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Sergi Roberto, pensativo, tras confirmarse la derrota del Barça / EFE

Roma pone al descubierto las carencias del Barça

La pérdida de identidad, la mala gestión en los fichajes y la nula reacción de Valverde copan las críticas tras el adiós europeo

12 min

El Barça jugó con fuego y se quemó. En el volcánico Olímpico de Roma, los azulgranas especularon y se llevaron para la Ciudad Condal uno de las peores noches que se recuerdan de la historia contemporánea culé. Jugar a no jugar en Europa es sinónimo de desdicha. El equipo azulgrana lo sabía, resabiado de anteriores caídas, pero hizo caso omiso de las indicaciones de alerta que fueron aparecieron a lo largo de un encuentro que puso en liza las carencias de un equipo que solo enamora a través de sus números.

En la vuelta de los cuartos de final, el Barça perdió algo más que la eliminatoria. Se dejó la identidad. La vendió al diablo a cambio de un puñado de buenos resultados que escondían los problemas a la hora de generar juego de un equipo que hace tan solo unos años enamoraba por su estilo. Una personalidad singular y exclusiva de la que ya no queda prácticamente nada. 

Stephan El Shaarawy remata ante Ter Stegen y Semedo

Stephan El Shaarawy remata ante Ter Stegen y Semedo / EFE

La huida de Neymar y el costalazo que supuso la derrota ante el Real Madrid en la Supercopa de España fueron argumentos suficientes para que Ernesto Valverde justificase su deslealtad al 4-3-3 que tanto éxito había dado al equipo culé. Cambió, lo arrinconó, apostó por la solidez y los resultados hicieron el resto para que nadie en el Camp Nou se preguntase donde quedaba el ADN Barça o estilo que trajo Johan Cruyff. Todo valía tras una temporada en la que el equipo con Luis Enrique ya demostró no saber competir con otros registros que no fueran el culto al balón.

Con un juego sobrio, austero, y comedido, que en ocasiones acabó convirtiéndose en plomizo, el Barça de Valverde ha ido jugando con fuego a lo largo de la temporada a sabiendas que la fórmula Messi siempre salía al rescate cuando las cosas no iban bien. Si días antes fue el Leganés quien ejemplificó la distancia tan pequeña que existe en la actualidad entre ganar o perder ante los azulgranas, la Roma fue un paso más allá y dejó al desnudo las múltiples lagunas de un Barça a día de hoy poco reconocible y que tiene más de un culpable

Pérdida del estilo

En cualquier deporte, y más en el fútbol actual, perder entra dentro de las cábalas. Puede ocurrir. Pero más allá de la derrota, el Barça se traicionó en Roma. Minimizando sus virtudes, los azulgranas salieron más pendientes de reducir el daño que podía ocasionarles el rival que de intentar vencer el partido y resolver una eliminatoria que estaba de cara tras el excelso botín obtenido en la ida.

Con Messi, Busquets o Iniesta viendo como el balón iba de un lado a otro sin control, el Barça arrinconó el juego de posición y el buen trato del balón para enfrascarse en una batalla de la que nunca sale ganador. Nueve años después, los azulgranas volvieron a comparecer en el Olímpico de Roma para enterrar definitivamente lo poco que quedaba de aquel equipo de Guardiola que levantó al cielo transalpino la tercera Champions de la historia con una oda al fútbol. Este martes, el poco fútbol que hubo surgió de las botas de los futbolistas 'romanos'.

La afición señala a Valverde

Intocable hasta la fecha, Ernesto Valverde salió de Roma como uno de los grandes señalados. Sus grandes registros en su primera campaña en el Barça le habían permitido encubrir y silenciar la pérdida de un estilo que no hace tanto se veneró en el Camp Nou. Esperando como expresó en la rueda de prensa que "no pasara nada", el técnico azulgrana se marchó de Italia retratado por su inacción cuando los suyos más le necesitaban. Esperó y esperó hasta que su equipo se quedó fuera de Europa.

Ernesto Valverde observa la entrada de André Gomes al césped

Ernesto Valverde observa la entrada de André Gomes al césped / EFE

Anduvo tan preocupado por el rival, que se olvidó de que los suyos jugaran. Creyó que repitiendo la fórmula de la ida, el resultado sería el mismo. Lejos de ir a por el partido o defenderse con el balón, el Barça renunció al mismo y sufrió como pocas veces lo había hecho. No generó peligro y Ter Stegen evitó una goleada mayor. Más allá de un error de planteamiento, raquítico y de corte extremadamente defensivo, Ernesto Valverde quedó señalado por su falta de reacción. Mientras vio como la inercia del partido no acompañaba a los suyos, el 'Txingurri' esperó que Messi y compañía resolvieran por arte de magia las complicaciones que no supo solventar desde el banquillo.

Ni modificando las piezas que puso sobre el césped ni echando mano del banquillo, a falta de diez minutos entró André Gomes y cuando restaban cinco lo hicieron Dembélé y Alcácer, Valverde no supo como devolver el guante que le lanzó un bravucón Di Francesco, que volvió a ganarle la partida como hizo en 2016 cuando el Sassuolo goleó a su Athletic de Bilbao por 3-0. 

600 millones fiados a un modelo erróneo

Para entender el fracaso que supone el revés de este martes hace falta mirar más allá del césped. El Barça que despertó la admiración y la deferencia del mundo estuvo basado siempre en La Masía. Una cantera que por ahora es inexistente en el primer equipo. Olvidando este principio tan básico, en el actual modelo de club se apostó por el talonario y las temporadas pasan demostrando que dicha postura no resulta favorable. 600 millones de euros después, ocho protagonistas de la final de Champions ganada en Berlín en 2015 estuvieron sobre el césped en el descalabro de este martes en Roma. Sin grandes añadidos.

Semedo intenta zafarse de un rival

Semedo intenta zafarse de un rival / EFE

¿Y los fichajes? Mucho y mal se ha fichado para que la vieja guardia todavía sea la única capaz de liderar a este Barça. En las fotos de Berlín y Roma hay muchas similitudes. Demasiadas. Con Dembélé como gran ejemplo, Valverde se olvidó de él en la ida y en la vuelta tan solo recurrió a sus servicios cuando faltaban cinco minutos, de los André Gomes, Paco Alcácer, Paulinho, Yerry Mina, Gerard Deulofeu o Coutinho no quedó ni rastro más allá de un Semedo envalentonado que acabó arrodillado contemplando el remate de Manolas. Una icónica imagen que muestra cómo de infructuosas han resultado las inversiones en Can Barça. 

10 millones perdidos tras la derrota en Roma

Si de algo siempre ha presumido la junta de Josep Maria Bartomeu es de su buen hacer en el ámbito económico. Con un Barça que no anda sobrado a nivel financiero, la desdicha de Roma ha supuesto un nuevo revés en las arcas del club. Una partida que se daba por segura se ha esfumado. De un plumazo. En 90 minutos. No estar en semifinales de la Champions League también tiene sus consecuencias a la hora de hacer cuentas en un verano donde todo apunta que la entidad volverá a hacer una importante inversión con la llegada de Griezmann.

El premio de 7,5 millones de euros que abona la UEFA a cada semifinalista se esfumó con el tanto de Manolas a ocho minutos del final. Los cinco millones pactados con Rakuten en caso de proclamarse campeón de Europa, también. Cifras que deben sumarse a la pérdida de la venta de entradas y asientos VIP de unas semifinales en las que el rival podría haber sido todo un Real Madrid, un Bayern de Múnich o un Liverpool. Casi nada.

¿Quién ampara a Messi?

Más allá de los argumentos expuestos, transcurridas 24 horas del accidente europeo, quizá lo que más le duela al aficionado azulgrana es ver como una nueva edición de la Champions League se escapa con Leo Messi vistiendo la zamarra azulgrana. Disponer del mejor futbolista del mundo y no reinar en el viejo continente es un sacrilegio que lleva repitiéndose demasiados años en el Camp Nou. Su gol en la final del Olímpico de Roma de 2009 hizo vislumbrar un futuro triunfal para los culés. ¿Qué podía esperarse del Barça con un futbolista tan desequilibrante como el argentino de tan solo 23 años?

Con su despedida cada vez más cercana, una década después, el Barça ha malbaratado multitud de oportunidades. Sin acompañantes válidos, Messi no pudo hacer la guerra por su cuenta. Ni lo hizo ni lo hará. No sin ello. Ocho ediciones y solo dos títulos es un balance inconcebible teniendo al argentino en tus filas. En ese mismo período, el Real Madrid ha ganado ya cuatro veces el título europeo. Comparaciones odiosas que hacen todavía más desolador que los azulgranas se bajaran del tren en dirección a Kiev, ciudad que espera con ansias una final de Champions en la que, una temporada más, no estará el equipo del mejor futbolista del mundo.