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Leo Messi celebra su gol ante el Chelsea / EFE

Messi impone su ley en Europa

El argentino sobresale en el triunfo del Barça ante el Chelsea (3-0)

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Con una voracidad que parece no tener fin, Leo Messi no necesitó más de tres minutos para brindar al pequeño Ciro su primer gol. Cuatro días después del nacimiento de su tercer hijo, el futbolista del Barça optó por no alargar en exceso su tributo y en su primera aparición acabó mirando a la cámara, sonriendo y mostrando el número cuatro en alusión a su familia. Para satisfacción de un Barça que resolvió por la vía rápida un encuentro trampa ante el siempre enrevesado Chelsea, el 'diez' azulgrana justificó su ausencia en La Rosaleda con una nueva exhibición que bien vale el pase a cuartos de final en una temporada donde todo sale a pedir de boca en el cuadro culé (3-0).

En unos días donde la melancolía y la tristeza parecían haberse apoderado del Barça, después de las sorprendentes declaraciones de André Gomes mostrando su temor a la hora de fallar --fue ovacionado por primera vez desde su llegada-- y con Dembelé obcecado en demostrar que su talento no tiene precio, la aparición del Chelsea por el Camp Nou hizo reaparecer los fantasmas del pasado cuando los 'blues' lograron asaltar el estadio azulgrana con Fernando Torres como verdugo. Ante las dudas habituales del aficionado culé en las grandes noches, el desasosiego y la pesadumbre de la previa, para fortuna de Ernesto Valverde el mejor remedio siempre viste la zamarra azulgrana y luce el número 10.

Desinteresado quizá en repetir una gesta como la vivida la temporada pasada ante el París Saint Germain, Leo Messi optó por no dar lugar a la sorpresa y finiquitar una eliminatoria altamente peligrosa después del 1-1 de la ida en Londres. Sin importarle que el conjunto de Antonio Conte saltase al Camp Nou con una defensa de cinco blindada con cuatro centrocampistas por delante, la estrella azulgrana batió en su primer intento a Courtois (1-0, 3'), para acto seguido inventarse una recuperación majestuosa, donde superó rivales con una potencia inverosímil y cedió el esférico a un Dembelé que con su sonrisa agradeció la dosis de moral que la zurda del diez inyectó en el joven 'mosquito' francés (2-0, 20').

Un Chelsea superior en el descontrol 

Vestido de blanco, como la última vez que asaltó el templo azulgrana, el Chelsea sacó el carácter que tanto le ha faltado en la Premier League para combatir hasta el final en una eliminatoria donde el factor Messi volvió a ser diferencial. Con el amargo recuerdo todavía de un encuentro de ida donde el argentino se inventó un empate de la nada, tres chispazos del futbolista culé volvieron a dejar sobre la lona al conjunto de Antonio Conte.

Dembelé y Marcos Alonso disputan un balón

Dembelé y Marcos Alonso disputan un balón / EFE

Por más que la diferencia de dos tantos puso cuesta arriba sus opciones de pasar, el Chelsea consiguió convertir el encuentro en un duelo donde primó el descontrol, en un contexto que domina a la perfección y en el que tuvo muchas opciones de anotar un gol que hubiera despertar el 'run run' de las noches europeas del Camp Nou. Con un omnipresente Marcos Alonso --que supo exhibirse ante la mirada de Julen Lopetegui dos días antes de que el seleccionador de la lista de convocados--, la verticalidad de William, la insistencia de Moses y el trabajo de Kanté, los ingleses frenaron la sangría inicial e impusieron su necesidad desde el tramo final del primer acto.

Pero la diferencia en la actualidad de tener o no a Messi en tu equipo es tan grande que puede equivaler a una Champions League. Apeando a los 'blues' de la competición, una rápida acción después de una recuperación le bastó al argentino para sentenciar el choque (3-0, 63') sin importarle la superioridad momentánea de los ingleses en un complejo momento que empeoró con los problemas musculares de Busquets y Jordi Alba, dos piezas fundamentales de cara a un tramo final de temporada en el que ocurrirá lo que Messi quiera. Una temporada más.