Quien sea de buen comer y pueda perderse en el interior de Galicia sabe que uno o dos días al mes siempre hay una Feria en su Concello. Sea en el caluroso verano o en el frío invierno, diversos entoldados permitirán disfrutar de uno de los mayores y más conocidos manjares gallegos, “el pulpo a Feira”.

La tradición del 'Pulpo a Feira'

Es un tradición que se pierde en el tiempo. El pulpo era uno de los alimentos del mar más extendidos en el interior. Su capacidad de conservación y la necesidad de secado para su consumo permitía extender durante largas jornadas su consumo. Las ferias de ganado eran el lugar donde los aldeanos se juntaban en largas mesas para degustarlo. El pimentón rojo, el aceite y la sal eran su complemento ideal sobre unos platos de madera que aún se conservan.

Rio Miño en interior de Galicia

'Las pulpeiras', en su mayoría mujeres, son una de las partes del negocio. Quien monta el entoldado, sirve el pan, el vino, y la mesa funcionan de forma paralela. Son dos negocios que aún compartiendo el mismo espacio cabalgan de forma separada. Recuerde siempre pagar a uno y otro de forma independiente. Pero el pulpo es la estrella. Sus hadas, esas mujeres que lo cuecen en grandes olla de cobre. Ellas, desde primera hora, cocinan arte.

Cada kilo de pulpo permite servir sobre 2 y 2,5 raciones. El pulpo no es barato. Un mínimo de 18 euros el kilo con una ración vendida, puede diferir en alguna zona, de 8 euros. Es decir, un escaso margen para una labor tan silenciosa. Las Ferias en verano compensan el arduo trabajo, las ferias en los días duros de invierno apenas permiten servir en algunos lugares 60-80 raciones a poco más de 2 euros de margen por kilo. Hagan los lectores sus propios números.

El turismo en la Galicia interior

Degustamos el otro día unas raciones de pulpo en uno de esos Concellos interiores de Galicia. Esos de población menguante, media de edad superior a los 70, ingresos reducidos a la pensión. Eran los de siempre, eran pocos. Insistimos eran los de siempre, los de cada mes. Aquellos que viven el pulpo como el lugar de contacto. El pulpo como el hecho social que les hace acercarse a la capital en una jornada tradicional. Mesas largas medio vacías, apenas 60 raciones servidas en cada uno de los 4 puestos.

Mapa de Galicia con sus montañas / Mapasmurales.es

El 'Pulpo a Feira' no es ya un negocio, es una tradición. Y como tal debe ser protegida. 'La pulpeira' sentada a nuestra mesa explicaba mientras estaba atenta al servicio los malos tiempos que se auguraban. En muchos lugares la presencia del 'Pulpo a Feira' una vez al mes es una decisión casi personal, casi de orgullo. Ya no hay margen, sino pérdidas. Su desaparición está más cerca de lo que nunca se pudo pensar. En unos tiempos donde la economía brota en los lugares más insospechados, donde la brecha tecnológica diferencia un territorio de otro, el pulpo es de los pocos espacios sociales donde las distancias se acortan. Donde la gente se reúne, donde lo rural vuelve a ser social.

Las tradiciones hay que conservarlas. El pulpo no debe morir, 'las pulpeiras' deben ser ayudadas. No con el espíritu de hacerlas rehenes del pasado, sino con la voluntad de generar unas expectativas alrededor de las cuales pueda forjarse una satisfacción social de conciencia de una comunidad, aún siendo pequeña, y como lugar de encuentro de lo que nunca volverá a ser. A veces somos tan ricos, tan privilegiados, que olvidamos que la realidad camina a un ritmo diferente al que creemos.

Las tradiciones como forma de turismo y riqueza

Olvidamos que el turismo genera, en muchos casos, negocios puntuales. Pero la función de algunas actividades es tan simple como estructurar y cohesionar un territorio en declive. El interior de Galicia muere. Los años pasan. La tecnología es un pequeño sol necesario pero, al tiempo, intrascendente para muchas generaciones. Allí donde el calendario pasa, donde los días y las semanas se hacen largas, donde el invierno oscurece cualquier otro sentimiento más alla del campo, es imprescindible proteger ese día, esos días, de placer.

Un país que protege el cine, que protege el teatro, que ayuda a iniciativas casi individuales, no debe olvidar esas tradiciones centenarias convertidas en centros de la comunicación rural. El verano, las vacaciones, son el tiempo de las cifras. Pero en aquellos lugares que día a día envejecen deben protegerse también los espacios de la comunicación. Aquellos donde el pulpo no es un negocio, sino una tradición que debe sobrevivir durante años.