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El icónico extenistas estadounidense John McEnroe en una imagen de archivo / EFE

Los extenistas se buscan su futuro en mil y un negocios

Muchos jugadores cuelgan la raqueta para iniciar un trabajo alejado de las pistas

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Hace unos días el tenista alemán Tommy Haas anunciaba que se retira. Que lo deja. Que con 39 años a sus espaldas y ex número dos del planeta cuelga la raqueta. ¿Y ahora qué? La mayoría de tenistas, cuando se jubilan, emprenden carreras ligadas al mundo del tenis. Se convierten en entrenadores, capitanes de las selecciones de Copa Davis, directores de clubes o de torneos. Pero otros, no.

Hay otros tenistas que deciden probar suerte en negocios muy alejados de una pista. Incluso, hay casos un tanto curiosos protagonizados por jugadores a la hora de ganarse la vida tras dejar el tenis: el ruso Marat Safin llegó a ser diputado de la Duma; el francés Yannick Noah ha publicado numerosos discos y llena salas de conciertos allá donde acude, y los hermanos indios Armitraj son grandes productores de cine en Estados Unidos y en su tierra natal.

Mucho más curiosos

No son los únicos casos. Lendl y McEnroe invirtieron una parte de sus ganancias en arte. La argentina Gabriela Sabatini se dedicó, entre otros negocios, a líneas de perfumes, inmobiliarias y plazas de hospedaje. El mexicano Oliver Fernández optó por los electrodomésticos y los créditos financieros, mientras que Dolgopolov, aún en activo, ha invertido parte de su capital en una empresa de diseño de interiores.

Ion Tiriac, el famoso extenista de los largos bigotes, es quizás el que más negocios diferentes se le conocen, ya que posee un banco y una aerolínea además de hacer inversiones inmobiliarias y en grupos de comunicación de Rumanía. Agassi y Graf crearon una fundación para escolarizar a jóvenes sin recursos. Y los míticos René Lacoste, Fred Perry y Stan Smith decidieron que sus nombres podrían lucir en la ropa de los tenistas hasta el día de hoy.

Ion Tiriac es uno de los extenistas que en más negocios se ha metido / EFE

Ion Tiriac es uno de los extenistas que en más negocios se ha metido / EFE

Entre los exjugadores españoles también hay ejemplos de cómo “reciclarse”. Beto Martín intenta hacerse un hueco en el campo de la psicología, una vez obtenida la titulación universitaria. Berasategui tuvo que asumir las riendas de un negocio familiar de andamios, cuando aún le quedaba artillería para seguir jugando. Jordi Arrese, junto a un familiar, creó en su momento una cadena de restaurantes en Barcelona. “Pato” Clavet ha tenido negocios en vinos y bodegas. Y Juan Carlos Ferrero es el dueño de un hotel cinco estrellas.

Pegados a la cancha

También es casi interminable la lista de tenistas que, tras dejarlo, no se han alejado del planeta tenístico. Emilio Sánchez Vicario dirige dos academias, Carles Costa es el mánager de Rafa Nadal y Santana, Fernando Vicente o Galo Blanco están al frente de clubes de tenis.

Albert Costa, Vivi Ruano, Guy Forget o Richard Krajicek son los responsables de importantes torneos (a los que se ha unido Feliciano López, no retirado del circuito, pero sí director adjunto del Masters 1000 de Madrid). Javier Sánchez Vicario apostó por fabricar pistas de tenis, mientras que Tomàs Carbonell o Roberto Carretero emplean muchas horas delante de los micrófonos comentando partidos para diferentes televisiones. Algo que también hacen Courier, Wilander o Evert, y en su momento Andrés Gimeno.

Albert Costa

Albert Costa, después de dejar el tenis, ha seguido metido en los negocios de este deporte / EFE

Tommy Robredo, por su parte, dedica su tiempo y sus recursos a ayudar a tenistas en silla de ruedas, visitando colegios y hospitales para buscar una mayor concienciación de la discapacidad. Pero quizás el destino por el que más extenistas han apostado ha sido el de entrenar. Desde Stefan Edberg hasta Michael Chang pasando por Lendl, Becker, Ivanisevic, Norman, Mauresmo, Ljubicic o Hewitt. Entre los españoles, Balcells, Casal, Bruguera, Conchita, Moyà, Corretja, Roig o Berasategui también han seguido ese camino.

En definitiva, vinos, andamios o incluso la política pueden ser el nuevo destino de quienes aceptan que el tiempo de competir en el tenis ya se acabó. Aunque todos mantengan el deseo de seguir vinculados al deporte que tantas alegrías les regaló.