Menú Buscar
Jordi Cardoner i Casaus, vicepresidente del Barça / CG

Jordi Cardoner: amor al socio y al color del dinero

El nieto de Nicolau Casaus ostenta una de las vicepresidencias del Barça, bajo el paraguas de su amigo Josep Maria Bartomeu, mientras gestiona varios negocios familiares

8 min

Dicen que Jordi Cardoner se hace respetar. Es uno de los directivos del Barça que estaban en la reunión en el Real Club de Tenis de Barcelona que montó Montse Flaqué, asesora fiscal de Sandro Rosell y esposa de Ramon Adell, poco después de la dimisión del presidente que hoy es un reo sin derecho a fianza en la prisión de Soto del Real. Los colegas de Sandro le habían pagado a escote (50.000 del ala) la campaña electoral de 2010 y como quiera que Hacienda acreditó el fraude fiscal de Rosell, al resto de la junta del Barça se le aconsejó efectuar una paralela sin rechistar. Le costó a cada uno 17.000 euros más. Son los métodos de Sandro, aquel chico que se enemistó con el atrabiliario Joan Laporta, se hizo pasar por un ejecutivo serio, nos levantó la camisa con aquel Benvingut al món real y se reinventó como presidente sin dejar sus negocios (los de la “corrupción entre particulares”) de derechos y marcas futboleras.

Sandro legó la herencia plana de Bartomeu (Barto) y de su delfín vocacional, Jordi Cardoner, vicepresidente primero del club al que no le hacían sombra ni el exbanquero de familia Carles Vilarrubí ni la auditora Susana Monje. Cardoner lo tiene tan fácil, fácil, fácil que, al final, no se sentará en el trono por falta de empuje. Su área social, el mundo abigarrado de las peñas —gangrena interior del barcelonismo de “sardana y espardenya”— le coloca a la cabeza del populismo futbolero. Todo ello sin una pizca de discurso, como no sea la catalanitat, la machacona reiteración que firmaría el propio Josep Lluís Núñez, bandera del antiguo régimen.

Nieto de Nicolau Casaus

Cardoner no será presidente del Barça porque no es capaz de hacerle la cama a Barto, su antiguo compañero de pupitre en la escuela Aula, aquel crisol de los Ribera i Ferran, Jordi Sarsanedas, Amàlia Tineo o Joan Mas Cantí, entre otros. Su momento curricular cae en el país de la herencia: es nieto del mítico Nicolau Casaus, aquel inolvidable letrado de vitola cubana, exmilitante de Esquerra en tiempos del hierro, condenado a muerte e indultado por los generales y ofrenda permanente de los títulos del Barça ante nostra senyora de la Mercè. Aquella honorable efigie del museo de cera le inoculó barcelonismo a Cardoner apuntándolo en el registro de socios cuando apenas tenía dos días de vida, en 1962 (es el número 5.367).

Los directivos del Barça son vidas paralelas. Todos presumen del ADN de la casa pegado en la testuz, igual que ocurre con el sello sentimental repentino de los grandes futbolistas, que se confiesan culés de nacimiento en el momento de la firma. Casi todos los directivos son gestores; han estudiado economía y lucen un historial de emprendedores en algún sector puntero que algún día se sirvió del ladrillo, pero solo para hacer caja, con perdón. Cardoner ítem mas. El vicepresidente primero del Barça fue administrador solidario de Golf de Viladecans (Vilagolf), una patrimonial que acumuló solares para levantar los greens que iban de capa caída en el emblemático Golf del Prat, en la antigua Ricarda de los Bertrand i Serra. Entre los accionistas de Vilagolf figuraban la familia Porcioles y el doctor González Adrio, antiguo responsable de los servicios médicos del FC Barcelona. Más tarde, se añadieron Artur Suqué, el dueño de Casinos de Catalunya, y José Luis Díaz Varela, por medio de la firma Indukern. En 2008, el Barcelona compró aquellos solares a Vilagolf por 18,5 millones de euros (habían costado 1,5 millones), aunque finalmente una auditoría externa los activó en el balance del club por un valor de 5,5 millones.

Los negocios familiares

Allí, en aquellos pinares afectador por el proyecto público Xarxa Natura y por la ampliación del Aeropuerto de Barcelona-El Prat, el Barça ideó el Espai del Soci (30 hectáreas), el ámbito que gestiona Cardoner, con 70 millones de inversión calculada. Todo se vino abajo, como suele ocurrir con las aventuras del famoso entorno. Pero el negocio, la intermediación, ya era una realidad, compensada con tres millones de propina que llovieron sobre una intrincada madeja de manos amigas.

La meritocracia de Cardoner lleva el sello de Económicas y Empresariales de la UB y el executive master de EADA, hija de un dios menor entre las escuelas de negocio. Desempeña el cargo de CEO de Kids School (mano de Iciar Montoliu, la esposa del directivo), una empresa especializada en la enseñanza de inglés para niños, y de Joela, una sociedad de círculos concéntricos de origen familiar; además, preside el patronato Fundación Social del Hospital de Mollet.

De la mano de Bartomeu

Joela se implicó en la promotora Iniciativas Comas junto a Barto y el agente de futbolistas Ramon Arasa. Y es que los directivos del Barça, en la era de Messi y sus maravillosos bajitos, no han sido capaces de quitarse de encima el aroma de compra-venta de cracks, una actividad que debería estar condenada por el código deontológico del club (si es que existe, que no creo). La inmobiliaria fue liquidada por Barto y Cardoner en 2007; ellos dicen, mira qué suerte, que la clausuraron antes del estallido de la burbuja. Nadie lo niega, pero en el rastro del vicepresidente que quiere ser albacea del més que un club sobrevive la ley del tocho. En sus curriculums, el nieto de Nicolau Casaus habla de su vinculación al sector del embalaje, una tarjeta de presentación idéntica a los fingers aeronáuticos de Bartomeu. Y sí, Cardoner fue gestor de Storopak España y de Storopak Reichenecker Holding Limited.

El pasado luminoso y el presente magro acompañan siempre a los burócratas del mundo del deporte. El palco del Barça es la escena institucional más llamativa del país; y allí en las noches de Champions y canapé, los ciudadanos del cenobio libran las batallas sumergidas del porcentaje.