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Juan Manuel, tras perder 172 kilos de grasa / El Español

El gaditano que perdió 172 kilos entra a quirófano para quitarse los 40 que le sobran de piel

El joven de 30 años llegó a pesar 307 kilos que le impedían hacer cualquier tipo de vida

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Juan Manuel es un joven gaditano que llegó a ser la persona más obesa de España. A los 12 años pesaba 166 kilos y su vida ha estado marcada por el sobrepeso. El joven asegura que se sentía preso dentro de su propio cuerpo y lamenta que muchas de las actividades que los niños pequeños realizan durante la infancia quedara excluido por su peso. 

Un día Juan Manuel decidió poner fin a su obesidad extrema, cuando tenía 30 años. Llegó a pesar 307 kilos y no podía salir de casa. El doctor Ballesta, del hospital Inmaculada de Granada le advirtió que le quedaban seis meses de vida si seguía con sus hábitos alimenticios. De ese modo, Juan decidió someterse a una operación en la que le introdujeron un bypass gástrico de asa larga. Tras dos horas y media de intervención salio del quirófano y empezó su nueva vida. Con el paso de los meses, redució su peso de 307 kilos a 135, en total 172 kilos de grasa. 

Ahora tras su metamorfosis, JUan debe someterse a otra cirugía para extraerle los restos de piel y pellejos que le quedan por su antigua obesidad. En total se calculan que serán 40 kilos de piel, y su peso rondara los 95 kilos. De esta forma podrá tener una vida normal, hacer ejercicio y llevar una vida sana y una dieta equilibrada. Antes de operarse, su rutina consistía en levantarse a la hora del almuerzo, comer y acostarse otra vez. Juan Manuel repartía su tiempo entre la cama y el sofá, entre la televisión y los videojuegos, entre comida y comida. “Una vida de vago”, reconoce.

“Antes no me daba cuenta de lo que era, del peso que llevaba, pero desde que me operé fui consciente de que vivía una vida privada de todo”, reconoce el gaditano. “Los kilos me han privado de ir a la playa, de ir a la piscina, de ir al cine porque no cabía en los asientos, de montar en moto, de no poder subirme en un coche...”.

José Manuel le debe mucho a Aroa. Ambos se conocieron hace nueve años, cuando él pesaba 270. “Nunca me importó su gordura”, confiesa ella. “Y le he dedicado a él más tiempo que a mi propia hija —sentencia—, aunque nunca me importó”. Ella le ha atado los cordones, le ponía los zapatos, lo aseaba después de ir al baño, lo lavaba y un largo etcétera.