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La plaza de Toros de Valencia acogió los cuartos de final de la eliminatoria entre España y Alemania de Copa Davis / EFE

El tenis explota el uso de las pistas de quita y pon

A muchos torneos les sale más a cuenta las canchas provisionales que mantener una superficie

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Cada semana, los fieles seguidores al tenis viajan hasta lejanos países donde pueden seguir de cerca las evoluciones de los jugadores en diferentes terrenos, sea tierra batida, hierba o pista dura. Lo que tal vez muchos aficionados no sepan es que, en buena parte de los campeonatos, y nada más acabar la final, comienza el desmontaje de la pista donde minutos antes se han entregado los trofeos. Y todo presupuestado a unos 40.000 euros.

Ese mismo pabellón tal vez acoja un concierto, un festival o una corrida en pocos días y no hay tiempo que perder. Sucede en muchos de los 69 torneos en categoría masculina y 59 en femenina que se disputan actualmente. Y cada vez, con más citas con canchas de quita y pon, donde las ciudades ponen a disposición un pabellón, un polideportivo o incluso una plaza de toros y se contrata a una empresa para que monte y desmonte las pistas necesarias.

Buen número de ventajas

A los organizadores les sale más a cuenta (no tienen que invertir en el mantenimiento anual del terreno) y los constructores cada vez se adaptan mejor a las necesidades técnicas del evento para seguir conservando las cuotas de mercado. Si además el timing puede reducirse a diez días de montaje y tres de desmontaje, los adeptos a estas pistas no permanentes van en aumento.

La plaza de Toros de Valencia, en pleno proceso de transformación en pista de tenis / EFE

La plaza de Toros de Valencia bajo las obras de transformación a pista de tenis / EFE

Las eliminatorias de Copa Davis --celebradas en el Palau Sant Jordi, en el estadio olímpico de La Cartuja de Sevilla o, más recientemente, en la plaza de toros de Valencia-- o los torneos de Sidney, Houston, Basilea, Lisboa o la Copa Masters son buena prueba de la versatilidad de materiales, plazos y presupuestos. El Masters 1000 de Madrid, por ejemplo, comenzó a disputarse en pista dura y pasó a tierra batida y se organizaba en un pabellón multiusos como el Madrid Arena, para luego trasladarse a otro emplazamiento como la Caja Mágica (complejo que costó 294 millones de euros), que este mismo año acogerá desde un festival de cerveza artesana hasta un concierto de Vetusta Morla.

Pistas con solera

En el extremo contrario a este tipo de competiciones se encuentran los torneos con solera, que se celebran en clubes poco amigos a los cambios, como dos de los cuatro Grand Slams. De hecho, la decisión de colocar un techo retráctil fue para los mandamases de Wimbledon y Roland Garros casi una cuestión de estado. El mantenimiento de las pistas es carísimo y los jugadores, los principales interesados en que haya el mayor número de comodidades, acogen con entusiasmo los torneos más modernos, pero a la vez agradecen el ambiente familiar de algunos clubes, como el Monte-Carlo Country Club o el Foro Itálico de Roma.

El polideportivo de Basilea adaptado a superficie rápida / YOUTUBE

El polideportivo de Basilea adaptado a superficie rápida / YOUTUBE

Por último, están las pistas y torneos exclusivos de tenis durante todo el año, pero que poco antes del torneo llevan a cabo sustanciales cambios para que ATP y jugadores dispongan de lo necesario para estar a la altura de los campeonatos más vanguardistas. Es el caso del Barcelona Open Banc Sabadell-Conde de Godó.

Las 20 pistas del Real Club de Tenis Barcelona (RCTB) funcionan a pleno rendimiento durante los 365 días del año. Pero la cancha central, rebautizada como pista “Rafa Nadal”, se construye durante las cuatro semanas previas al inicio del torneo de tenis. Se contrata a tres operarios más de lo habitual, se invierte en dos toneladas extras de tierra batida y se riega entre cuatro y seis veces al día. Un esfuerzo que el RCTB realiza, a la vez que mantiene el espíritu tradicional en el resto de sus instalaciones y que hace que muchos jugadores confiesen sentirse como en casa al venir a Barcelona a jugar.

En cualquier caso, el espectador no aprecia si las pistas son permanentes o no. Agradecerá, eso sí, que las condiciones sean las óptimas y que los jugadores den el mayor de los espectáculos. Que sean de esos partidos que sí se alojan para siempre en la memoria de los aficionados.