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Aficionados haciendo sus apuestas en las taquillas del hipódromo de Lasarte (San Sebastián); el Gobierno confía en los gurús del juego hípico

El Gobierno confía en los gurús del juego hípico

La Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) crea un buzón para que aficionados y entidades manden sus ideas acerca de la modalidad de explotación de las apuestas de las carreras de caballos

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Desesperados, desorientados o necesitados. Entre estas tres opciones se mueve el Gobierno español a la hora de abordar las apuestas hípicas, o sea las quinielas de la Sociedad de Loterías y Apuestas del Estado (SELAE) y las apuestas de los operadores de ámbito estatal con licencia de juego hípico. El objetivo que busca ahora el Estado es celebrar acuerdos con organizadores de carreras de caballos para compartir masa de apostantes.

Los juegos no reservados son los comercializados por aquellas entidades que tienen el título habilitante dado por la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), órgano del Ministerio de Hacienda y Función Pública, y están sujetos a la garantía del cumplimiento de las normas jurídicas que le son aplicables. Están las ruinosas quinielas hípicas de SELAE (Quíntuple Plus y Lototurf) y todas aquellas modalidades de apuestas que se comercializan desde un operador de juego que cuente con las correspondientes licencias de ámbito estatal.

Apuestas mutuas

El juego en España sobre carreras de caballos, o turf, como se denomina popularmente a este espectacular deporte, son las apuestas mutuas, en las que se conforma una masa común con todas las apuestas de los jugadores a un evento determinado, y el reparto de un premio proporcional a la recaudación obtenida para dicho acontecimiento, de manera que el resto queda como margen del organizador de la apuesta (que no de la carrera).

Ahora, con el objetivo de despegar el negocio hípico en España, el Gobierno se ha puesto manos a la obra y quiere aprovechar que todo aquel dinero que sale de los bolsillos de los aficionados que apuestan en directo en los hipódromos concurra con las divisas que participan desde un operador de juego online o no. El problema para estas compañías es la fiscalidad, del 15% del total apostado, lo que supone que solo un monstruo como SELAE pueda hacer frente a este duro gravamen.

Carrera hípica el pasado mes de agosto en el hipódromo de Lasarte (San Sebastián)

Carrera hípica el pasado mes de agosto en el hipódromo de Lasarte (San Sebastián)

El fin que persigue, al margen de entrar en el peliagudo asunto fiscal, es compartir la masa común de las apuestas hípicas entre los presenciales y no presenciales, lo que redundará en mejores premios para los jugadores y ampliará las opciones de comercialización a los hipódromos, ayudando al desarrollo del sector ecuestre.

De esta manera, la DGOJ ha abierto el plazo de consulta pública previa sobre un proyecto de real decreto que desarrollará la habilitación a los operadores de apuestas hípicas para participar en los fondos comunes de las sociedades organizadoras de carreras de caballos en España dispuesta en la disposición adicional séptima de la Ley 13/2011, de 27 de mayo, de Regulación del Juego.

La voz de la cátedra

La DGOJ ha invitado, con carácter previo a la elaboración del proyecto de reglamento citado, a todos aquellos gurús del mundo del turf, o sea los ciudadanos, organizaciones y asociaciones interesados y potencialmente afectados, a realizar sus aportaciones a través de un correo electrónico, poniendo como fecha límite para la recepción de las mismas el 13 de febrero. 

Con esta decisión, el Gobierno da un paso al frente en el sector de las carreras de caballos, que podrán ver incrementadas las cantidades que se apuestan en las pruebas que se celebran en diferentes recintos del país, como en el majestuoso hipódromo de La Zarzuela, y en consecuencia obtener mayores ingresos para subsistir. Pero, ojo, también confirma su desconocimiento en la apuesta hípica y su desacierto en el asunto fiscal, nada ventajoso para el desarrollo de este deporte. Y eso que ahora en el Consejo de Ministros figura uno los más relevantes aficionados españoles de los hipódromos: el ministro Íñigo Méndez de Vigo, un turfman mayúsculo.