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El directivo del Barça Enrique Tombas / FOTOMONTAJE CG

Enrique Tombas y su ‘ciudadano Kane’ salen a la luz

El tesorero del Barça tiene el difícil cometido de gestionar el mayor presupuesto de la historia en mitad de la inestabilidad política

6 min

No se trata de que Óscar Grau, CEO del FC Barcelona y número dos en el área de tesorería, tenga que ver con el millonario norteamericano William Randolph Hearst ni con el actor que lo encarnó en la película de Orson Welles Ciudadano Kane. Pero sí que esta vez el CEO ha puesto el mundo a los pies del tesorero de la junta directiva​, Enrique Tombas, que ya gestiona un presupuesto de 897 millones de euros, una cantidad que no maneja ningún club de fútbol del mundo (incluidos Madrid, Manchester y PSG), ni los gigantes de la NBA o la NFL. Ahora hace un año de la asamblea de compromisarios en la que Susana Monje (dimitida), entonces vicepresidenta económica del club, entregó a Grau el presupuesto diseñado para esta campaña que hace pocos días se cerró con éxito.

Los números funcionan, pero el fútbol no: el Barça ha perdido la cabeza del juego teniendo en sus filas al mejor jugador de la historia. La gran oportunidad empieza a malograrse. Grau es un modelo hombre-armario-dúctil al que la materia gris le funciona como un motor de 300 CV. Daba gusto verle hace pocos días en la Sala Ricard Maxenchs, presentando los balances y tocando el violín en cada pregunta comprometida del ámbito político: “Debemos mantenernos en La Liga, no modificaremos los parámetros de nuestro ebitda, el club seguirá siendo sostenible y ficharemos a Coutinho en enero”.

El 1-O

El Barça va de sobresalto en sobresalto y el último fue la aparición del presidente, Josep Maria Bartomeu, solo, como un político de raza, pero sin dotes dialécticas, ante las cámaras para denunciar la actuación de la Policía Nacional el 1-O. Las campañas incesantes de la prensa de Madrid pesan demasiado y puede decirse que el club se lo ha puesto todo en contra, incluida la Liga de Fútbol Profesional (patronal de los clubes) con Javier Tebas, su presidente, como el principal perro de presa​. El mostrenco madridista le aprieta las tuercas al club que pertenece al entorno soberanista y no parará hasta ver como la Real Federación Española expulsa al Barça de la competición doméstica española.

Sería mucho decir, pero Tebas lo intenta, mientras Quique Tombas y Óscar Grau mantienen la nave a flote con la idea y la cartera para fichar a Coutinho, el primero de enero con la apertura del mercado de invierno. Quique tiene la llave; Grau, el argumento: “Lo que defendemos es negociación, respeto y deporte”. La masa salarial del club no es el talón de Aquiles, pero sí la hipoteca de futuro para la sostenibilidad de la institución: el coste de la plantilla ha pasado del 66% de los ingresos al 80%.

Los resultados económicos

Los números salen y, sin embargo, hasta ayer, Enrique Tombas era un desconocido para el socio. A las doce en punto del pasado miércoles, y a pesar de la contraprogramación del comunicado —sin preguntas— de Mariano Rajoy en respuesta a la ceremonia de la confusión desatada por el president Puigdemont respecto a si había efectuado una proclamación de independencia, Quique Tombas se sentó en la sala de prensa para dar los resultados económicos de la temporada 2016-17.

Sin agradarse tanto como Javier Faus en su época, Tombas estuvo claro y eficaz en sus explicaciones. Quizá lo fue tanto que, al finalizar, pudo contabilizarse que ni una sola de las quince preguntas habían sido dirigidas al tesorero. Todas, absolutamente, tuvieron a Grau como destinatario.

Vuelve La Liga

La semana de la resurrección internacional de Leo Messi con la Albiceleste ha sido un trago letal con nada de fútbol y mucha intriga Madrid-Barcelona. El 10 blaugrana vuelve al equipo con un hat-trick a sus espaldas frente a Ecuador en Quito, un estadio por encima de 2.700 metros cuya tribuna levantada parece rozar el cráter del volcán Pichincha, la tubería de vapor natural más alta de la cordillera andina. Messi lo clavó, pero Argentina no reacciona ante equipos muy inferiores sobre el papel.

La Liga Nacional vuelve este fin de semana. El fin de semana del Pilar le ofrece el descanso a la política y a un estadio, el Camp Nou, que vive en el permanente estrés de una sociedad acostumbrada a volcar los contenciosos territoriales sobre el terreno de juego y el escudo del Barça. Esta temporada marca un antes y un después. Solo el resultadismo mantendrá a Bartomeu y su junta. El club más rico del mundo no sabe gestionar los vaivenes de su entorno político.