La deuda de Italia destapa el proteccionismo de Europa

Italia debe solventar su problema de deuda que se eleva a los 400.000 millones de euros

Giuseppe Conte, nuevo presidente del Gobierno de Italia / EFE

Giuseppe Conte, nuevo presidente del Gobierno de Italia / EFE

Hemos vuelto a pasar semanas de confusión en los principales mercados bursátiles, la volatilidad volvió, propiciada en parte, por la inestabilidad política vivida en España y, en mayor medida, por la exsitente en Italia.

La tormenta perfecta en Italia

Corrieron ríos de tinta que se apresuraban a explicarnos la tormenta perfecta que se vive en el país transalpino: al populismo de su nuevo gobierno, se añadía su euroescepticismo (que, de nuevo, debilita la idea de Europa) y la enorme deuda que el país sostiene. Entre otras magnitudes que hoy marcan su economía destacamos que el PIB per cápita de Italia en 2018 es alrededor de 8% inferior al nivel de 2007 y las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2023 indican que en aquel año Italia todavía no habrá compensado totalmente la pérdida acumulada de producción de la década que pasó. Al comienzo de la crisis, la economía italiana soportaba una deuda equivalente al102% de su PIB y desde 2013 parece haberse estabilizado en cerca del 130% del PIB. 

La economista y profesora Carmen M. Reinhart en un magnífico artículo nos recuerda que "al evaluar el riesgo soberano de Italia, a la deuda pública general hay que sumarle la deuda del banco central (saldos en el sistema TARGET2). Los últimos datos disponibles (hasta marzo) muestran que esos saldos agregan un 26% al cociente deuda pública/PIB. Muchos inversores están deshaciéndose de activos italianos, y la fuga de capitales que indican los datos más recientes aparecerá inevitablemente como un agujero todavía más grande en TARGET2". Es una deuda, concluye, que "no se puede diluir con inflación". O se devuelve o se reestructura.

Las propuestas de la retórica populista hacen pensar en que lejos de disminuir, el problema de deuda se va cronificar. Ver en la introducción de una cuasimoneda o pagarés de pequeña denominació y no la deuda del Banco de Italia, sólo puede acrecentar la situación. Obviamente, esos nuevos recursos no irían destinados a pagar a los acreedores ni a evitar la fuga de capitales, probablemente servirían para financiar ambiciosos planes de gasto y provocar así un déficit fiscal mayor.

El proteccionismo de Europa y el sentido de la responsabilidad

Desde Bruselas llevan meses alertando del horror de los populismos y de los efectos desastrosos que su proteccionismo producen en las sociedades en los que se instalan. Sin embargo, los hechos son diferentes a las palabras. Así, el pasado 2 de junio anunciaban la creación del llamado "instrumento de solidaridad presupuestaria", préstamo de 30.000 millones, cuyo objetivo es evitar que una crisis coyuntural condene a los países a la insolvencia o al rescate. 

Seguramente, el natural propósito es evitar el efecto contagio y anestesiar al mercado para que el virus no se propague. Los efectos que las anestesias financieras producen, las hemso vivido en los últimos años con las intervenciones de los bancos centrales en las economías y los mercados. Olaf Scholz, ministro alemán de Finanzas, ha declarado que “corresponde a los países de Europa asumir la responsabilidad de sus propios problemas” y que, por lo tanto, "corresponde a Italia lidiar con su deuda". Confundir la solidaridad con la responsabilidad es un acto claro de proteccionismo.

Como bien ha señala Iganzio Visco, gobernador del Banco de Italia, "para consolidar los resultados alcanzados, lograr un mayor progreso y reducir las debilidades estructurales, hay que seguir adelante con la agenda de reformas" pues, de otra forma, "estamos a pocos pasos de perder un activo irreemplazable como es la confianza".

El sentido de Europa no puede estar sólo en tapar agujeros, debería haber un proyecto mayor.

 
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