfruta la vida! Así de sencillo, así de aburrido y así de eficaz”. 

La segunda manera, más quirúrgica si se quiere, es la que propone Garrigasait: “cada uno de nosotros deberíamos analizar nuestra cartera, nuestros ahorros, nuestro patrimonio y el de nuestra familia para calcular qué porcentaje de nuestros ahorros totales son activos financieros o activos reales. Debemos mirar nuestros fondos de inversión, de pensiones, acciones, bonos o depósitos bancarios, así como los activos reales que tengamos como inmuebles, terrenos agrícolas, oro y plata o diamantes. Mi claro consejo es que debemos aumentar el porcentaje invertido en activos reales y disminuir el de activos financieros”.

En la correcta planificación financiera, ambas son necesarias. Eso sí, hagáis lo que hagáis, disfrutad la vida. Feliz 2018.

 
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