La renta básica universal, los robots y el botón de la muerte

La renta básica universal recobra vigencia en el Foro Económico Mundial como respuesta a la creciente importancia de la inteligencia artificial en el sistema laboral

Lluvia de dinero / Pixabay

Lluvia de dinero / Pixabay

No hay mejor metáfora del ser humano que la que podemos extraer del advenimiento de la robotización y de la inteligencia artificial a nuestras vidas. El ser humano, ávido de dioses, siempre ha sentido la imperiosa necesidad de encontrar demonios en sus creaciones. A la falta de propuestas en educación y en el mercado laboral, aquellos que viven de lo público responden que ante la inserción de los robots en el mercado laboral debe responderse mediante un salario universal a los ciudadanos (ya no es que no trabajen sino que es mejor que ni lo intenten), y el botón del juicio final que permita "matar" a un robot en caso que este se vuelva contra su creador. Lo dicho, una vez más repetimos nuestra historia y esto ya dice poco de nosotros.

Sobre lo que la llamada cuarta revolución industrial significa y va a significar, hemos escrito mucho en Ecoonomia y seguiremos en este camino pues es una historia de descubrimientos y de reencuentros. Lo primero con la tecnología y lo segundo con el lado humano del ser. El debate sobre la idoneidad de la renta básica universal para sofocar el momento inicial de la rebelión de los robots en el mercado laboral lo inició, también en este medio, nuestro columnista Marc Vidal en un artículo cuyo título ya es una declaración en sí misma: "La Renta Mínima Universal no es ni de derechas ni de izquierdas. Es inevitable".

El miedo como primera respuesta

El debate se ha iniciado esta semana durante una de las jornadas del Foro Económico Mundial que se está celebrando en Davos, y a cuyo coloquio pueden acceder mediante este enlace. La inacción de nuestros distintos gobiernos ha inhabilitado a la sociedad cuando las cosas se han torcido, es decir, cuando la crisis ha surgido. El paro ha crecido y la emigración no ha sido la que debiera por la imposibilidad de encontrar un trabajo acorde al talento que demostramos en nuestros país para la realización de nuestros distintos trabajos debido, principalmente, a la barrera idiomática. No hablemos ya si hemos de añadir otras lenguas como el francés o el alemán. 

Y en esto, los robots no han tenido nada que ver y en el inmediato futuro sí lo solventarán y, por supuesto, por nuestra apatía, también nos suplirán. Un informe publicado durante la celebración del foro desvela qué trabajos van a ser más demandados en el futuro (año 2020) y cuáles no lo van a ser, en gran medida, porque van a ser sustituidos por los automatismos.

Los trabajos más y menos demandados en el futuro : WEF

Es decir, según dicho informe trabajo sí que habrá y mucho. Otra cosa muy distinta es si estamos o no preparados para realizarlo. La llamada flexibilización laboral no afecta sólo a los contratos sino también a la mano de obra, que debe de estar preparada para acometer diversas responsabilidades y resolver diferentes problemas. La especialización es múltiple y ese será nuestro valor añadido. En este sentido, Alexander De Croo, primer ministro belga y responsable de desarrollo y telecomunicaciones en ese país, da con la clave de todo el asunto al afirmar que "Lo que tenemos es la ansiedad acerca de un mundo que está cambiando". El ser humano, como siempre ante cualquier evento de cambio, reacciona con miedo y, en este caso, el miedo es a no tener valor para las soluciones que el mundo reclama.

La renta básica como somnífero...

El filósofo Michael Sandel, en otra sesión en el mismo foro, señala que la renta básica universal sería una forma de compensación para aquellos cuyas habilidades se están quedando obsoletas debido a la revolución digital pues "Esencialmente estaría diciendo: 'Vamos a pagarte a cambio de que aceptes que estás en un mundo en el que realmente no se requiere su contribución al bien común, y lo que hagas con tu tiempo es sólo asunto tuyo". Como bien afirmó a continuación, esto es una concepción completamente corrosiva para el ser pues el trabajo no es sólo el dinero que generas sino, y sobre todo, el valor que aportas a la sociedad.
 
Un día después del foro, y en el mismo sentido, el Comité de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo ha aprobado un informe en el que se expone la necesidad de establecer esa renta mínima universal, una vez más, por el auge de los automatismos y la inteligencia artificial como fuerza laboral. Nada de aprovechar las bondades de la economía colaborativa y las oportunidades de rentabilizar cualquier desplazamiento que hagamos. Nada de ahondar en la necesaria revolución que los sistemas educativos requieren para afrontar el mundo que nosotros mismos hemos creado. Nada de reforzar el sistema laboral con nuevas competencias o con programas que permitan adquirir nuevas. Asumamos que no valdremos, rentabilicemos nuestro existir con un ingreso universal y limitémonos a hacer de nuestras vidas un paseo hacia la nada.
 
En el informe podemos encontrar afirmaciones como que nos hemos de preparar para los próximos 10 años. Una vez una llamada a la acción que nace del miedo y en boca de quienes nos representan. Seguramente porque sus trabajos serán los primeros que la inteligencia artificial podrá desempeñar, como mínimo, con igual éxito. Un miedo que está sirviendo para que los movimientos populistas crezcan en ambos extremos ideológicos políticos, alimentando la ansiedad por el trabajo y la calidad de vida.

O como tabla de salvación para los excluidos

La renta mínima universal debe servir sólo para aquellos que están excluidos socialmente durante el tiempo necesario hasta que consigan valerse por sí mismos. El café para todos siempre trae desequilibrios y obvía estados de necesidad reales. ¿Cómo se financia? ¿En base a impuestos? ¿Pero quién va a a trabajar si ya tenemos lo mínimo para vivir? ¿Harán como las pensiones y lo computarán como ingresos del trabajo? Si es así, estaremos en la mismas pues la presión fiscal que tenemos, al menos en nuestros país, es completamente confiscadora y quita disponible del bolsillo de los ciudadanos. Los debates son otros. Exijamos que los hagan y no dejemos que nos distraigan con sus miedos.

Nuestro dinero, nuestro talento, nuestra solidaridad debe tener como objetivo mejorar la vida de los más desfavorecidos y ayudar a erradicar la exclusión social. Más allá de esto hemos de poner nuestro talento al servicio del continuo aprendizaje.
 
En Europa hemos ido un paso más allá al proponer, en dicho informe, que los robots tengan, incorporen, un "botón de la muerte" para evitar que se vuelvan contra nosotros. Demasiadas películas. Demasiado análisis de titulares. Menos mal que dentro de poco podremos vivir en Marte.
 
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