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El directivo del Barça Dídac Lee / FOTOMONTAJE CG

Dídac Lee, las redes de un Barça que se resiste a ser el cabeza de turco independentista

Él sabe que en la democracia oracular de nuestro tiempo o eres visible o no existes y, claro, es mejor lo segundo que lo primero, sobre todo si llueven chuzos de punta

7 min

La tibieza general de la junta de Josep Maria Bartomeu respecto a la independencia ha vuelto esta semana a la actualidad con la polémica de las pancartas en el partido de Champions. Dídac Lee, el miembro de la junta que menos pisa el palco blaugrana, es también el que conecta a nivel planetario la alta voz del club. Lee es el mohecín barcelonista en el amplio espectro de las redes donde se juega a ser o no ser en el siglo de las comunicaciones silentes pero duraderas.

Como es sabido, la ANC y Òmnium se personaron el pasado miércoles en el estadio con las pancartas de “Freedom” que estampaban los perfiles de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, ambos en Soto del Real acusados de sedición, tal como figura en un escrito de la magistrada Carmen Lamela de la Audiencia Nacional. La junta de Barto impidió su despliegue por imperativo de la UEFA, que es quien gobierna la Champions, a lo que el club accedió bajo la presión de una sanción que podría haber dejado al Barça fuera de Europa.

El nuevo significaco del 'més que un club'

Se repetía la situación del partido a puerta cerrada del pasado 1-O, el día de las cargas policiales en los colegios de la consulta. En aquella ocasión la oferta final del club fue la de jugar sin público en vez de no jugar, que hubiese significado un castigo de la federación española. Un castigo inasumible en términos deportivos, pero exigible por la peña que no entiende todavía hoy el significado del més que un club, aquel viejo lema del tardofranquismo que propuso Narcís de Carreras en su etapa de presidente interino del club, después de una final de Copa del Rey en Madrid (1968) en la que el Barça se impuso por 0-1 en un Bernabéu faltón que resumía todavía los peores vicios de los años del plomo.

Nadie podría convencer hoy a De Carreras de que aquel eslogan, fruto de una conversación improvisada, podría mantenerse. Y mucho menos si alguien pudiera contarle a aquel abogado largamente llorado la falsaria adecuación que se hizo del concepto en la etapa de Núñez, hasta llegar al errático momento actual. El Barça fue més que un club cuando el país no tenía parlamentos ni división de poderes. Pero pasó a ser el estrado del Visca el Barça, visca Catalunya de los lamentables Núñez, Casaus y Gaspart que confundieron las señales con la grandilocuencia de un grito más propio del nacionalfutbolismo madridista que de un club equidistante pero comprometido con el fondo, como es el Barça.

Los lazos de Vilarrubí y los convergentes

Ni el mismo Joan Laporta supo sacarse de encima la caspa del pasado de los furrieles de la construcción y la hostelería mediana. Mucho tiempo después, la tarde del 1-O, la decisión de jugar a puerta cerrada supuso la dimisión del vicepresidente Carles Vilarrubí, el hombre que ha liderado la trayectoria filosoberanista a lo largo de los mandatos de Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu. Fue un pretexto, pero se diría que Barto se ha sacado años de encima (también imaginación, la que le sobra a Vilarrubí).

Ahora, se cumple el tiempo suficiente como para ver el resultado de la incorporación de Jordi Finestres, responsable de comunicación en la etapa de Laporta, al lado de Puigdemont en el Palau de la Generalitat. Ya no están en el poder ni el president Artur Mas ni su jefe de gabinete, Vidal de Siurana, y claro no hay ninguna razón para que Vilarrubí sea la correa de transmisión presidencial en la llotja del Camp Nou.

TV3, en contra

Dídac Lee, el silencioso, vivió como toda la junta de Bartomeu el consenso de PDeCAT, ERC y las instituciones civiles junto al presidente del club en el momento de su nombramiento. Pero las cosas han cambiado mucho. Ahora el mundo indepe pasa factura al Barça por la falta de convicción de sus actuales directivos. En el lado de la agitación y propaganda lleva la manija Vicent Sanchis, que fue director de Barça TV en la fase final de Laporta. Sanchis ha puesto el Barça patas arriba en los últimos meses. Todo el departamento de deportes de la televisión pública catalana juega la carta del Govern y ha sido bastante fácil ponerle la proa a la junta de Barto. Quizá porque algún empresario propietario de un grupo de comunicación barcelonés y que ha perdido un importante contrato está apoyando ese proceder. De ahí el despiste de Lee, el miembro con menos visibilidad en estos momentos. Él sabe que, en la democracia oracular de nuestro tiempo, o eres visible o no existes y, claro, es mucho mejor lo segundo que lo primero, sobre todo cuando llueven chuzos de punta. Barto ha mantenido al club en los espacios de consenso catalanista, pero sin dejarse arrastrar al 1-O que exigían el Govern y el Parlament de Forcadell.

A la junta actual, sea como sea, le espera la del pulpo a la vista de la feroz militancia de los jóvenes bárbaros que asolan las calles y las gradas del Camp Nou cada vez que la ocasión lo requiere. Las huestes de Puigdemont consideran a Barto (igual que a Sandro, inquilino de Soto del Real) y al resto de la junta unos simples continuadores del nuñismo. El procés, o lo que queda de él, avanza en abierta hostilidad con el club de sus amores.