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Los jugadores del Atlético festejan el título obtenido en Lyon; la Champions deja sin pastel a la Europa League / EFE

La Champions deja sin pastel a la Europa League

El reparto económico desigual entre ambas competiciones genera preocupación entre los clubes participantes

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"A día de hoy, la Europa League es una mierda". Tan tajante como conciso. Sin eufemismo ni circunloquio. Directo a portería. Sin pudor alguno, Gabi Fernández definió de dicha forma un trofeo que meses más tarde acabaría levantando en Lyon como capitán del Atlético de Madrid. La alegría del título cosechado no tapó la resignación por no estar compitiendo en la Champions League. La madre de todas las competiciones. Un hálito de dinero por el que pugna todo el viejo continente.

Basándonos en realidades, la diferencia entre competir en la Champions o en la Europa League es abismal. Más allá de la notoriedad, prestigio o reputación de cada torneo, ni hacerse con el cetro de campeón de la antigua Copa de la UEFA sirve para paliar el perjuicio económico que supone quedarse fuera del selecto grupo que pugna por ser campeón de la Copa de Europa. Que se lo digan, si no, a Atlético o Sevilla, los grandes dominadores en la última década de un torneo que no compensa el ahínco necesario para conquistarlo.

Diferencias considerables

Calculadora en mano, ante la inminente llegada del mercado estival, muchos son los clubes que hacen cábalas para poder formar una plantilla competitiva que cumpla los requisitos exigidos por el técnico en cuestión y la dirección deportiva. Es en estos momentos, en el cierre de la campaña, cuando las entidades echan la vista atrás, hacen números y se encuentran con el regocijo o la aflicción de haber participado o no en la última edición de la Champions League.

Analizando la retribución o recompensa que ofrecen tanto Champions League como Europa League, las diferencias son más que evidentes y cada vez son mayores. Sin entrar a escudriñar los resultados o la capacidad competitiva del equipo en cuestión, simplemente por el hecho de participar en el principal torneo europeo cada conjunto obtiene 12,70 millones, mientras que en la antigua Copa de la UEFA tan solo 2,60 millones. De entrada, la diferencia ronda los 10 millones.

Un aficionado posa en un rincón de Kiev

Un aficionado posa en un rincón de Kiev antes de la final de la Champions League / EFE

Una vez inmersos en la competición, ahí si que importan las capacidades de cada participante, las desigualdades entre lo que logran económicamente unos y otros con las victorias tampoco tienen color. Aumentado la diferencia a medida que avanzan las rondas (en cuartos de Champions el triunfo se paga a 6,5 millones de euros; en la Europa League a tan solo un millón), el premio final no da lugar a dudas y ejemplifica dicha oposición.

El fracaso se impone al éxito

Un claro ejemplo de la situación es el Barça de Ernesto Valverde. Apeado en cuartos de final por la Roma, sin poder acceder a las semifinales, los azulgranas se embolsaron 25,7 millones de euros --relativos a los 12,7 millones por participar, los 6 millones por pasar a octavos y los 7 millones obtenidos tras cuatro victorias y dos empates-- simplemente en la primera fase. Un botín que supera con creces el que puede obtener el equipo campeón, que debe disputar nueve encuentros más, de la Europa League.

Mientras el campeón de dicha competición puede abonarse un total --si realiza el camino perfecto-- de 15,71 millones de euros, su homólogo en la Champions League puede hacer lo propio con 57,20 millones, una diferencia incuestionable que hace irrebatible que futbolistas como Gabi tengan tan claras sus preferencias a la hora de competir por el viejo continente. No todo vale en Europa.