Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
Rafa Nadal, atendido a pie de pista en la última edición del Open de Australia tras lesionarse. Los tenistas tiran de ahorros cuando se lesionan / EFE

Los tenistas tiran de ahorros cuando se lesionan

Los jugadores, cuando están de baja, solo tienen la ayuda del dinero de sus patrocinadores

6 min

El gran Rafa Nadal anda lesionado. Tres semanas fuera del circuito. Murray también se ve obligado a permanecer lejos de las pistas. Y Djokovic. En esa situación, lesionados, además del físico, los tenistas tienen que encarar otro problema: el económico. Considerados prácticamente trabajadores autónomos, cuando no pueden competir les toca vivir de los ahorros.

Hay jugadores que pueden estar meses sin jugar. Sin pisar un torneo. Sin ganar ni recibir ni un euro de nadie. Incluso los hay que, con peor suerte todavía, pueden estar años en casa. Como Pablo Andújar. Dos años y medio ha estado sin enfrentarse a nadie en competición oficial. Dos años y medio viendo los grandes torneos por la tele. Y todo ese tiempo llegando a final de mes solo con lo que había ganado hasta entonces. 

Triple operación

Andújar llegó a ser el 32 del mundo. Ganó los torneos de Gstaad y Casablanca y aquí en España alcanzó la final en el Godó (2015) y las semifinales en Madrid. Pero tres operaciones en un codo que no llega a ser el de antaño tienen la culpa de tan larga travesía en el desierto.

Pablo Andújar, en una foto de archivo / EFE

Pablo Andújar, en una foto de archivo / EFE

Tommy Robredo llegó aún más alto en el escalafón mundial: quinto mejor jugador del planeta, en 2006. Y sí que ganó una final del Godó (2004). En su caso, Robredo ha tenido que sortear lesiones en diferentes partes de su cuerpo. Las más graves, las que más tiempo lo han dejado en dique seco, codo y pie. Ocho meses y un año y medio respectivamente.

Verse desasistido

Nadie les paga nada si no juegan, excepto sus patrocinadores. Ni las federaciones. Ni la ATP. “Nadie te hace un seguro que te cubra todos tus gastos como si no estuvieras lesionado”, explica Andújar.

Y sus listas de gastos, aunque no jueguen torneos, incluyen entre otras cosas las nóminas de sus equipos (entrenador, preparador físico, fisioterapeuta). Los números de cualquier casa (luz, agua, teléfono). Y el material que no les proporcione ninguna marca (pelotas, toallas). “Toca tirar de ahorros. Lo bueno es que al no viajar no gastas tanto. Intentas gastar lo justo. Pero hay cosas que tienes que seguir pagando, como los sueldos de tu equipo, que no lo puedes tocar. Sería injusto no pagarles porque estés lesionado”, añade el tenista conquense.

Muchos gastos

Robredo se expresa parecido a la hora de pagar a su equipo: “Lesionado vas perdiendo dinero poco a poco. No compites, no ingresas. Pero todos formamos una pequeña empresa. Es tu empresa. Y tienes que asumir los gastos, juegues o no. Tienen que estar contentos contigo”. Para él, un año puede costarle a un tenista entre 60.000 y 70.000 euros, sumando nóminas, viajes, hoteles... “Lo malo es si te lesionas muy pronto, con 18 o 20 años. A esa edad es mucho más difícil sobrevivir porque aún no has acumulado ganancias como para ahorrar”, reconoce el jugador catalán.

Tommy Robredo, en el Open de Miami 2017 / EFE

Tommy Robredo, en el Open de Miami 2017 / EFE

Firman con mutuas médicas contratos adaptados a sus cuerpos y sus esfuerzos, pero no pagan cuotas mensuales muy caras que incluyen, eso sí, operaciones quirúrgicas. De lo contrario, Andújar o Robredo se habrían arruinado. No siempre son operados por sus médicos de confianza. O a veces avanzan el coste del paso por el quirófano y luego les reembolsan buena parte del gasto. Como tantas otras personas, no tienen la mutua soñada.

Ilusión por volver

¿Y volver? ¿Cuándo? ¿Por dónde empezar? Robredo afirma que "a uno le gusta estar en casa con los tuyos, pero te pueden las cosquillas por jugar. Da envidia ver torneos por la televisión. Y esa ilusión que nunca pierdes del todo por regresar es la que te ayuda a volver a ser competitivo, algo que es muy complicado”. Andújar, que hizo varios intentos en vano antes de regresar definitivamente al circuito, reconoce que “las ganas de volver puede que te nublen. Y que acabes equivocándote a la hora de elegir cuándo saltar a la pista de nuevo”. 

Ahí reside el otro gasto de una lesión. El mental. El volver. Poner fin a tantos meses en casa o en el gimnasio, sin tener a un gran rival enfrente. Sin sentir el calor del público en la grada. No se quejan, ni Robredo ni Andújar, de tener que vivir de lo ahorrado mientras cruzan el desierto de una lesión. Como cualquier otro trabajador autónomo, explican. Lo que les duele es no poder hacer aquello que tanto les gusta. Con lo que siempre soñaron. No con mutuas, quirófanos o gastos pendientes. Sino con levantar un trofeo después de una bonita e inolvidable batalla.