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Quique Sánchez Flores en una imagen de archivo / EFE

Quique Sánchez Flores: las tres claves de su adiós en el Espanyol

La actitud del técnico, su nula conexión con el vestuario y el desgaste del proyecto propiciaron una ruptura anunciada

7 min

En las oficinas del RCD Espanyol se encuentran indecisos y son conocedores de que se dirigen hacia un futuro incierto. Mientras no dejan de barajarse nombres y perfiles de todo dispares, por ahora nadie tiene claro quién debe ser el sustituto de Quique Sánchez Flores. Con la parroquia perica anhelando conocer quién será el encargado de liderar el nuevo proyecto y renovar las ilusiones perdidas, muchos todavía se cuestionan qué es lo que pasó con el técnico madrileño y cómo pudo dejar de ser un ídolo para convertirse en el villano de la 'película' de terror perica en tan siete meses.

Después de una primera temporada de buenas palabras y grandes resultados, que permitieron tapar algunas de las lagunas futbolísticas que un año más tarde se hicieron evidentes sobre el césped, Quique Sánchez Flores contaba con el respaldo de directiva, jugadores y aficionados. Era el elegido. Sin un fútbol vistoso ni una propuesta alentadora, la fiabilidad atrás y la pegada en ataque del equipo bastó para ganarse la veneración de un público ávido de líderes en el banquillo. Pero en su segunda campaña todo cambió.

Dos mercados que marcan el desenlace

10 de agosto de 2017. El Espanyol ha cedido ante el empuje del Nápoles en San Paolo y firma una derrota que marcaría el devenir de la temporada. Aquella noche en Italia, Quique Sánchez Flores sopesa dejar el club tras sentirse engañado en un mercado estival donde sus peticiones no llegaron y la realidad era muy distinta a lo que esperaba. "No estoy muy contento, no estoy feliz”, expresó aquella noche en tierras italianas.

Quique Sánchez Flores durante una rueda de prensa del RCD Espanyol / RCDE

Quique Sánchez Flores durante una rueda de prensa del RCD Espanyol / RCDE

Lejos de tener una mínima posibilidad de incorporar a futbolistas que sonaron con fuerza en el inicio del período de fichajes y que quedaron en nada, como Éver Banega, Mariano Díaz, Lucas Pérez o el retorno de Diego Reyes, Sánchez Flores se encontró sin las incorporaciones esperadas y con el padecimiento sobre una posible salida de Gerard Moreno, buque insignia del equipo. No le gustó.

Meses más tarde, de nuevo con el mercado de fichajes por medio, saltó una nueva polémica. En enero, la salida de Javi Fuego volvió a poner en escena el enfado del técnico madrileño. Uno de los intocables dejaba el equipo para reforzar a otro conjunto de La Liga. "No tenemos capacidad para reforzarnos y ya dije que el club tendrá que responder, yo ya no voy a responder más por el club. Hoy echamos de menos a Fuego, es un líder en su línea y lee bien este tipo de partidos", apuntó tras la derrota en Leganés ya sin el futbolista asturiano. En ese momento, y antes de la aparición del Stoke City, la ruptura entre técnico y club era evidente

Tensión con el vestuario

Hablando de separación o alejamiento, otras de las claves que propició el cese fulminante del técnico fue sus desavenencias con la plantilla. El líder ya no era seguido por los suyos. Dejaron de creer en él. Una fórmula de rotaciones compleja de entender, con un once definido y con muy pocas oportunidades para el resto, el ostracismo en el que anduvo sumido Sergio Sánchez --una de las figuras más queridas dentro del vestuario-- y sus mensajes en los últimos partidos en sala de prensa le acercaron al abismo.

Quique Sánchez Flores durante el encuentro entre el Espanyol y el Alavés / RCDE

Quique Sánchez Flores durante el encuentro entre el Espanyol y el Alavés / RCDE

Frases como "cuando pudimos, no quisimos" o "el equipo no da para más” aumentaron el deterioro de una relación que clamaba a gritos un cambio para evitar ver al equipo blanquiazul inmerso en la siempre ingrata lucha por evitar el descenso a Segunda División.

La realidad económica y la futbolística

Cuando el deseo de jugar en Europa la próxima temporada se desvaneció con la dolorosa derrota ante el Betis, pocos eran los que todavía creían en Quique Sánchez Flores. Con la plantilla más cara de la historia del RCD Espanyol, con el fichaje de Sergi Darder por ocho millones de euros como muestra de un cambio de tendencia que este verano volverá a sufrir una nueva permuta, el ex del Atlético, del Valencia o el Getafe, entre otros, no supo nunca encontrar la tecla ni conectar a los suyos con retos mayores como así exigía la campaña.

En esa línea, su elevado salario no correspondía con los resultados ni el juego visto sobre el césped. Rondando los tres millones de euros, el sueldo de Quique Sánchez Flores fue motivo de disputa en el Espanyol. Ubicado entre los entrenadores más potentes a nivel económico de La Liga, el rendimiento de los suyos no se adecuó a lo que exigía dicho esfuerzo financiero por parte del club blanquiazul.

Hastiados, en tierra de nadie y sin opciones de entrar en Europa, los números empezaron a ser un obstáculo más para la continuidad de Sánchez Flores, que solo se sostuvo por el intento de no abonar la cláusula de cuatro millones estipulada en su contrato en caso de despido. Ni eso evitó el esperado desenlace. La decisión de la junta directiva fue fulminante en busca de un futuro más halagüeño aunque sin dejar de recordar los errores cometidos en el transcurso de unos últimos meses que han significado el derrumbe de un proyecto que debe empezar de cero. Una vez más.