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Andrés Iniesta durante la última sesión de entrenamiento / EFE

El dolor de Iniesta

El futbolista azulgrana apura cada minuto de sus últimos encuentros con el Barça

12.05.2018 00:00 h.
3 min

Andrés Iniesta quiere disfrutar al máximo sus último momentos con la zamarra azulgrana. 672 partidos después, al centrocampista tan solo le quedan dos antes de decir adiós al Camp Nou y poner rumbo hacia un nuevo continente. Lejos de la que ha sido su ciudad desde hace más de dos décadas. Intentando que las emociones queden en un segundo plano cuando salta al césped, compitiendo hasta el último instante y ejemplificando en cada acción lo mucho que el aficionado al fútbol le echará de menos, el de Fuentealbilla no se va a perder los enfrentamientos ante Levante y Real Sociedad

Aunque el físico lleva semanas pidiéndole un respiro, Iniesta no puede ni quiere marcharse sin saborear cada aplauso que le brinda la afición, sea la del Barça o la de cualquier equipo al que ha visitado en las últimas semanas. El balón es su forma de decir adiós. Como ocurrió en el clásico ante el Real Madrid, el azulgrana tomó las preocupaciones necesarias y reguló su preparación para poder estar sobre el césped a pesar de las molestias que arrastra en el sóleo en las últimas jornadas y que ya hicieron que en Riazor tan solo disputase cuatro minutos. Este domingo, ante los de Zinedine Zidane, jugó 58. ¡Qué minutos!

Andrés Iniesta se retira del césped en un encuentro del Camp Nou

Andrés Iniesta se retira del césped en un encuentro del Camp Nou / FC Barcelona

"Lo he saboreado desde el minuto uno", apuntó tras el clásico. Días después, con homenaje incluido del Villarreal, Iniesta sentó cátedra y dejó muestras de su clarividencia única en el juego con una excelsa asistencia que Messi rubricó para poner en liza una fastuosa combinación que el Camp Nou dejará de tener la próxima temporada. No hay marcha atrás.

Con la decisión tomada y bien meditada, Iniesta dejará huérfano el dorsal ocho de una zamarra que siempre será la suya. Con el dolor emocional de una despedida que todos lamentan y la congoja de un físico que pide a gritos una pausa, el capitán azulgrana hace caso omiso a la lógica, conocedor que no hay micrófono que pueda expresar mejor sus sentimientos que cada balón que pasa por sus botas para salir en dirección a un compañero dispuesto a marcar un gol. Es su decisión, ese es su lugar y ese perseverante jugador es uno de los mejores de la historia del fútbol español.  

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