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Fotografía de archivo del 23 de abril de 2016 de Enrique Castro, Quini, exfutbolista del Sporting de Gijón y Barcelona

'Quini', un señor del fútbol que todos adoraban

El exjugador del Sporting y Barcelona deja una huella en el mundo del fútbol por su pasado como futbolista y persona

5 min

Conocido por todos como El Brujo, y en los terrenos de juego cazagoles, Enrique Castro Quini fue ante todo un señor del fútbol. Uno de esos jugadores que de haber sido inglés hubiese tenido el título de sir hace años, muchos años. Vivió pegado al césped toda su vida, primero como jugador y luego como delegado, y si de algo se ganó la estima de los aficionados al fútbol, y de quienes no lo fueron, fue porque siempre demostró ser una buena persona.

Nunca lo tuvo fácil. Aunque lo suyo fue marcar goles, llevó una vida a cuestas azarosa y sufrida, de ahí que hoy su corazón, a los 68 años de edad, ha decidido darse un descanso por todo lo que llegó a vivir compulsamente. Lo hizo marcando goles, pero padeciendo una crisis coronaria y un cáncer de garganta, el sufrimiento de un secuestro, la muerte de su hermano, Jesús Castro, trágicamente al intentar rescatar a un niño del mar, y el fallecimiento de su amigo el entrenador Manolo Preciado. Pero sobre todo, sufriendo por su Sporting, para quien siempre será leyenda viva del conjunto rojiblanco, además del fútbol español.

Dentro y fuera del campo

A Quini le costó ponerse el brazalete de delegado después de ser genio y figura en las áreas del fútbol español. Eso de sentarse sin su pantalón corto y botas de fútbol no iba mucho con él. Era dejar atrás un pasado esplendoroso de goles y más goles. Porque el delantero asturiano fue el prototipo del clásico ariete que estaba siempre en el sitio apropiado para conseguir el gol. Así fue máximo siete veces goleador en España: cinco en Primera División (1974, 1976, 1980, 1981 y 1982) y dos en Segunda (1970 y 1977). Y también goleó con la camiseta española, jugando dos mundiales.

Este humilde trabajador del gol empezó dándole al balón mientras trabajaba y estudiaba en la Escuela de Formación Profesional para soldador. En 1964 pasó a la empresa Ensidesa para ingresar tres años más tarde en el Sporting, en el que permaneció 13 años, hasta el 1 de julio de 1980, para fichar por el FC Barcelona. En el club azulgrana vivió su peor experiencia personal. El 1 de marzo de 1981, después de jugar un Barcelona-Hércules, fue secuestrado cuando se disponía a ir al aeropuerto a recoger a su esposa.

Perdón a sus secuestradores

Este secuestro le hizo todavía más humano de lo que fue. Durante muchos días su desaparición fue un misterio pues los secuestradores tardaron mucho tiempo en dar señales. Finalmente, tras complicadas negociaciones y tremendas tensiones, pudo ser liberado el 25 de marzo de 1981, en Zaragoza, en un taller donde había permanecido todos los días que duró su secuestro. Salió y perdonó a sus secuestradores, ncluso renunció a la indemnización que debían pagar sus captores.

Ahora vivía el mundo del balón con nostalgia. "Todo ha cambiado. Evoluciona la vida y, con ella, el fútbol y los futbolistas, por supuesto. Está por ver si para bien o para mal. El tiempo lo dirá, aunque yo prefería la naturalidad de mi época, porque ahora parece que va todo demasiado rápido, incluido el fútbol", dijo hace poco en una entrevista.

Medalla de Oro

Y así era Quini. Natural, iluestre, bueno y sincero. Un hombre dedicado en cuerpo y alma al fútbol, como ahora hacía, donde además de llevar sus empresas, coordinaba la Escuela de Fútbol del Sporting. Por todo esto le dieron la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, fue nombrado Hijo adoptivo de Gijón, le dedicaron una calle con su nombre, fue nombrado presidente del Patronato Deportivo Municipal de Gijón y poseía la Insignia de Oro y Brillantes del Sporting.

Mañana sonará La Salve Marinera, cantada por el coro del Barrio Pesquero y con un "va por ti Enrique". Tampoco faltará un fuerte aplauso. Como todos los que recibió dentro y fuera del campo. Todo muy bien ganado, Quini.