Menú Buscar
El Barça-Las Palmas se disputó a puerta cerrada / EFE

El 1-O deja contra las cuerdas a Bartomeu y abre una crisis interna en el Barça

La decisión de disputar el encuentro a puerta cerrada genera una oleada de críticas y se salda con la dimisión de dos directivos

6 min

Resultará francamente difícil seguir entonando aquello de més que un club. La frase por excelencia que tanto había acompañado al Barça en la última década ha perdido más valor que nunca. Aquel club que sorprendía al mundo con gestos que nada tenían que ver con el balón, ha ido perdiendo de forma paulatina su rúbrica hasta acabar firmando este domingo, 1 de octubre, una de las jornadas más funestas de la historia de la entidad.

No se trata del qué sino del cómo. Un Camp Nou que durante tanto tiempo fue el mejor altavoz para expresar la voluntad de una parte de la ciudadanía de Cataluña, se quedó en silencio este domingo. En el peor y más trascendente momento. Y lo hizo por el enésimo dislate de una junta directiva incapaz de estar a la altura de las circunstancias, siempre con alegatos y argumentos que suenan a excusas poco creíbles, y que una vez más ve muy cerca su final.

Se amagó con la suspensión del encuentro ante Las Palmas, vista la situación tan compleja que se vive en Cataluña, pero una simple advertencia en forma de penalización, según Josep Maria Bartomeu, pues la Liga advirtió de que dicha decisión supondría la pérdida de seis puntos, bastó para acabar con aquel sentimiento nacionalista que tanto pregonó el club en los últimos meses. La entidad que tanto apoyo había mostrado a la democracia, la libertad de expresión y el derecho a decidir falló en el día clave. De nada vale ahora ser el primero en sacar comunicados ante la mirada atónita de una afición desencantada y ávida de explicaciones.

Un sinfín de despropósitos

Que el Barça acabara jugando contra Las Palmas a puerta cerrada es fruto de un cúmulo de despropósitos dignos de una película de ciencia ficción. Que el encuentro de la séptima jornada de Liga coincidiera con el referéndum convocado no debía suponer ningún problema, dilucidaban desde el club a lo largo de las últimas semanas cuando se cuestionaba la seguridad del partido.

Los aficionados que se quedaron a las puertas del Camp Nou

Los aficionados que se quedaron a las puertas del Camp Nou / EFE

Conocedores de lo enrevesada que era la situación, la reacción solo apareció en la misma matinal del partido. A horas vista del enfrentamiento, las prisas se apoderaron de una directiva superada por las circunstancias. Mientras buena parte de la afición azulgrana solicitaba la suspensión del encuentro (así lo hicieron las federaciones catalanas de fútbol y patinaje) para garantizar la seguridad durante el duelo, la responsabilidad de la decisión cayó única y exclusivamente en una junta que buscó contentar a todo el mundo y acabó logrando todo lo contrario con la pérdida de dos directivos y del poco apoyo del que disfrutaba.

Los jugadores dan la espalda a Bartomeu

Solicitada la suspensión a La Liga --el organismo no quiso ni oír hablar del tema--, el Barça se encontró en una coyuntura de la que salió mal parado. Ante la advertencia del campeonato de penalizar a los de Ernesto Valverde con la pérdida de seis puntos si se negaban a jugar, frente a un Las Palmas que lejos de esconderse buscó en el Camp Nou un altavoz para reivindicar su apoyo a la unidad de España, primó más el miedo de perder una Liga en un intento de decisión salomónica sin éxito.

Los jugadores del Barça celebran el primer gol de Sergio Busquets

Los jugadores del Barça celebran el primer gol de Sergio Busquets / EFE

En una situación realmente complicada, la brecha existente entre buena parte de la plantilla y Bartomeu se ha evidenciado una vez más. A excepción de Gerard Piqué, que aprovechó la matinal para votar, el resto de los componentes del equipo se negó a suspender el encuentro y expresó su voluntad de disputar el partido, tal y como ocurrió. 

Una crisis interna

Junto a la fisura evidente entre Bartomeu y los jugadores, al presidente del Barça la decisión tomada le está costando una crisis interna entre los miembros de la junta. Ni las repetidas explicaciones que dio en privado, las mismas que expresó hasta la saciedad en diferentes medios antes, durante y después del partido ("lamentamos lo que ocurre en Cataluña y estamos muy preocupados. Hemos decidido jugar a puerta cerrada para que se vea que nada tiene que ver con la normalidad, que quede para la historia que vivimos una situación excepcional"), sirvieron para paliar la colisión que ya cuenta con tres dimisiones.

Carles Vilarrubí, vicepresidente de relaciones internacionales e institucionales y Jordi Monés, comisionado del Barça Hub, presentaron su renuncia a ocupar un puesto en una junta que más allá de perder miembros también ha extraviado el apoyo de todos aquellos aficionados que en algún momento creyeron que el Barça sí podía ser més que un club.