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Guía básica para sufrir con España

La selección española inicia su andadura en el mundial midiéndose ante Portugal

Fernando Hierro en su primera sesión como técnico de la selección / EFE
15.06.2018 00:00 h.
9 min

La selección ya está en su salsa, en medio de un espectacular follón planetario que combina despropósito y ridículo a partes iguales. La política lo contagia todo. A Lopetegui le ha pasado como a Rajoy, que se las prometía muy felices. Es el signo de los tiempos. Zidane dejó el Madrid, Pedro Sánchez es presidente y Màxim Huerta y el seleccionador español han sido fulminados. Sólo permanece Manolo el del Bombo.

España siempre es favorita, pero hasta que el niño Torres no marcó el gol de la Eurocopa de 2008 era una selección con más noches de pena que de gloria. Hasta entonces se tenía por cierta la sentencia de Lineker sobre la inevitable superioridad germana, aquello de que el fútbol es un juego de once contra once en el que siempre gana Alemania.

Vieja escuela

Fue Luis Aragonés quien impulsó el cambio de paradigma en aquella Eurocopa del 2008. Entrenador de la vieja escuela, hombre de oficio más que de profesión, defensor del chándal, Aragonés adaptó el juego a los jugadores y así evitó que una pandilla de talentosos chicos bajitos hiciera el ridículo corriendo tras la pelota como pollos furiosos y desaforados.

El juego asociativo dio un magnífico resultado y en un entorno de músculo y pizarra, los pequeños y el viejo entrenador se cargaron a Italia en cuartos y a penaltis, circunstancias ambas que disiparon por completo las brumas de la maldición de cuartos, aquello de jugar como nunca y palmar como siempre, con o sin el trencilla Gamal Al-Ghandour de por medio.

Partido fundacional

Esa eliminatoria entre España y la squadra azzurra fue el partido fundacional, 22 de junio, de la nueva España. Italia, cuatro estrellas en la zamarra, se iba por penaltis. Casillas paró dos y el bello Buffon, no. En esa tanda se ganaron tres títulos, dos Eurocopas y el mundial. Hasta ese instante, España vivía de tres goles: el de Marcelino a Rusia en 1964, el de Zarra a Inglaterra en el 50 y el que le metió Belauste, el del "a mi el pelotón, Sabino, que los arrollo", a Suecia en los Juegos de Amberes de 1920.

Sobre el primer tanto cronológico, el periodista Manuel Castro, Handicap, aseguraba que Belauste paró el balón con el pecho y sin que llegara a caer la pelota al suelo la introdujo en la portería rival tras derribar a tres defensores y el portero en bizarra embestida. En otras crónicas se atribuye el gol a un escueto y más realista remate de cabeza. Sea como fuere, José María Belausteguigoitia pasó a la historia como el futbolista que encarnó el mito de la furia, acuñado por la prensa belga del momento y alusivo al saqueo de Amberes en 1557 perpetrado por los Tercios de Flandes.

Sergio Ramos junto a Andrés Iniesta y Jordi Alba / EFE

Sergio Ramos junto a Andrés Iniesta y Jordi Alba / EFE

Belauste, sin embargo, no fue considerado un héroe nacional. En aquellos años previos a la Guerra Civil, el imponente delantero de Athletic de Bilbao jugó pocos años más y sufrió la desgracia de meterse en política, siendo uno de los fundadores de Acción Nacionalista Vasca, escisión radical del PNV. Murió en el exilio, en México.

Tuvieron que pasar tres décadas para el segundo gol, el de Zarraonandía, Zarra, a la pérfida Albion en el Mundial de Río de Janeiro. El tanto está profusamente documentado. La favorita Inglaterra, eliminada por España. La selección quedó en cuarto lugar y Ramallets, el gato de Maracaná, fue designado el mejor portero del torneo. Franco mandó el siguiente recado: "Al terminar la retransmisión con que seguí el emocionante encuentro y brillantísimo triunfo os envío mi entusiasta felicitación por vuestra técnica y coraje en defensa de nuestros colores. ¡Arriba España!". Es fama que el dictador era del Athletic, aunque en su tiempo no era el único equipo que jugaba con once españoles.

Catorce años después llegaría el gol de Marcelino, un testarazo de gran impacto internacional. La dictadura de Franco derrotaba a la dictadura del proletariado merced a un ajustadísimo remate a la izquierda de Lev Yashin, la Araña Negra. El triunfo fue un espejismo. La selección fracasó en el Mundial de Inglaterra, en el 66, y no reapareció hasta el Mundial de Videla en el 78.

La batalla de Belgrado

Yugoslavia se había convertido en los setenta en el escollo de España. Equipo rocoso y estajanovista, depurado producto del marxismo deportivo, el combinado balcánico era un imponente rival que había apeado a la selección en la clasificatoria del Mundial de Alemania del 74. El desquite llegó en la denominada "batalla de Belgrado", el épico partido del botellazo a Juanito y el gol de Rubén Cano. Sucedió el 30 de noviembre de 1977. Era otro fútbol. Rubén Cano se fumaba medio paquete de tabaco y los entrenadores eran gente seria con barriga.

Del Mundial de Argentina nos quedó el no gol de Cardeñosa ante Brasil. España cayó en la primera fase tras perder con Austria, ganar a Suecia y empatar con la canarinha. A Cardeñosa, talentoso extremo del Betis, le cayó una pelota del cielo y en vez de empujarla hacia dentro se la pasó al pie a un defensa que improvisaba de guardameta sin manos en un lateral de la portería. Era esa clase de balón que se mete desde el sofá con la cerveza en la mano y el cuenco de papas en la panza. Tremenda ocasión fallida, prueba irrefutable de que la camiseta estaba maldita.

La maldición

El Mundial de España confirmó la maldición. Naranjito y el empate a uno contra Honduras fueron lo más destacado de un bagaje deplorable, impropio, según se dijo, de un país anfitrión. En la travesía del desierto posterior, España le metió doce goles a Malta para participar en la Eurocopa de Francia 84, la que se perdió porque a Arconada se le escurrió por el sobaco un balón blandengue de Platini que tenía aparentemente atajado. La pelota se metió suave mientras Arconada parecía buscar una lentilla a cuatro patas.

Golpeo que supuso el primer Mundial de la historia de España / EFE

Golpeo que supuso el primer Mundial de la historia de España / EFE

Todo lo que vino después fue dramático, con los puntos culminantes del codazo de Tassotti a Luis Enrique en cuartos del Mundial de los Estados Unidos en el 94. Era penalti y expulsión. En Francia 98 ni se pasó de ronda. Se recuerda otra cantada clamorosa, esta vez de Zubizarreta, en un deplorable partido ante Nigeria que se perdió por 3 a 2. Cuatro años después, sucedió lo de Corea del Sur contra el combinado en cuestión, el robo del siglo con tres goles anulados por decisión del antecitado Al-Ghandour. Y en Alemania 2006 la roja cayó en octavos contra Francia.

Tanta desgracia acabó en 2008, inicio del ciclo virtuoso, culminado con el gol de Iniesta y cuyo fin de fiesta que fue meterle cuatro goles a Italia en la final de la Eurocopa de 2012.

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