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Quique Álvarez dejó el juvenil del Barça para marcharse al Villarreal / CM

Entrenar al Barça ya no lo es todo

Las salidas de Gabri y Quique Álvarez ponen de manifiesto las dificultades de progresar en el organigrama de la Masía

6 min

Ser entrenador del Barça no está al alcance de todo el mundo. Entrar como formador dentro del fútbol base azulgrana, uno de los mejores del fútbol mundial y toda una referencia por el trabajo que se lleva a cabo, es una oportunidad única y soñada por un gremio expuesto siempre a los resultados y las críticas. Llegar como técnico a la Masía es el primer paso de un sueño que se completa sentado en el banquillo Camp Nou. Un salto en el que hoy hay un abismo. Y ese precipicio ya tiene sus consecuencias.

Si la puerta de acceso al Camp Nou ha estado cerrada para los futbolistas del filial durante los últimos años, podríamos decir que la de entrada para los técnicos se encuentra blindada. Es un búnker insonorizado. No hay opción alguna. Imaginar que un entrenador de los diferentes conjuntos bases azulgrana llegará al Camp Nou es una utopía y así lo ven sus propios protagonistas desde dentro.

Ejemplo reciente de ello es Gerard López. Ni el ascenso de categoría a Segunda División A ni ser un conocedor del ADN del club le bastó para tener una ínfima opción de partir como candidato a sustituir a Luis Enrique en el primer equipo. Bastante tuvo para firmar su renovación.

Guardiola es el último técnico que dio el salto del filial al Camp Nou

Guardiola es el último técnico que dio el salto del filial al Camp Nou / FC Barcelona

La salida del asturiano, como las últimas producidas a lo largo de anteriores temporadas, ha sido reemplazada con entrenadores foráneos que no han pasado por la Masía. El último caso donde el inquilino del banquillo del Camp Nou llegaba desde el filial fue julio de 2008 con la aparición de Pep Guardiola. La desconfianza por la apuesta por el de Santpedor acabó transformándose en veneración, ahora en muchos sectores inexistente ya, por un técnico que hizo historia aunque no haya servido para que su modelo se haya repetido en Can Barça. Parece que el mejor Barça de la historia no fue suficiente rédito para mantener la postura.

Marcha de técnicos

En tan solo dos semanas, con las competiciones iniciadas y prácticamente en un visto y no visto, el Barça se quedó sin técnicos para el Juvenil A y el Juvenil B, los últimos escalones antes del filial y el primer equipo. El primero en tomar la decisión de marcharse fue Quique Álvarez. El exfutbolista escogió incorporarse al cuerpo técnico de Javier Calleja en el Villarreal, con el riesgo que conlleva y la inestabilidad que existe en cualquier banquillo de un equipo de La Liga, antes que continuar con el segundo equipo juvenil azulgrana, vigente campeón de la Liga Nacional y actual líder de la competición por delante del RCD Espanyol.

Quique Álvarez se proclamó campeón de liga con el juvenil azulgrana

Quique Álvarez se proclamó campeón de liga con el juvenil azulgrana / CM

Días después de ver como Quique Álvarez abandonaba la disciplina del Barça, el club se encontró con la salida de Gabri García. El también exfutbolista puso punto final a su etapa al frente del juvenil A. Con el equipo ubicado en la primera posición en la fase de grupos de la Youth League, así es como se conoce a la Champions de juveniles, y en plena pugna por el título de campeón de la División de Honor, Gabri optó por irse al Sion suizo, equipo eliminado en la ronda previa de la Europa League por el desconocido Suduva lituano y que actualmente es octavo, a 16 puntos del líder, en la Primera División suiza.

Todo ello por delante de seguir dirigiendo una generación tan prometedora con talentos como Sergi Gómez, Mateu Morey o Abel Ruiz, vigentes subcampeones del mundo con España sub-17. Situaciones que ponen de manifiesto que algo falla.

Un problema sin resolver

Nada de lo ocurrido esta temporada es diferente a lo vivido años anteriores con Sandro Rosell al frente. Óscar García, tras firmar unos registros inmejorables con el juvenil A del Barça, decidió en 2012 marcharse en plena temporada para recalar en el Maccabi de Tel Aviv tras ver como el club le daba el puesto de técnico del filial a Eusebio tras la marcha de Luis Enrique. Cansado de promesas incumplidas, desde la entidad siempre le insistieron que confiaban en él y que su salto llegaría, el sabadellense se marchó tomando una difícil decisión que cada vez cuenta con más adeptos.

Más allá del tema económico o la categoría de sus propuestas, los mencionados técnicos vieron una utopía poder seguir escalando en un organigrama de la Masía donde los formadores observan día tras día que el sueño del Camp Nou, incluso el del Miniestadi con el filial, se aleja mientras ellos aguardan una oportunidad que nunca llega.