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La historia de Lobo, el perro que aprendió solo a empujar la silla de ruedas de su dueño

"¿Cómo podría no amar hasta el infinito a esta criatura de Dios que me trajo de vuelta la alegría de vivir y de sentir que no todo estaba perdido?"

4 min

Siempre se ha dicho que el perro es el mejor amigo del hombre, y en este caso no podemos estar más de acuerdo. Esta es la historia de amistad entre Joao y Lobo, un hombre y su perro, ambos de la ciudad de Taiobeiras (Norte de Minas de Gerais, Brasil).

Hace dos años, aproximadamente, la vida de Joao cambió por completo. Un accidente de motocicleta le hizo perder la movilidad en sus dos piernas y desde entonces ha necesitado de una silla de ruedas para poder desplazarse.

Tras el accidente y el diagnóstico recibido, Joao cayó en una profunda depresión. La mera idea de no volver a caminar jamás y tener que depender de una silla de ruedas no le fue fácil de asimilar. Fueron unos momentos muy duros tanto para él, como para su familia, pero juntos lo fueron superando poco a poco.

Un buen día, la familia de Joao decidió que era un buen momento para adoptar a un perro de la calle, de darle un hogar. Y un buen momento para que Joao dejara de estar sólo.

Lobo, que así pusieron de nombre al perro, se ganó día a día el amor y la confianza de Joao hasta convertirse en una pareja inseparable --en el más estricto sentido de la palabra--. Joao y Lobo lo hacían todo juntos.

En uno de los paseos que ambos realizaban juntos, Joao se encontró atascado subiendo una acera de difícil acceso para silla de ruedas, impotente, ante la imposibilidad de pedir ayuda a nadie, pues no había nadie a su alrededor. De pronto, notó que alguien empujaba la silla de ruedas para ayudarle a subir el escalón y rápidamente se percató de que era nada más y nada menos que su perro Lobo. El perro pareció entender perfectamente lo que su dueño necesitaba y sin mayor explicación lo hizo.

Joao no podía creer lo que había sucedido, ya que nunca nadie le había enseñado a hacer eso.

"Toda la complicidad ya existía entre nosotros, pero lo que hizo Lobo aquel día y que le salió a él sin que nadie se lo pidiese, ayudarme de aquella forma a salir de aquella acera de la que yo no hubiera podido salir sólo, fue algo realmente conmovedor".

Desde ese momento, cada vez que salen juntos de pase, Lobo se lo toma como un juego y no duda en socorrer a su dueño siempre que éste lo necesite. Cuando se cansa, simplemente continúa caminando a su lado.

"Él es mi mejor amigo. Allá donde yo voy, él viene conmigo y siempre está dispuesto a ayudarme. ¿Cómo podría no amar hasta el infinito a esta criatura de Dios que me trajo de vuelta la alegría de vivir y de sentir que no todo estaba perdido?".

Todo un ejemplo de superación y amistad incondicional realmente inspirador.