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El centrocampista Koke (iz) durante la tanda de penaltis en el partido España-Rusia, de octavos de final del Mundial de Fútbol de Rusia 2018, en el Estadio Luzhnikí / EFE

España, de mal en peor en Rusia (y para casa)

La selección se despide con una victoria en cuatro partidos y dando una pobre imagen ante la anfitriona

5 min

Al trantrán. Así jugó España ante Rusia en los octavos de final del Mundial. Y eso fue insuficiente para eliminar a la anfitriona (1-1 y 3-4). Fernando Hierro sorprendió dejando a Andrés Iniesta en el banquillo y recuperando el centro del campo con Sergio Busquets y Koke, con Diego Costa en punta. Las sensaciones no eran malas. Había más intensidad y, sobre todo, mucha más seguridad defensiva. Todo ello, sazonado con el rápido gol de la Roja, con el mérito de que lo logró sin haber tirado a portería (11' Ignashevich en propia).

Rusia no jugó a nada. Cedió la posesión al equipo español, que se atascó, y trató de aprovechar algún contrataque sin demasiada fortuna. En una de esas jugadas aisladas sacó un córner, y Piqué lo hizo todo para dejar el empate en bandeja a los rusos. Una mano absurda supuso el penalti del empate (41' Dzyuba). No fue necesario ni el VAR. Un penalti que, por cierto, fue el único disparo de Rusia entre los tres palos y que engrosa las tristes cifras de David de Gea en este torneo: 6 goles en 8 tiros. Edurne lo vio desde la grada.

Posesión sin fruto

El descanso no hizo sino empeorar las cosas. Los anfitriones, más encerrados; los españoles, al trote, sin ideas, pasando el balón de lado a lado en zona de nadie en la segunda mitad. Para colmo, Nacho se retiró lesionado. Solo un remate de Iniesta y la posterior reacción de Iago Aspas pusieron algo de salsa. A lo que hubo que añadir alguna concesión innecesaria a los rusos para alterar a más de uno. Poco más. Y a la prórroga.

En el tiempo extra, Rusia siguió con el guion establecido. Atrás y a esperar el milagro. El equipo estaba fundido ya que la posesión había sido para la Roja (74% a 26%). España confió en Isco, casi el único que intentaba darle una velocidad más al juego. Pero el ritmo era el imprimido en los partidos anteriores, y nadie había dado con la tecla para cambiarlo. Así, difícil. Ya en los últimos diez minutos, y con Rodrigo en el campo (entró por un apagado Asensio), la selección tuvo alguna ocasión para desequilibrar el marcador. Pero tampoco. Y a los penaltis.

Más de 1.100 pases

Dicen de los penaltis que son una lotería. Se acaban de cumplir diez años de aquellos que cambiaron la historia de España, los de la Eurocopa de 2008 ante Italia. Pues los de Rusia no serán recordados con gran cariño. Acertaron Iniesta y Piqué en su última gran cita con el equipo nacional. También Ramos. Fallaron Koke y Aspas. Nada que reprocharles. Por Rusia nadie erró: Smolov, Ignashevich, Golovin y Cheryshev (sí, el de la alineación indebida en Cádiz que supuso la eliminación del Real Madrid de la Copa). En todos ellos, De Gea se venció hacia su lado derecho, como hizo en el minuto 41 y como hizo ante Portugal. No hizo falta que tirasen el quinto.

Datos que reflejan la inútil posesión de balón. España: 1.137 pases; Rusia, 285. Y Ramos, entre los mayores pasadores. Así, como ocurrió en la Eurocopa de Francia, España se despide con la sensación de una gran oportunidad perdida, porque jugaba, en teoría, por el lado fácil del cuadro. Una victoria (ante Irán, por la mínima) en cuatro partidos. Fracaso en mayúsculas. Pero no todo es tan negativo: la selección mantiene la racha sin perder, que dura dos años.