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Acto de presentación de la eliminatoria España-Gran Bretaña en el CT Hotel Puente Romano; Marbella asume el riesgo de la Copa Davis / RFET

Marbella asume el riesgo de la Copa Davis

La ciudad andaluza acoge la eliminatoria entre España y Gran Bretaña en un torneo de incierto resultado económico para su sede

5 min

La Copa Davis es una competición legendaria. Épica. Con solera. Casi más sentimental y patriótica que estrictamente competitiva. Con mucho dinero detrás, pues el impacto económico de patrocinadores y espectadores se deja notar en la ciudad organizadora, en esta ocasión en Marbella, sede de la primera eliminatoria de la edición de este año. Pero, cómo no, también con mucho riesgo por otros factores.

Así es la Copa Davis, una competición por la que pujan las ciudades para acoger sus eliminatorias y que desde 1900, año de su nacimiento, ha soportado con firmeza los envites de otros torneos por equipos de tenis, como la Copa Mundial, la Copa Hopman, la Liga IPTL y la más reciente Copa Rod Laver (en la que jugaron su primer partido de dobles juntos Nadal y Federer).

Oportunidad de oro

Para ciudades como Marbella, en este caso, donde España se enfrenta a Gran Bretaña en el Club Tenis Hotel Puente Romano, puede ser una oportunidad de oro, ya que supone cientos de reservas de hotel, además de restaurantes a rebosar en un fin de semana en plena temporada baja.

Los números son evidentes. La Copa Davis genera al año 127 millones de euros de impacto económico, llegando a ser más rentable que una final de Champions League (43 millones) y un gran premio de Fórmula 1 (21 millones). De ahí, que las federaciones nacionales sueñen con la disputa de varias eliminatorias en casa.

 Roberto Bautista durante el segundo partido de la eliminatoria de Copa Davis

 Roberto Bautista durante el segundo partido de la eliminatoria de Copa Davis entre España-Gran Bretaña en Marbella / EFE

Esa rentabilidad nace de la suma de los ingresos de los patrocinadores (el banco francés BNP es el gran valedor de la competición desde 2001), la publicidad, los derechos de televisión (la final Argentina-España de 2008 fue seguida por 250 millones de espectadores de 131 países), la venta de entradas (Sevilla construyó en 2011 una pista con aforo para casi 30.000 espectadores) y las subvenciones que ponen a disposición las entidades locales donde se juega cada eliminatoria.

Coste económico

Las ciudades que quieren albergar una eliminatoria pagan un canon a la federación organizadora —Marbella esta vez ha sufragado 400.000 euros— y se comprometen a una inversión para poner en liza unas instalaciones que estén a la altura del tenis que desplegarán los jugadores. En ocasiones, en vez de crear un espacio nuevo acondicionan uno ya existente (plazas de toros, por ejemplo), para que la inversión y el riesgo sean menores.

Pero estas ciudades anfitrionas, además de estos pagos e inversiones, asumen también otros riesgos: tenistas mediáticos que no juegan; que el país rival finalmente no sea de gran nivel, o que sean pocos los aficionados del equipo contrario que se desplazan, como le ocurrió a Oviedo en 2012, cuando España se enfrentó a Kazajistán.

Beneficios y pérdidas

En anteriores disputas, los resultados económicos fueron desiguales: Madrid invirtió 1,6 millones de euros para un España-Estados Unidos, ganando 21 millones de euros; Logroño logró un impacto económico directo de 2,8 millones de euros; Sevilla en 2011 invirtió 3,5 millones de euros, y solo recuperó 2,8 millones; mientras que Córdoba ganó 5,27 euros por cada euro invertido ese mismo año.

Con estos precedentes, se está disputando este fin de semana la Copa Davis en Marbella. Sin los grandes espadas del tenis español, pero con la esperanza para la ciudad andaluza de recibir un impacto superior a los 10 millones de euros. Otra cosa sería si Nadal hubiese acudido para defender los colores de España. Entonces, el éxito estaba más que asegurado. Aun así, con él o sin él, larga vida a la Davis.