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Xavier Sardà, periodista / EUROPA PRESS

Xavier Sardà: “A mí me gusta agradar, pero también me gusta desagradar”

El periodista reflexiona sobre Cataluña, la Unión Europea, el Covid, las vacunas y habla de su libro 'Intercambio de vidas'

11 min

Xavier Sardà (Barcelona, 1958) es un periodista con una clara vocación de informar y entretener. Así lo ha hecho durante toda su carrera tanto en prensa, como en televisión y en radio.

Procedente de una familia numerosa, perdió a su madre cuando apenas tenía 8 años. Su hermana Rosa Maria Sardà ejerció el papel de matriarca y eso le marcó. Pese a todo, el presentador no perdió su sentido del humor.

'Intercambio de vidas'

Sus intervenciones como comentarista político en programas de televisión y sus columnas de opinión también desprenden esa sorna que le caracteriza y sus libros no son menos. El último, Intercambio de vidas (Editorial Espasa), lo ratifica.

Sardà ofrece una serie de relatos breves donde imperan el humor y el surrealismo, pero cargados de imágenes cotidianas: la pandemia, las vacunas, Cataluña… Y es que, por mucha ficción que intente hacer no deja de estar conectado con la actualidad.

Libro 'Intercambio de vidas' / ESPASA
Libro 'Intercambio de vidas' / ESPASA

--Pregunta: ¿El libro surgió durante la pandemia?

--Respuesta: Lo escribí durante el confinamiento duro y dos meses después.

--O sea, que la pandemia le inspiró.

--Bueno, estábamos encerrados, no podíamos hacer nada y escribir es una satisfacción íntima. Acostumbrado a tantos años de radio y tele, escribir es el acto de individualidad por excelencia.

--¿Qué obsesión tiene con los médicos y la tecnología? Los menciona mucho en el libro.

--A los médicos desearíamos no necesitarlos, pero si ellos estudian la carrera es porque saben que acabarán teniendo clientes. Y la tecnología me gusta, incluida la de pacotilla y la que te cambia la vida.

--Pero habla de física cuántica en una historia.

--Sí, la del cuento de ese loco… Hay gente muy analítica y de golpe y porrazo les da un brote y se vuelven locos.

--¿Cómo se le ocurren ideas como la historia del paciente en la sala de espera que aguarda por un diagnóstico?

--¿Cuánta gente no se ha encontrado en esa situación? Hay un momento que esperas a que te digan si blanco o negro, si todo o nada, si cáncer o no. Estas situaciones atómicas son tremendamente literarias y cinematográficas. Pero de este cuento, en cambio, él es el único que se salva, él y la recepcionista (ríe).

--También se le ve experto en menús. En una de las historias detalla uno con pelos y señales.

--En Lima (Perú) hay una mezcla de comida autóctona con fusión japonesa, completamente vanguardista. Yo estaba en uno de estos restaurantes y ¿sabes qué pasa? Que cuando uno es de barrio es de barrio, y no soporto que cuando alguien habla venga un señor y recite un plato como si fuera Núria Espert en Yerma. ¡Dame una tarjeta, leches, pero no me cortes! ¡Poned una tarjeta encima de la mesa! En un menú degustación no paran de venir. Y en mi cuento es un menú muy particular en el que cada plato es especial y cada uno es el antídoto del anterior.

--El libro, hablando de esto, parece casi un ataque a la clase alta, ya que ellos parece que son los que acaban más perjudicados en estos cuentos.

--Sí… Están los multimillonarios que quieren tener el Covid sí o sí, y se lo envían en una mula; es decir un ser humano que les trae el virus intacto al hotel Ritz porque quieren tener el virus de los millonarios. Pero es que hay gente muy snob ¿eh? A mí me cautiva la gente de clase alta, semiaristocrática y ultrapija que ven normales cosas que la gente común de barrio no. Insisto, si tú eres de barrio no te puedes volver pijo. Ser pijo es nacer en un determinado lugar, tener un determinado lenguaje y, sobre todo, estar obligado desesperadamente a hacer ver que eres feliz.

--¿Como obligación?

--Absolutamente. Todo es “fenomenal” (pone voz de pijo). Y hay pijos de todo tipo, los hay que trabajan, pijos que no tienen trabajo. Tienen una forma de hablar... (imita de nuevo el tono).

--Pero usted se junta con esa gente. ¿Le han tirado de las orejas?

--¿Yo? No he tenido contacto.

--¿Se sigue sintiendo de barrio?

--No puedo ser pijo, porque es como de pedigrí. Hay perros mil-leches cojonudos, pero nunca serán de pedigrí. No, por más que lo intentes, no. Josep Pla, en su entrevista con Joaquín Soler Serrano, que me la sé de memoria, decía una cosa maravillosa. (Imita a Pla) “Cataluña es una democracia perfecta. La Iglesia hace nacimientos, bodas y defunciones. Muy importante. No hay aristocracia. En Cataluña hay la figura del encargado, tiene una idea y un pequeño fajo de billetes”. Entonces hace una pausa y dice: “Por eso los catalanes son eminentemente groseros” (ríe tras imitarlo).

El presentador y periodista Xavier Sardà / EP
El presentador y periodista Xavier Sardà / EP

--Usted también habla de Cataluña en su libro incluso cuando se refiere a la obesidad.

--Sí, en el estado de emergencia contra la obesidad.

--“Parece que Cataluña tiene un concepto de obesidad distinta”. ¿Es una indirecta?

--(ríe). A mí me gusta hablar de Cataluña porque, pese a que haya personas a las que que no les guste, en Cataluña hay gente como yo. Además, me pasa que a mí me gusta agradar, pero también me gusta desagradar. Si no, no escribiría como escribo ni me manifestaría como lo hago. Yo doy mi opinión como la dan otros, pero desde una perspectiva diferente, pero tengo el mismo derecho a hacerlo que ellos.

--De hecho, usted genera todo tipo de reacciones.

--Es que está el patio… Por cierto, me gusta mucho Cercas.

--¿Como vive esta situación que sufrió el escritor con el famoso vídeo en Extremadura?

--Me gusta mucho Cercas.

--¿Ha sufrido este tipo de reacciones?

--Yo no tengo redes sociales. Me importa un pito. Bueno, ahora han hecho un perfil del programa de TVE, Obrim fil. Pero no me interesa, ni la miro. Me he pasado toda la vida opinando y cobrando por opinar, no me queda más para decir que todo lo que digo en las teles, en las radios, los diarios en los que escribo… No me interesa nada.

--¿Y los negacionistas le interesan?

--Esto arranca de la escuela. En tercero elemental, que era un curso muy duro. Están los testigos de Jehová, gente que cree en fantasmas, pero los negacionistas, ¿qué niegan? Requieren un tratamiento fuerte o ingreso.

--¿Usted se vacunó ya?

--Sí, de AstraZeneca. A ver qué pasa con la segunda toma. ¡Un desastre! Europa lo ha hecho fatal comprando las vacunas. Fatal que cada país tome decisiones sanitarias distintas. ¡Una mierda colosal! Lo que sí saben es comprar folios para que los tecnócratas riñan a cada uno de los países de la Unión Europea desde el punto de vista económico. Mire, escuche, ¡que traigan ya el dinero de una vez, déjense de hostias y el año que viene negocien mejor la compra de vacunas! Pero bueno, por suerte la gente se va vacunando.

--¿Cree en la conspiración de los intereses económicos, de las farmacéuticas?

--Con las farmacéuticas lo que no puedes es hacerte el chulo como hizo la Unión Europea diciendo “a mí no me tomarás el pelo”. Y ellas: “¿Ah sí? Israel, toma. Reino Unido tenga su propia vacuna. Estados Unidos, tengan”. Y, mientras, la UE quedamos como unos perfectos incompetentes a la hora de gestionar a los laboratorios. Los laboratorios serán criticables, ¡pero son ellos los que hacen las vacunas! (ríe) Si las hiciesen las bibliotecas sería fantástico. Lo que no se puede es pedir que hagan vacunas y luego acusarlos de malos. Vamos por orden, negociad como Dios manda.

--¿Esto puede perjudicar a la imagen de la Unión?

--Evidentemente. Pero la percepción que tenemos en el sur de Europa de la UE es óptima. En Alemania y Francia son mucho más críticos, y no digamos Holanda. Pero es que aquí, no tenemos otra. La UE es deprimente, es depresiva esta falta de competencia. Y los hombres de gris van haciendo luz de gas a los países diciendo que se porten bien, si no, no mandan el dinero. Qué dices, ¡o lo envían o métanse el dinero por donde les quepa!