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Andrés Iniesta, levantando el título de la Copa del Rey el pasado sábado / EFE

Andrés Iniesta, el canterano perfecto

El jugador manchego se marcha del Barça tras 22 años en el club y 31 títulos con el primer equipo

5 min

Fin a rumores y especulaciones. Fin a 22 años de magia y magisterio. Fin a una trayectoria exitosa e inmaculada. Andrés Iniesta se va. Este mediodía, el “jugador de fútbol”, como siempre quiere que se le recuerde, ha confirmado que hace las maletas para iniciar su última aventura lejos, muy lejos, de los campos donde todo el mundo le ha adorado y siempre le adorará.

Iniesta se marcha siendo vinicultor, empresario y accionista. Pero, sobre todo, futbolista, con una hoja de servicios en el Barça y el fútbol español que da vértigo. En sus 16 temporadas con el primer equipo azulgrana (2002-2018), el manchego no ha dejado de acumular éxitos como futbolista. Solo Messi le iguala en los 31 títulos de su currículum culé, donde destacan ocho ligas y cuatro Champions League, además de seis Copas del Rey, siete Supercopas de España, tres Supercopas de Europa y tres Mundiales de Clubs.

Un paso adelante

La vida futbolística de Iniesta solo se entiende con el control del balón en los pies, que tanto ha cautivado en el Camp Nou, como con el control que siempre ha mostrado para tomar las decisiones más importantes de su carrera. Lo hizo el 16 de septiembre de 1996 cuando con tan solo tenía 12 años, sus padres le llevaron desde Fuentealbilla a Barcelona en un Ford Orión. Aquel día su vida cambió de la noche a la mañana. “La noche más triste”, cuenta Iniesta en el libro La jugada de mi vida escrito con la colaboración de Ramón Besa y Marcos López, pasando el trago amargo de separarse de su familia, pero con la ilusión de iniciar una aventura que empezó en un torneo alevín con el Albacete cuyo fútbol enamoró a los técnicos del Barça.

Andrés Iniesta, en uno de los últimos entrenamientos de cara a la final de la Copa del Rey / EFE

Andrés Iniesta, en uno de los últimos entrenamientos de cara a la final de la Copa del Rey / EFE

Don Andrés ni en sus mejores sueños pudo imaginar aquella noche que dos décadas después iba a ser el jugador más querido del fútbol español. No solo de la parroquia culé, sino de toda España, rendida a sus pies, por los siglos de los siglos, tras su famoso gol del Mundial de Suráfrica con la selección española. Fue con Vicente del Bosque, aunque en su recuerdo estará Louis van Gaal, quien le hizo debutar a los 18 años en el primer equipo el 29 de octubre de 2002 en Brujas. Un estreno que había cuidado hasta el último detalle su primer mentor, Serra Ferrer, que con 16 años ya lo hacía entrenar con el primer equipo sin saber que en las piernas de ese tímido manchego se escondía una carrera repleta de asistencias, goles, títulos y elogios.

Cara y cruz

A golpe de balón consiguió convertirse en el canterano perfecto. O casi. Solo le faltó ser catalán, pero no importó. Fue el jugador con el que todos los niños sueñan, porque su fútbol y su personalidad le permitieron crecer tanto en el club que consiguió convertirse en el legítimo heredero de Puyol y Xavi, dos mitos del barcelonismo moderno. Por el camino, cientos de triunfos, como en 2009, con su gol histórico en Stamford Bridge ante el Chelsea al filo del encuentro, cuando las esperanzas azulgranas de llegar a otra final de Champions se disipaban. Pero también alguna que otra decpeción, con las malditas lesiones que en algún que otro momento le hicieron perder esa confianza que siempre necesitó para demostrar quien es.

Pero a Iniesta no se le recordará por una mala cara, por un mal pase, por una mala palabra. Al gran capitán del FC Barcelona se le recordará por su elegancia y plasticidad, por su humanidad y compañerismo ("Dani Jarque siempre con nosotros"), por su sencillez y sinceridad. La pena es que no se marche ni con botas, balones ni cualquier otro galardón de oro. Inmerecido para un jugador genial, único, sobresaliente. Un mago del balón.