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El directivo del Barça Xavier Vilajoana / CG

Xavier Vilajoana: los edificios, la teoría de juegos y la inmortalidad de Messi

Es el directivo del Barça que más balón ha tocado, tiene empresa propia, varios títulos académicos y vive por y para el club

7 min

Habla el idioma del fútbol. Tiene un PDG del IESE, pero estudió Humanidades y eso lo explica todo. ¿Quién mejor para entender un amago que un humanista? El delantero letal es un antropólogo inocente que trata de reventar los nervios del contrario casi sin saberlo; actúa por compulsión; es un motor autónomo que cuando toca la pelota más allá de la línea de medios se transforma y, a partir de aquel momento, todo su mundo se reduce a cómo llegar a la portería contraria sin que sus contrincantes adviertan sus próximos movimientos.

Nos cuentan que Xavier Vilajoana de juvenil en el Barça era exactamente así y que, de haber insistido, se hubiese vestido de corto con los mayores y después quizá con los mayúsculos. Pero alguien de su entorno más cercano le contó la verdad del cuento de la lechera de los jóvenes futbolistas: “Tienes una oportunidad entre un millón de que te toque la rifa de un gran equipo, pero, si bajas un peldaño, uno solo, acabarás bajando muchos más”. Es la ley del deporte súper profesional.

Metódico

Vilajoana es un hombre aplicado. Ha estudiado cuatro carreras y va por la quinta, Ingeniería Informática. Cuando habla de fútbol introduce elementos de la teoría de juegos: “El fútbol es un mundo de muchas variables y el caos puede aumentar según el número de variables. En el Barça, hoy tienes una variable controlada y mañana no. Complicado, sí. Pero trabajando, yendo de cara y siendo honesto tienes mucho ganado”.

Él se ocupa de los equipos cadetes y jóvenes, pero piensa como un coach de división de honor. Su labor en el club depende del vicepresidente deportivo, Jordi Mestre, la diestra de dios, Bartomeu. El hotelero, que también es hombre de currículum académico, valora a la gente con metodología. Y quizá, más allá de la apariencia, no sea lo más indicado para el mundo del fútbol, un universo caótico que se rige por la sorpresa y la invención en el último momento. Pero es así.

El más futbolero

Nacido en Barcelona (2 de enero de 1973 y socio 35.916). Ingeniero industrial, diplomado en Ciencias Empresariales, licenciado en Administración y Dirección de Empresas, licenciado en Humanidades y PDG por IESE. Jugó en el Barça: Juvenil, Sub-19 y Barça C entre 1991 y 1994. Con L’Hospitalet (1994-96) y con la Gramenet (1996-97) en Segunda B. Con el primer equipo del Barça de fútbol sala cuatro temporadas (1997-2001). Dirige su propia empresa de construcción. Es muy de largo el directivo que más balón ha tocado.

Formado en el fútbol, base entró de lleno en el fútbol sala, una especialidad para jóvenes que saben comprimir el juego, pero también para veteranos con menos fondo pero la misma clase que el día que empezaron. Se ha llegado a decir que el sala será un día el escenario de Messi y de otros talentosos capaces de cuidarse y seguir haciendo deporte de altura. ¿Se imaginan poder ver a Messi en una cancha cerrada, 15 años más, después de su retiro? Es como creer en la inmortalidad del toque.

De Laporta a Rosell

Vilajoana fue miembro de la comisión deportiva en 2003, en la junta mítica de Joan Laporta. Lo dejó en 2005, la primera gran crisis de aquella directiva, y volvió con Sandro Rosell en 2010. Se adentró entonces en la sesión del sala con su amigo Miquel Sambola y, claro, es un miembro de todo derecho de la junta actual por sus conocimientos.

Vilajoana tiene una vida profesional plena. Posee empresa propia; está en el sector inmobiliario y desempeña el cargo de vicepresidente de la Asociación de Promotores y Constructores de Cataluña, que preside Enric Reyna, otro hombre de fútbol. Reyna presidió el FC Barcelona en una etapa interina entre la junta de Joan Gaspart y la renovación de la junta de Laporta, que llegó al club en verano de 2003.

Hombre de club

Es, en síntesis, la continuidad sectorial de los constructores en la junta del Barça, que llegaron a ser un lobby de enorme poder en la etapa de Josep Lluís Núñez. Pero Vilajoana tiene un toque siglo XXI, muy distanciado de los dueños del ladrillo que hicieron grandes fortunas, como miembros del cartel catalán, y que señorearon el palco del Camp Nou desde la oscura pre-Transición hasta bien entrada la primera década de la actual centuria.

Vilajoana no vive en el club, pero come, respira y sufre con el club. En su taller de la Ciudad Deportiva no entra la calle. Se muestra incontaminado y una de sus concomitancias institucionales le hace ver que los destellos políticos de la entidad no deben traspasar nunca las paredes del vestuario de los más jóvenes. El suyo es el Barça neutro, que cabecea, se ejercita y manda en las instalaciones modernas, sabiendo que detrás hay un presidente que se ocupa de los valores explícitos (catalanidad), mientras él cuida los implícitos o puramente formativos.

Ha sorbido en las fuentes del futbolismo que ahora comparte con hombres como Altimira, Roura, Joan Vilà o Paco Seirulo. Aporta experiencia propia de su etapa cadete y juvenil cuando empezó a conocer el estilo gracias al gran Laureano Ruiz, una época que se prolongó después bajo la mano maestra de Johan Cruyff. Vilajoana sabe que su presidente, Josep Maria Bartomeu, le quiere en el puesto precisamente porque habla el lenguaje de la materia de la que están hechos los sueños: el fútbol.