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El directivo del Barça Jordi Moix

Jordi Moix: el inmobiliario inmovilizado

Ha pasado por al menos cuatro inmobiliarias que, o bien han cerrado, o bien están a punto de hacerlo, además de por un sinfín de empresas, muchas ya extintas

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Jordi Moix es uno de los directivos del FC Barcelona que mejor podría contar el difícil momento del club, cuando se avecinan resoluciones judiciales sobre el futuro del expresidente Sandro Rosell que podrían contaminar a la junta de la entidad. En medios del entorno se da por descontado que el presidente, Josep Maria Bartomeu, podría verse obligado a abandonar el cargo, lo que desembocaría en unas inesperadas elecciones

En la esfera deportiva, los que confiaban en la remodelación del equipo de fútbol del Barça al final de la pasada temporada se llevaron el disgusto de Neymar y la tremenda duda de si ingresar 222 millones compensa la pérdida del gran futbolista.

Enemistado con las estrellas

Jordi Moix, comisionado del Espai Barça, está entre estos por su realismo ante los números, como lo tienen otros directivos del segundo nivel, pero imprescindibles, como Javier Bordas, Dídac Lee y Òscar Grau. Los últimos años han sido de relevancia para Moix. Es el gran impulsor de la remodelación urbanística que Rosell le encargó en su momento y que Bartomeu revalidó, pero que finalmente le ha quitado en parte de las manos al situar a Grau en la primera línea del proyecto.

¿Desconfianza o prisa? Más bien lo segundo. Se dice que Moix se ha vuelto lento después de superar los momentos magros del sector inmobiliario al que ha destinado los mejores años de su vida profesional. Moix es un hombre creativo de los que aman el fútbol, pero que jamás entraría en el vestuario del primer equipo. Cuenta con la enemistad de algunas de las estrellas y la indiferencia de una plantilla que siempre ha estado convencida de que el mejor directivo es el directivo que no existe.

Controladores estrictos

Los que mandan en la gestión del Barça no entienden que la masa salarial no deje de crecer. Moix se forjó como gestor en el City de Nueva York y su lenguaje es de los controladores estrictos. Como otros directivos, forma parte de un núcleo de ejecutivos de empresas privadas formados en el rigor de los costes unitarios y la cadena de valor. Pese a los años que lleva en la casa, no está familiarizado con una forma de agregar valor a base de plantillas en las que las cláusulas de rescisión decrecen mientras suben las retribuciones de los jugadores. El fútbol es la única actividad empresarial en la que la amortización de un activo es inversamente proporcional a la vida del bien: cuanto más viejo es un futbolista más crece su sueldo y más decae su cláusula.

El comisionado del Espai Barça ha estado en toda su trayectoria vinculado al metro cuadrado y al precio de los solares. Está acostumbrado a marcar precio, a imponer las condiciones en un mercado de oferta rígida sometida al cartel de las compañías hegemónicas en el sector. La mecánica de funcionamiento contable de un club como el FC Barcelona es el reverso del sector inmobiliario.

Cierre tras cierre

Moix fue durante siete años director general de Promoción y Expansión Internacional de Reyal Urbis, que entró en concurso de acreedores en 2013 con una deuda de más de 4.500 millones de euros; antes fue director general en Catalunya de Metrovacesa (absorbida por Merlin Properties en 2016 tras años de pérdidas), director general de Layetana (cuya matriz quebró el año pasado) y de Habitat, la compañía desaforada de los Figueras y los Suñol que pasó por un concurso de acreedores descomunal en 2008 enemistándose con los family office y las firmas patrimoniales de grandes familias industriales catalanas.

Ha pasado por al menos cuatro inmobiliarias que, o bien han cerrado, o bien están a punto de hacerlo, además de por un sinfín de empresas, muchas ya extintas, en las que ha ocupado sobre todo el cargo de apoderado. Su última aventura, Talus Real Estate, es una gestora de fondos inmobiliarios con sede en Madrid. Se trata de una empresa ubicada en el piso 13 de un rascacielos en el paseo de la Castellana número 93, a escasos 400 metros del estadio Santiago Bernabéu. Desde su despacho escucha las celebraciones de los goles que se marcan en casa del eterno rival.

De Laporta a Bartomeu

Su relación con el FC Barcelona empezó en 2003, el año del cambio. Fue miembro de la junta ganadora después de años de militancia crítica en el Elefant Blau. Estuvo muy unido a Joan Laporta, el Kennedy catalán de entonces, pero a los dos años de llegar al palco fue tildado de traidor por su proximidad al entonces vicepresidente Sandro Rosell. Podría decirse que Moix pagó el pato de una equivocación humana: creer a Rosell por su aparente bonhomía y criticar a Laporta que, siendo el aparentemente trepador, no era sino un hombre con mucha proyección. Con Laporta fue el responsable del área de patrimonio.

En 2010, sucumbió a las artimañas mercantiles de Rosell, que preparaba una junta ganadora con gente de perfil alto (Moix, Vilarrubí, Faus). En su regreso, desactivó el pacato de la anterior junta para recalificar el Miniestadi y más tarde entró en el proyecto de remodelación del estadio, la construcción de un nuevo Palau Blaugrana y el estadio Johan Cruyff en la Ciudad Deportiva Joan Gamper.