Turismofobia o la inquietud ante el sino de la economía colaborativa

El incremento cuantitativo del turismo ha incrementado el malestar entre los residentes en zonas turísticas

Un turista toma una autofoto en las Ramblas de Barcelona, junto a visitantes con maletas.

Un turista toma una autofoto en las Ramblas de Barcelona, junto a visitantes con maletas. - EFE

Recientemente Exceltur ha celebrado una Jornada sobre “Cómo gestionar sosteniblemente el éxito turístico de las ciudades españolas”, en la que han participado numerosos representantes empresariales y políticos vinculados al sector del turismo que en España supone más del 12% del P.I.B y en su ámbito urbano, en ciudades como Madrid, 9.000.000 de turistas en el último año.

Datos del crecimiento del turismo

Turismo urbano-cultural, congresual, de grandes eventos, en el que la turismofobia parece abrirse paso de mano en parte de una economía colaborativa que ha hecho incrementarse en un 16335% las plazas de alojamiento en viviendas, frente al 20% en establecimientos hosteleros.

Con ese incremento cuantitativo también se ha elevado el  grado de malestar de una ciudadanía que ve peligrar su habitabilidad ante la amenaza de una nada sostenible visitabilidad en la  que todo vale: alojamientos i/alegales sin ninguna garantía para el cliente en materia de seguridad y calidad; pérdida de la esencia del lugar, masificación incontrolada, contaminación del paisaje y, desde luego, saturación del paisanaje convertida en turismofobia.

Turismofobia, cada vez más creciente en ciudades como Barcelona donde el 50% de los alojamientos no hoteleros se hallan en su casco histórico suponiendo, además de economía claramente sumergida, una pérdida de su calidad tanto habitable como visitable.

Los fondos de inversión en turismo

Son fondos de inversión los que están comprando centenares de pisos para destinarlos a alojamientos. Son empresas de cruceros del todo incluído las que en tantos casos se están llevando los turistas al agua dejando en las ciudades sus basuras y apenas ingresos económicos. Son tasas turísticas indiscriminadas. Son trabas de la burocracia -mejor decir burrocracia- que en ciudades como Barcelona han impedido a lo largo de dos años la apertura de un nuevo establecimiento hotelero pese a cumplir con toda la normativa. Son causas para esa turismofobia respecto a la que los profesionales del  turismo imploran ¡ayúdennos a proteger lo  que tanto nos ha costado construir !

De ahí que de cara a buscar la sostenibilidad turística que supone evitar la actual turismofobia de algunas ciudades que han visto convertirse esta industria de deseable en reprobable , ayuntamientos como el de Madrid tengan previsto evitar la creación de plazas de alojamiento en edificios de viviendas de uso doméstico, salvo que dicho alojamiento sea de uso compartido con la familia propietaria. Sí, en cambio, se autorizará la reutilización como alojamiento turístico de edificios antes dedicados a actividad empresarial.

A nivel estatal, Exceltur ha promovido el estudio Urbantur 2016 como monitor de competitividad turística de 22 destinos urbanos españoles -Barcelona, Madrid, Valencia, San Sebastián, Málaga, Sevilla, Palma de Mallorca, Bilbao, Santiago, Gijón, Las Palmas, Valladolid, Zaragoza, Córdoba, Santander, Granada, Salamanca, Alicante, Murcia, La Coruña, Burgos y León- que tienen por reto aspirar al mejor posicionamiento pensando, además,  en su efecto multiplicador.

Teniendo en cuenta las previsiones que indican que en 2050 se duplicará la población urbana en las grandes ciudades, el reto turístico no puede ser el de competir en volumen haciendo de esta una industria reprobable en lugar de deseable.