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Gerard Piqué, en la zona VIP del Open Mutua Madrileña / EFE

El órdago de Piqué con la Davis siembra detractores

Tenistas y directivos creen que los cambios que necesitaba el histórico torneo no deben ser los que promueve el formato del defensa azulgrana

5 min

Ante el inesperado anuncio del nuevo formato de la competición auspiciada y pagada por la empresa de Gerard Piqué, cuyas nuevas reformas pretenden, por tanto, agilizar la Copa Davis, con la intención de disputar el total de los encuentros en un único mes, tenistas y directivos ya han alzado sus voces. La mayoría cree que estos cambios eran necesarios, pero no los que se han propuesto, que convierten el campeonato en un puro espectáculo sin la épica de siempre.

Y es que querer cambiar drásticamente una competición de 118 años de historia se antoja difícil sin encontrar detractores a tanta y tan grande remodelación. Aunque uno se llame Gerard Piqué y vaya a desembolsar 2.500 millones de euros como nuevo propietario de la competición. Es lo que ha pasado desde que se anunció el acuerdo entre la empresa del defensa barcelonista, el grupo Kosmos, y la Federación Internacional de Tenis (ITF), organizadora de la más tradicional competición por naciones.

Dentro y fuera de las pistas

Joan Margets, vicepresidente de la ITF, y el extenista Tomás Carbonell, más que expertos en la pista y en los despachos, creen que "ya no habrá esas eliminatorias que generaban ese ambiente tan especial" y que la Copa Davis es "básica" para las federaciones, por lo que tendrán que aportar su punto de vista. A Álex Corretja también le pilló con el pie cambiado el anuncio de la nueva Davis, asegurando que "es genial la idea. Espectacular. Pero se pierde toda la magia, la intensidad, la emoción de la Davis".

Y es que si el próximo mes de julio la ITF da luz verde el proyecto de Piqué (para entonces hay convocada una reunión de la entidad para votar la decisión), habrá que decir adiós a los partidos a cinco sets. A remontadas inolvidables. A la épica de jugadores de renombre y otros que, sin tantos galones, lograron lo imposible para regocijo de una hinchada patriótica y sentimental.

Pista central del CT Puente Romano de Marbella, sede de la última eliminatoria de la Copa Davis / EFE

Pista central del CT Puente Romano de Marbella, sede de la última eliminatoria de la Copa Davis / EFE

Precisamente uno de los cambios más trascendentales repercutiría en la grada. Ya no habría eliminatorias en casa. Ni viajes cargados de ilusión y amor puro al deporte de la raqueta. Para muchos países que viven la lucha por la Copa Davis como algo muy suyo, desplazarse a una ciudad asiática aún por determinar ya no será lo mismo.

Desde el otro lado de los Pirineos tampoco ha despertado mucha más euforia la apuesta del defensa internacional del FC Barcelona. Los franceses Mahut, Mauresmo, Pouille o el mítico Yannick Noah esperaban cambios para la Davis, pero sin arrebatarle su espíritu. "Condena a muerte. Renovarla, no destruirla. Una idea muy mala. Han vendido su alma", han asegurado. Querían que fuera diferente, pero que fuese reconocible.

Un cambio radical

Pero de momento la mareante oferta de millones y la prometida multimillonaria audiencia está sobre la mesa. Con su experiencia en labores empresariales, donde ya ha demostrado que no es un novato, y con el visto bueno de Nadal y Djokovic, Piqué mantiene su órdago para reestructurar la mítica Davis mientras cada día que pasa va sembrando nuevos detractores.

De conseguir su propósito convertirá la legendaria competición en un formato electrizante de partidos rápidos —deseo de las televisiones—, con todas las estrellas acudiendo a disputarla —algo todavía en el aire— y ante una grada enfervorizada. Aunque animen a jugadores que defienden unos colores muy lejanos de Oriente. Precisamente hacia donde miran todos los negocios. Incluido los del tenis, y los de Piqué, por supuesto.