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Últimos metros de la etapa con llegada a Tarragona de la Vuelta 2017 / EFE

La Vuelta medita 'pasar' de las etapas catalanas

La organización ciclista reconoce la delicada situación política a pesar de manifestar que actúa con total normalidad para confeccionar el recorrido

6 min

Las cosas como son: no está el horno para bollos como para ir pensando que Cataluña pueda ser uno de los puntos neurálgicos de la Vuelta Ciclista a España del próximo año. Así es como llevan días meditando los organizadores de la gran ronda española antes de presentar el recorrido definitivo de la próxima edición, que se conocerá en enero.

Tiempo tienen para pensarlo. Y lo reconocen. Porque aunque se hayan cansado hasta la saciedad de manifestar que la política no influirá en el recorrido de la Vuelta 2018, la situación catalana pesa mucho. De esta manera lo manifestó hace unos días Javier Guillén, director de la Vuelta: “Estamos muy atentos a todo lo que está pasando, pero como organizadores tenemos que actuar con absoluta normalidad. El tema político no va a influir ni a favor ni en contra”.

Versión deportiva

La verdad es que todos quieren imponer la versión deportiva sobre la política. Incluir a Cataluña, por sus montañas, carreteras y espectadores, es muy importante para la gran ronda española. “Después del éxito de la pasada edición en Tarragona, nos gustaría regresar. Y por mucho que digan, dependerá únicamente de que nos cuadre en el recorrido, porque tenemos peticiones para acoger la carrera”, afirmó Guillén la pasada semana al diario Sport.

La organización regatea el tema político y reconoce no haber recibido ninguna consigna al respecto. Pero nadie niega que los soberanistas pueden aprovechar la Vuelta 2018 para sus reivindicaciones, como han hecho en otras ocasiones con el Tour de Francia. Y como nadie se atreve a aventurar el ambiente que a finales de agosto o principios de septiembre, en vísperas de la Diada, se puede encontrar la serpiente multicolor de la prueba española, la apuesta por descartar las etapas catalanas a estas alturas es atrevida, pero evita el riesgo que podría encontrarse la organización de aquí nueve meses.

Incertidumbre federativa catalana

Las dudas de la Vuelta llegan, además, en un momento de incertidumbre en la Federación Catalana de Ciclismo, que ha convocado elecciones para el próximo 2 de diciembre. Josep Damiá Bochaca, después de seis años al frente de la entidad, ha renunciado a presentarse a la reelección, dejando paso a una etapa que nadie sabe la incidencia que tendrá en la decisión de la organización. Un mandato que puede ocupar el vicepresidente actual, Joaquim Vilaplana, única candidatura hasta el momento que se conoce, y que cuenta con el aval de sus seis años desempeñando la vicepresidencia de la federación catalana. 

Triunfo de Vincenzo Nibali en la etapa de la Vuelta que acabó este año en Andorra / EFE

Triunfo de Vincenzo Nibali en la etapa de la Vuelta que acabó este año en Andorra / EFE

Traer la carrera ciclista española a Cataluña es un buen negocio. La Vuelta a España, con 1,5 millones de espectadores, mueve a más de 3.000 personas y consigue dejar en cada territorio por el que pasa más de 300.000 euros. Es decir, “por cada euro que un territorio invierte, se recuperaran de tres a cuatro euros de retorno directo, además de la promoción turística que supone una prueba ciclista de este calibre”, dice Guillén.

Ausencia de Barcelona

La fidelidad que tiene la Vuelta con Cataluña es firme. Si bien Barcelona está ausente de su recorrido desde hace cinco años, en las últimas ediciones ha sido habitual que la ronda española se asomase por las carreteras catalanas. En 2017 lo hizo con la jornada entre Escaldes (Andorra) y Tarragona; no así en 2016; entre Escaldes y Lleida fue en 2015; no en el 2014, y sí en el 2013, con la doble etapa Valls-Castelldefels y Bagà-Andorra.

Ahora quedará comprobar si finalmente los organizadores deciden dar el paso adelante e incluir en el recorrido alguna etapa catalana. Por ahora ya se ha desvelado que habrá entre ocho y diez llegadas en alto. De esta decena de finales montañosas, dos puertos serán inéditos: uno, Les Praeres de Nava (Asturias), una ascensión de cinco kilómetros, pero con un porcentaje medio que alcanza el 13,5% y rampas que superan el 20%; el otro puerto todavía no se sabe. ¿En Cataluña? Puede que no queden puertos por descubrir, pero deseos por ver la gran carrera ciclista, muchos.