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Carme Forcadell en la edición de 2016 de la Supercopa de Cataluña

Cataluña pierde sus grandes citas deportivas en el peor momento

Las finales catalanas de básquet y fútbol y el tradicional partido de Navidad de la selección se aplazan justo cuando el soberanismo necesita hacer más ruido

8 min

Poco, por no decir nada, va a entrar en campaña el deporte catalán para el 21D. Sus tres grandes citas deportivas del año, las más importantes que organizan cada temporada las federaciones catalanas, o sea, las finales de baloncesto y fútbol, y el tradicional partido de Navidad de selecciones en el Camp Nou que se debían disputar ahora, han sido aplazadas por primera vez en la historia en un mismo año, justo cuando más necesitado está el independentismo de encuentros de este tipo para lucir y reivindicar el gen catalán.

Nadie se puede explicar semejante desastre político-deportivo para los intereses soberanistas. Sobre todo, desde la Secretaría General del Deporte de la Generalitat de Cataluña, presidida por Gerard Figueras, que con un interés oportunista para convertir estos partidos en portavoces públicos del independentismo, y ahora de libertad para los exconsellers y los Jordis, no entiende cómo las federaciones de estos dos deportes han aceptado el aplazamiento de los encuentros sin una respuesta enérgica para su interés.

Fiesta del fútbol

El aplazamiento del partido navideño de selecciones ha sorprendido a propios y extraños. La selección catalana de fútbol ha disputado más de 200 partidos internacionales en su historia y no hacerlo ahora, cuando tocaba para algunos instrumentalizar por todo lo alto la fiesta del fútbol catalán, ha molestado a más de uno.

Era habitual en ediciones anteriores que, a falta de dos meses para que se disputase el partido, todavía se desconociese su horario (día y hora) y el rival al que se enfrentaría la selección catalana. Pero, al final, siempre se encontraba un contrincante, fuese Túnez, País Vasco, Cabo Verde, Honduras o Nigeria, rivales de los últimos años.

La selección catalana de fútbol posa antes de uno de sus partidos internacionales en Navidad / EFE

La selección catalana de fútbol posa antes de uno de sus partidos internacionales en Navidad / EFE

El problema en esta ocasión es que la habitual negociación que la Federación Catalana de Fútbol (FCF) ha llevado a cabo con algunos países para enfrentarse a Cataluña coincidió con el momento convulso del procés. La presión que desde la Generalitat se ejerció para que la FCF se sumase a esa declaración unilateral de independencia no sentó bien en el organismo catalán, que siempre ha seguido las indicaciones de la Secretaría General del Deporte de la Generalitat, pero que acata las órdenes que llegan desde la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), como integrante que es y buena imagen que goza en la nacional.

Ante este panorama, bajo un ambiente tenso y crispado en lo político, la obligatoriedad de tener que programar el partido entre el 23 de diciembre y el 2 de enero, y la dificultad de encontrar una selección disponible que ocupase una de las 50 primeras posiciones del ranking FIFA, condición ahora que buscaba la FCF cuando en otras ocasiones no fue necesario, acabó desestimando la búsqueda. Decisión que no supuso ningún trauma para el fútbol catalán, pero si golpeó, y fuerte, las esperanzas de políticos, organismos y asociaciones interesados en instrumentalizar políticamente el encuentro.

Supercopa de Cataluña

No jugar en Navidad romperá dos décadas de partidos internacionales, con excepción del 2006, que se jugó en mayo y octubre, pero además se sumará a otro aplazamiento igual de doloroso: la recién creada Supercopa de Cataluña, otra oportunidad para hacer bandera con el deporte catalán que se va al traste. La final entre el FC Barcelona y el RCD Espanyol que organiza la FCF debía jugarse el 13 de diciembre, pero los horarios de la Liga en esas fechas impidieron mantener la idea inicial. Ahora se propone jugar el partido el 7 o el 14 de marzo en el campo del Lleida, aunque ello quedará en suspense también a la espera de conocer el sorteo de los octavos de final de la Liga de Campeones, en el que muy probablemente entrará el Barça.

La guinda del pastel de los aplazamientos la puso hace unos días el baloncesto. Esta vez a requerimiento de la Federación Española de Baloncesto (FEB), que decidió aplazar sine die la final de la Lliga Catalana, prevista para el 26 de noviembre en Reus entre el Barcelona Lassa y el MoraBanc Andorra. La FEB había solicitado en diversas ocasiones que el partido se suspendiese o cambiase de fecha, en cumplimiento de calendario oficial aprobado por su asamblea general. La federación catalana ha argumentado que antes de suspender la final de baloncesto se intentó gestionar hasta el último momento y en diferentes instancias su celebración, pero que si finalmente no ha podido ser, en contra de su voluntad.

El FC Barcelona con el título de la Lliga Catalana de baloncesto 2016 / EFE

El FC Barcelona con el título de la Lliga Catalana de baloncesto 2016 / EFE

Tres aplazamientos que nadie hubiese imaginado en las circunstancias políticas actuales. Y más sabiendo la importancia mediática que está teniendo para las huestes independentistas, como la Plataforma Pro Seleccions Esportives Catalanes, todas las actividades de los deportistas que defienden el escudo de Cataluña, por lo que se hace todavía más incomprensible haber llegado a esta situación.

Por eso, hay quien acusa de estos aplazamientos al Estado español, al fin y al cabo, Gerard Esteva, presidente de la Unió de Federacions Esportives de Catalunya (UFEC) y del oficioso Comité Olímpic de Catalunya (COC), ha denunciado en distintos medios el supuesto boicot y el incremento de conflictos entre las federaciones catalanas y españolas. Otros, en cambio, lo ven como la voluntad de no mezclar deporte con política e, incluso, hay quien piensa que desgraciadamente se ha perdido una oportunidad inmejorable para hacer campaña a través del deporte por el desinterés de unos cuantos. Llegados a este caso, ya es cuestión de interpretaciones de cada uno.