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El actor Secun de la Rosa / TONY MATEY

Secun de la Rosa: “Me gustaría volver a ver esa Barcelona pionera y referente en el teatro”

El actor y dramaturgo presenta en Madrid un homenaje a los héroes anónimos de la capital catalana

11 min

Secun de la Rosa (Barcelona, 1969) está en la sala Mirador de Lavapiés, en pleno centro de Madrid, con Las piscinas de la Barceloneta, una obra que, más allá de su referente geográfico, es una reivindicación de cierta libertad artística de la Barcelona de 1977.

El dramaturgo se siente orgulloso de que una obra tan personal haya adquirido tal magnitud. Desde que se estrenó, el boca a oreja la ha hecho crecer y el mensaje ha calado.

Homenaje

El montaje es un monólogo que transita por la comedia dramática contemporánea y se convierte homenaje a la poética de luchadores y libertarios, de héroes anónimos de la Barcelona del Paral·lel, de la revista, de la Cúpula Venus.

El actor se fue a Madrid, pero recuerda esa Ciudad Condal incandescente, esos personajes que, en una época más que difícil, se subían a un escenario para defender su libertad. Una ciudad a la que quiere, echa de menos y a la que le desea lo mejor, sobre todo, en el ámbito teatral.

Cartel de 'Las piscinas de la Barceloneta'
Cartel de 'Las piscinas de la Barceloneta'

--Pregunta: ¿La obra es autobiográfica?

--Respuesta: No sé si es tan autobiográfica como pueda parecer. De hecho, me alegra que en esta obra y en el resto que haya escrito se piense eso, porque creo que es señal de que tienen algo de verdad. Lo que sí tiene esta obra es que mezclo personajes reales con el mío, que es una mezcla de varios, y por tanto, ficticio. Además, lo meto en un barrio real y que conozco que bien, pero Sebastián no tiene nada que ver conmigo.

--¿Cuál fue el germen?

--A mí me gusta hablar de personajes anónimos y que te emocionan en el día a día. Me llaman mucho la atención también las corrientes familiares. Asimismo, en la dramaturgia contemporánea creo que faltan obras que le den valor a la palabra, y a mí me interesa hacerlo. Yo soy apasionado de Tennessee Williams, Chejov, Miller. Amo la palabra como hecho transformador de la escena. Y lo imaginario. Asimismo, me encanta hablar del presente, y eso incluye de la década de los 70 hacia aquí. A partir de allí, me apetecía hablar de lo políticamente correcto, no desde hoy, sino desde el 77, cuando también ocurría. Este susto que hay ahora de la violencia homófoba, por ejemplo, ya estaba. Y me lo han contado. Lo que pasa es que ahora se graba en móvil.

--¿Descontextualizarlo evita que muchos le acusen de teatro ideológico?

--Exacto. Lo que cuento es contemporáneo, pero lo hago contando el ayer, la historia de nuestros padres. Desituarlo me encanta. Lo he hecho también con mi película El cover. Al hablar del Benidorm de antes, aprovecho para hablar de los que copian, de los que imitan, si es arte o no. Hablas de ahora, desdibujándolo un poco.

--¿Cómo fue el paso a escribir sus propias obras y películas?

--Siempre he escrito mis piezas cortas, mis cosas. La primera herramienta era yo. Empecé como actor, por eso. Luego ves que lo que te apasiona es contar historias, sea interpretándolas, escribiéndolas, dirigiendo.

--¿Cómo le pesa lo políticamente correcto a la hora escribir?

--Creo que ahora se pone demasiado el acento en la palabra. Y sí, sucedió al escribir la obra. En la Barceloneta, en el año 77, a la última piscina que había al final del paseo se la conocía como la de las putas y maricones. Yo lo escribí con cierto tono romántico e incluso poético. Y sí, al ver el montaje, como pasa con algunas canciones, hay gente que se escandaliza porque dice que es despectivo. Estamos hablando del año 77, y sería una osadía por mi parte hacer decir a los personajes “esta piscina estaba llena de homosexuales y prostitutas”, cuando mi voluntad es ser realista con la época. Ya no es tanto el significado, sino que el acento se ponga en la palabra. Y lo he notado mucho en la obra.

--La obra habla de una Barcelona en la que parecía respirarse más libertad. Y ahora también se usa mucho esta palabra en muchos y muy distintos contextos. ¿Se ha pervertido el uso de la palabra libertad?

--Es una cosa que requiere un análisis que a mí se me escapa. Pero después de estudiar la Barcelona de esa época, ves que la manera en la que todos se relacionaban era por una búsqueda absoluta de la libertad. Lo loco es que antes había un ambiente mucho más homófobo, aunque la gente también veía que las putas y maricones eran los que también defendían su lucha contra la explotación, compartían reivindicaciones sociales. Ahora, noto que cuidamos mucho más la palabra aunque parece que tengamos que dividirnos en dos, víctimas o verdugos. Ahora todo ofende, y eso nos quita adultez. En los 70, las mujeres y los hombres se desnudaban en las revistas y en otros sitios, donde igual lo hacían de una forma más burda vista desde ahora. En cambio, en la actualidad luchamos para mostrarnos desnudos en redes, pero pensamos en quién lo ve, cómo lo ve. Para mí es una libertad muy rara.

El dramaturgo y actor Secun de la Rosa / TONY MATEY
El dramaturgo y actor Secun de la Rosa / TONY MATEY

--Es esa aceptación en ciertos ámbitos y la exclusión en otros.

--Y ya pasaba antes. En la Cúpula Venus, Christa Leem se desnudaba de cuerpo entero y después salía Joan Brossa a recitar sus poemas. Y entre el público había gente de Sant Gervasi con los de Nou Barris, y los marineros del puerto. Esta parte es muy bonita. Pero no sabría decirte si eran más libres. Ahora pasa igual, parecemos más modernos, pero hay que irse a las esquinas, a los pueblos, a los arrabales, para ver la realidad desde dentro. Cuando estás dentro de un mundo, si te quedas ahí, te puedes perder otra realidad.

--¿Esta obra mira hacia ese foco del pasado que no vemos?

--Sí. Retrata la historia de un tipo normal y corriente, que fantasea con sacar lo creativo y ver a gente peculiar que para él era como irse al extranjero, como dice en la obra. Se sorprende de que una versión muy exagerada de ciertas personas transmita tanta verdad. Y lo hacemos sin dogmatismos, desde la comedia, y se desgrana estos cambios, los primeros casos del sida.

--Usted vivió esa Barcelona. ¿Cree que ha cambiado mucho, se han cambiado esos aires de libertad y modernidad?

--Es un caso peculiar. Creo que es una cosa global. Pero en los 60, 70 y 80 tiraron mucho por la libertad. Aunque en algún punto siento que la línea se torció. Por un lado somos más libres y, por otra, has de pedir permisos incluso si un personaje fuma en el escena. Tenemos que cuidarnos todos entre todos, pero también que distinguir entre ficción y realidad, porque mucha gente se ofende con la ficción. La ficción es ficción y en ella el malo puede matar. No creo que la libertad tenga que ver con esas ganas de explicarlo todo y el control de lo que se hace o se dice.

En el caso de Barcelona creo que se nota porque fue la ciudad más libertaria, más abierta, más europea… Un personaje de mi obra lo dice, y en el 77. Barcelona tiene que ser un paraíso de libertades. Y lo noto también en el teatro, y lo siento por mis compañeros que no quiero que se ofendan, pero necesito que Barcelona vuelva a ser ese referente y pionera donde surjan esas obras libres que todos hemos admirado. Si los catalanes, que imagino que lo saben, supieran cómo se les ha admirado en el resto de España se sorprenderían. Yo cuando llegué a Madrid y empecé en teatro, ya casi que era buen artista por ser catalán. Había un respeto y un cariño que se recuerdan: fueron los primeros que hicieron teatro político, que convertir la respuesta en otra cosa, Dagoll Dagom… Seguro que hay gente que es muy buena, pero se echa de menos el puntal que siempre ha sido Barcelona. Se admiraban sus propuestas, tan diferentes. El teatro catalán ha hecho cosas muy potentes y se echa de menos.

--¿Y la obra vendrá a Barcelona?

--Me encantaría. Y me gustaría que fuera en sitios más pequeños por la Barceloneta, Nou Barris... Sería chulísimo.