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El cielo parisino supone una amenaza en el único torneo del Grand Slam que no cuenta con cubierta / ROLANDGARROS

Roland Garros se aferra a su alma libre

El torneo parisino es el único del Grand Slam que no tiene cubierta para los partidos con lluvia

6 min

Está en juego Roland Garros, el segundo y único de los cuatro Grand Slams que aún depende del buen tiempo para que los partidos se disputen. El único que, si llueve, como está sucediendo, obliga a los Nadal y compañía a refugiarse, a maldecir por la maldita lluvia y a tirar de paciencia hasta que escampe. Y es que el techo retráctil, el antídoto para el mal tiempo, todavía no ha llegado a París.

Como cualquier otro complejo deportivo, una pista de tenis puede quedar obsoleta con el paso del tiempo y toca remodelarla. O modernizarla. Es lo que hicieron en el Open de Australia, en Wimbledon y en el Open de Estados Unidos. Pero, ¿qué cuesta incorporar un techo retráctil, capaz de derrotar a la lluvia londinense o a las altas temperaturas australianas? La cifra estándar se sitúa en torno a los 150 millones de euros (cifra que invirtieron en Wimbledon o Nueva York), un presupuesto que puede variar en función de las medidas de la cubierta, ese techo capaz de aparecer y desaparecer por encima de la cabeza de los espectadores en cuestión de pocos segundos, a pesar de sus miles de kilos de peso.

Los torneos más aventajados

Los organizadores del Open de Australia, en cuanto a pistas cubiertas con techos retráctiles, son los alumnos aventajados. Tienen tres pistas donde se puede jugar llueva o haga un calor infernal, pistas inauguradas en 1998 (la central, bautizada como Rod Laver), 2001 (la pista Hisense) y hace apenas dos años remodelaron la última (la Margaret Court).

El impresionante complejo deportivo de Melbourne Park, sede del Open de Australia /

El impresionante complejo deportivo de Melbourne Park, sede del Open de Australia / AUSTRALIANOPEN

En Wimbledon, la pista central (la misma en la que nadie juega durante todo el año hasta que el vigente campeón se estrena en el torneo) dispone de su particular paraguas desde 2009. Y eso que los socios británicos del All England Club no son muy partidarios de los cambios. Pero no se podían eternizar los partidos de tenis y menos en un país de tanta puntualidad y tan dura climatología. Después de tres años de obras, la central cuenta con un techo mixto (fijo y retráctil), mientras que la cubierta de la pista uno es completamente retráctil. Han eliminado una pista y han instalado bombillas led para mejorar la visión. Una nueva imagen del torneo justo a partir de 2009, al año siguiente de la mítica final entre Nadal y Federer que fue suspendida dos veces por la lluvia y que acabó sin apenas luz. 

Por último, los espectadores que asisten al Open de Estados Unidos, último Grand Slam del año, tampoco se pierden los partidos para los que compraron sus entradas si se pone a llover. Desde 2016, el torneo cuenta con la pista central techada y tiene previsto cerrar otra pista más, la segunda en orden de importancia y número de espectadores, que estrenará el próximo agosto. Las mejoras en Nueva York han ascendido a 500 millones de euros en los últimos cinco años, ya que además de los techos se ha aumentado el número de localidades de las pistas.

Los planes parisinos

Con tanta presión por parte de las televisiones, que siempre buscan emitir en prime time y el lógico cansancio de los jugadores con tantas horas muertas esperando, es comprensible que París empiece a mover pieza. Y más cuando varios campeonatos se han visto obligados a trasladar la final al lunes, como la edición de Roland Garros 2012, algo inusual y nada práctico.

Eso sí, el proyecto del torneo parisino de unirse a los estadios cubiertos ha topado con varios obstáculos. Ni los vecinos ni los ecologistas han visto con buenos ojos la idea de las obras, que harían que las instalaciones pasen de ocupar 8,5 a 13,5 hectáreas. De hecho, hubo posibilidades de que el nuevo Roland Garros se trasladase a Versalles, Marne-La Vallée o Gonesse, pero finalmente se decidió no moverlo de Boulogne.

Empleados cubren la pista durante el partido de primera ronda entre Garbiñe Muguruza y Svetlana Kuznetsova / EFE

Empleados cubren la pista durante el partido de primera ronda entre Garbiñe Muguruza y Svetlana Kuznetsova / EFE

El coste total de la remodelación ronda los 273 millones de euros, mucho más que colocar un techo retráctil, porque los responsables del mejor torneo de tierra batida del año han decidido una obra faraónica: buscan también rejuvenecer unas instalaciones que son las más pequeñas de los cuatro majors. El proyecto, además de la cubierta, prevé una nueva pista (entre 5.000 y 8.000 localidades) y más espacio para estands y zona vip.

La seguridad, el espectáculo, el acceso para discapacitados o los grandes aforos, además de las pistas cubiertas, forman parte del deporte más moderno. Y el tenis ha decidido adaptarse a los nuevos tiempos que se avecinan. Llueva... o haga sol.