Menú Buscar
Imagen de la presentación de la tercera edición de la Supercopa de Cataluña / FCF

La Supercopa catalana: el título que nadie quiere

El torneo, que se disputa este miércoles, vive su peor momento tras el desinterés de clubes y aficionados

9 min

Sonará Els Segadors y pocos serán los que lo oigan. Después de los titánicos enfrentamientos de la presente temporada, con la polémica de Piqué incluida y más de un reproche entre bandos, este miércoles se vive de nuevo un derbi catalán entre RCD Espanyol y FC Barcelona y es más que probable que una gran cantidad de aficionados de ambos conjuntos no lo sepan. Es más, quienes lo conozcan, presumiblemente, tampoco tendrán un gran interés en seguir el transcurso del mismo. Sin los titulares sobre el césped y encuadrada entre jornada y jornada liguera, la tercera edición de la nueva Supercopa de Cataluña ha acabado de perder todo el interés para preocupación de la Federación Catalana de Fútbol (FCF).

Este miércoles, sobre el césped del Camp d'Esports de Lleida, azulgranas y blanquiazules (18.45 horas) pugnarán por un trofeo que nadie quiere. No al menos si conlleva el mínimo riesgo de perder algún futbolista por lesión. Por ello, tanto Quique Sánchez Flores como Ernesto Valverde han reservado a sus primeros espadas sin preocuparse en exceso por cuál será el resultado del último derbi catalán de la temporada, conocedores de que la repercusión y las consecuencias serán ínfimas en relación a lo experimentado hace tan solo un mes.

El Espanyol posa con el título de la Supercopa de Cataluña 2016 / EFE

El Espanyol posa con el título de la Supercopa de Cataluña 2016 / EFE

Mientras los blanquiazules afrontan el encuentro con ocho jugadores del filial y sin Gerard Moreno, Marc Navarro, Víctor Sánchez, Óscar Duarte, Carlos Sánchez La Roca, Baptistao y David López (ni los lesionados Diego López y Sergio García), los azulgranas hacen lo propio con la aparición de 11 jugadores del B y sin la comparecencia sobre el césped de Messi, Luis Suárez, Sergio Busquets, Philippe Coutinho, Rakitic, Gerard Piqué y Jordi Alba, entre muchas otras ausencias destacadas. Ni rastro de titulares en ninguno de los bandos en una convocatoria que ya ha generado polémica tras el incumplimiento, por parte del Barça, de la normativa de la FCF que exige la aparición de un mínimo de 12 jugadores --los culés solo viajan a Lleida con ocho-- con ficha del primer equipo.

Un cambio sin éxito

Con el objetivo de reavivar la magia que en su día tuvo la Copa Cataluña, la FCF acordó en la Asamblea General Ordinaria de 2014 un cambio de formato que debía recuperar el prestigio de la competición. Acorde con las necesidades expuestas por Barça y Espanyol, que abogaban por reducir la carga de partidos vista la complejidad de un calendario que no da tregua, desde el organismo catalán se acordó que la conocida como Supercopa de Cataluña se disputaría a partido único y entre los dos equipos catalanes mejor clasificados.

Con la fecha del encuentro siempre en el aire (su carácter amistoso propicia que sea prácticamente un suplicio para los clubes encontrar acomodo para llevar a cabo el duelo), son tantos los problemas que para la disputa de la presente edición se tuvo que cambiar por segunda vez el día fijado, ya que en un primer momento se habló del 13 de diciembre, para poder complacer las exigencias de Barça y Espanyol, poco predispuestos a llevar a cabo esfuerzos por una competición en caída libre. 

Barça y Espanyol se medirán en la Supercopa de Cataluña / EFE

Barça y Espanyol se medirán en la Supercopa de Cataluña sin sus grandes estrellas / EFE

Un miércoles laborable, a las 18.45 horas, en Lleida y con la presencia de hasta 19 jugadores del filial en detrimento de más de 20 titulares son consecuencias del evidente declive del torneo y no son argumentos excesivamente alentadores para que la Supercopa catalana se revalorice y el aficionado empiece a valorarla como una competición más dentro del calendario anual futbolístico.

El futuro y el segundo equipo de Cataluña

Si en la actualidad la competición ya vive su peor momento, cuando tan solo se cumple su tercera edición, la próxima temporada las complicaciones irán en aumento. El ascenso cosechado la temporada pasada por el Girona y el aún más sorprendente excelso rendimiento que está mostrando en la presente en su estreno en Primera van a generar más de un rompecabezas en la FCF.

Según la normativa de la competición, que en el momento de su aprobación solo tenía en mente el enfrentamiento continuo entre Barça y Espanyol tras más de una década de binomio en Primera División, los dos clubes que disputarán el torneo serán los catalanes mejor clasificados en la categoría más alta. En la actualidad, con tres conjuntos catalanes en La Liga, el conflicto está servido salvo el enésimo e improbable cambio de formato.

El Girona venció al Espanyol en el duelo de la primera vuelta / EFE

El Girona venció al Espanyol en el duelo de la primera vuelta / EFE

Con los azulgranas como equipo confirmado, presumiblemente llegarán a la próxima edición como campeones de Liga y quien sabe si de Europa, el contrincante de los culés hoy por hoy debería ser el Girona, séptimo clasificado por la decimoquinta plaza que ocupa el Espanyol, un hecho que podría despertar cierto revuelo en una entidad blanquiazul que no está dispuesta a aceptar ser el tercer club de Cataluña y menos en una competición en la que, históricamente, siempre se han mostrado predispuestos a valorarla como merecía.

Ni público ni representación política

Si hace tan solo unos meses, en la fecha establecida inicialmente, la Supercopa de Cataluña habría propiciado el enésimo acto en el que muchos sectores hubieran aprovechado para hacer bandera a través del deporte catalán, en la actualidad ni la compleja situación que vive Cataluña servirá como estímulo para evitar que la competición pase sin pena ni gloria en el transcurso de la semana.

Carme Forcadell en la edición de 2016 de la Supercopa de Cataluña

Carme Forcadell en la edición de 2016 de la Supercopa de Cataluña / EFE

En el ámbito político, la ausencia de personalidades (la Generalitat no enviará a ninguna autoridad según han confirmado fuentes de la Federación Catalana a Crónica Global), pone en liza la pérdida de valor de una competición que hace tan solo unas temporadas llegó a contar con la presencia de Carme Forcadell o de Artur Mas, entre otros, evidenciando así que el declive del torneo no solo se sufre sobre el césped.