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La selección española antes de la final del Europeo ante Portugal / EFE

La España más coral se topa ante el buen hacer de Portugal

La selección española se proclama subcampeona de Europa de fútbol sala tras caer ante los portugueses en la prórroga (2-3)

4 min

Campeona de Europa en siete ocasiones, España se tendrá que conformar este año con la medalla de plata. Enfrentarse ante el mejor futbolista del mundo exige siempre extremar las precauciones defensivas. Hacerlo ante Ricardinho propicia casi un acto de fe con un futbolista con un formidable talento que no entiende de límites ni de defensas. A pesar de la dificultad del cometido, la versión más coral de la selección española supo frenar el buen hacer del mago portugués pero se encontró sin respuesta ante la mala fortuna - en forma de balones al poste - que le privó de un centro que acabó llevándose Portugal en la prórroga de forma injusta (2-3).

Como si de volver a demostrar su talento se tratara, en menos de un minuto Ricardinho ya había dicho la suya. El futbolista de Inter Movistar aprovechó una pérdida (1-0, 1') para batir a Paco Sedano en el que sería el primer lance entre el mejor futbolista del mundo y el mejor cancerbero. Por debajo desde el inicio, España supo sobreponerse y logró igualar el duelo antes del descanso con el tanto del azulgrana Marc Tolrá (1-1, 18').

Ricardinho celebra su gol ante la decepción de los jugadores españoles

Ricardinho celebra su gol ante la decepción de los jugadores españoles / EFE

Sin sentencia

Cumpliendo con la igualdad pronosticada, la final no admitió treguas entre dos conjuntos que no cesaron en su empeño por proclamarse campeones de Europa. Con Ricardinho jugando y haciendo jugar a los suyos, Portugal sintió que podía ser su noche ante una España que por instantes fue superior pero que nunca logró plasmarlo en el electrónico. En una jugada ensayada, Lin situó el 1-2 a falta de ocho minutos (32') e incluso Miguelin, con un doble penalti, pudo haber sentenciado si el balón no se hubiera topado con la madera.

A falta de un minuto y 42 segundos, Bruno Coelho igualó el encuentro (2-2, 39') y llevó la final a una prórroga que acabaría de la forma más cruel para los intereses españoles que durante muchos minutos vieron como el octavo cetro europeo, el segundo consecutivo, adquiría tintes de realidad.

La selección española antes del inicio de la final

La selección española antes del inicio de la final / EFE

Sin Ricardinho fue posible

Realidad que se hizo cada más existente cuando Ricardinho tuvo que abandonar la pista por una lesión en el tobillo que le obligó a vivir los últimos instantes desde fuera. Sin el mejor futbolista del mundo y referencia lusa sobre el parqué del Arena Stozice de Liubliana, España creyó en la victoria y dispuso de ocasiones para conseguirla. Pero no pudo ser.

Cuando todo apuntaba hacia una tanda de penaltis, una falta y un doble penalti transformado por Bruno Coelho (2-3, 50') desataron la alegría portuguesa que acabó de rubricarse cuando el español Bebe a falta de 13 segundos estrelló su disparo en el palo, dejando a España a las puertas de un título que sintió pero que nunca tuvo.