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Iniesta exhibió su calidad en la 'piscina' en la que se convirtió el césped del RCDE Stadium / EFE

Iniesta brilla bajo la lluvia

El centrocampista del Barça ofreció un recital de fútbol en el empantanado césped del RCDE Stadium

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Mientras a duras penas 21 futbolistas intentaban sin excesiva fortuna dar dos pases seguidos sobre el maltrecho césped del RCDE Stadium, uno de ellos era inmune a la incesante tormenta que con el paso de los minutos convirtió el estadio del RCD Espanyol en una 'piscina' improvisada donde el cuero no podía rodar. Entretanto contacto, combate y muestras de pudonor, un hilo de esperanza se abría cuando el esférico llegaba a los pies de Andrés Iniesta. Ajeno a la trampa del agua en una oscura tarde, el capitán brilló al lado del balón. Su balón.

Desazonando la lógica que hacía pensar que el escenario de poco fútbol y muchas hostilidades que se generó en el segundo acto no era el adecuado para su figura, Iniesta no solo aguantó los 93 minutos de encuentro sino que lo hizo para ser el mejor. Una tarde más. Con el balón pegado a su bota, el cenagal en el que se convirtió el césped de Cornellà-El Prat no fue impedimento para sortear rivales de la forma que solo él sabe hacer. Mientras el resto intentó como pudo llevar el esférico lejos de su dominio, el manchego lo mantuvo en su pie. Como si el sol brillara en el cielo de Barcelona y el tapete estuviera en gran estado. 

Iniesta pugna por un balón con Víctor Sánchez

Iniesta pugna por un balón con Víctor Sánchez / EFE

El 89% de acierto en el pase que registró no es una casualidad. El inagotable y perenne talento de Iniesta le permitieron exhibir una vez más su precisión, sus eslálones y esos quiebros que realiza al rival con un sencillo movimiento de cintura. "Seguimos allí arriba. Las condiciones (del campo) no eran las mejores. Se ha visto un derbi entretenido", apuntó el centrocampista.

Un rostro afable

Una vez más sin sus fieles colegas al lado - Messi y Jordi Alba fueron suplentes - Iniesta se las ingenió para ser el líder que requería el juego ofensivo azulgrana. La siempre atolondrada manera de jugar de Luis Suárez, la adaptación necesaria de Coutinho y los movimientos sin fortuna de Álcacer necesitaron como el respirar de la clarividencia de Andrés. "Nos hemos adaptados bien, ya que había zonas encharcadas", elogió el capitán a sus compañeros.

Solo nueve balones perdidos demuestran la proeza que logró el capitán del Barça en la piscina en la que se convirtió el césped del RCDE Stadium, en un partido donde solo se vio la claridad necesaria en el juego cuando el balón llegó a los pies de Iniesta, la cara amable de las visitas azulgranas al templo blanquiazul.