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Pilar Eyre presenta su novela 'Cuando éramos ayer' / PLANETA

Pilar Eyre: “El trabajo gordo del feminismo lo hicimos las mujeres de mi generación”

La escritora y periodista muestra la realidad social de Barcelona entre 1968 y 1992 en su última novela, 'Cuando éramos ayer'

15 min

Pilar Eyre (Barcelona, 1951) alza la voz a favor de su generación en su última novela, Cuando éramos ayer, (Planeta). Se trata de una crónica de la Barcelona que va desde las protestas estudiantiles de 1968 a los Juegos Olímpicos de 1992. "Son unos años en los que pasaron grandes acontecimientos. Pasamos de la Edad Media a la modernidad, cambió el régimen político, se murió Franco y vivimos nuestra pandemia con el sida, pero la vida íntima de las personas de esa generación creo que no está reflejada en ningún sitio", asegura la periodista en una entrevista con Crónica Directo.

La escritora vuelca en la novela muchas de sus experiencias y disfraza con nombres ficticios las realidades de personas que trató: "Todos sus personajes han existido, sea con sus nombres reales o no". La historia se centra en dos mujeres, madre e hija, que luchan por encontrar su lugar en una sociedad machista y con otras preocupaciones. "Los chicos de izquierdas, que tenían que ser nuestros aliados, te decían que la lucha feminista vendría después, que primero habría que ir contra la dictadura del proletariado", remarca Eyre en el encuentro.

--¿Qué historia quería plasmar en Cuando éramos ayer?

--Son unos años de Barcelona, de 1968 a 1992, en los que pasaron grandes acontecimientos. Pasamos de la Edad Media a la modernidad, cambió el régimen político, se murió Franco, tuvimos un rey y vivimos nuestra pandemia con el sida, pero la vida íntima de las personas de esa generación creo que no está reflejada en ningún sitio. Yo no me veía nunca representada en ningún documental, novela o trabajo periodístico. Veía los hechos históricos, el marco, pero yo no me veía ni a mí, ni a mis amigos, ni la gente que había estado a mi lado. Escribí esta novela para paliar un poco esa esa carencia.

--¿Qué hay de una misma en la novela?

--La verdad es que hay mucho de mí en la protagonista, porque tiene mi edad, estudió Filosofía y Letras y entró en la universidad el mismo año que entré yo. También viene de un ambiente conservador y de derechas, como yo. Además, se rebeló contra su familia y la clase social de la que procedía. Yo también intenté entrar en el Partido Comunista. Pero luego hay muchas cosas que le pasaron que a mí no me ocurrieron y, sin embargo, me pasaron cosas que le suceden a otros personajes.

--No es la primera vez que narra hechos que le ocurrieron. ¿Es la forma de escribir con la que más cómoda se siente?

--Muchas de las novelas que he escrito son autobiográficas. Mi color favorito es verte, con la que quedé finalista del Premio Planeta, también habla de un episodio de mi vida y salgo incluso con mi nombre. Yo hablo de lo que sé, de la gente que conozco, del ambiente en el que yo me muevo, aunque sobre eso construyo una novela tradicional con aventuras, una técnica narrativa, un crescendo, suspense, intriga... Están todos los mecanismos. Aunque los mimbres sean los de mi propia vida, construyo sobre ellos una obra de ficción.

Pilar Eyre presenta su novela 'Cuando éramos ayer' / PLANETA
Pilar Eyre presenta su novela 'Cuando éramos ayer' / PLANETA

--Expone el punto de vista de dos mujeres: una madre y una hija. ¿Son tan diferentes como parece?

--En principio son muy opuestas porque desde la época de la madre a la de Silvia transcurren 10 generaciones, pero luego la madre se va a acercando también a la hija para acompañarla, para ayudarla, para soportarla, para ir a verla a la cárcel... Esas largas colas en la puerta de la prisión también transforman a la madre en su lucha para salvar a su hija del pozo en el que cae. Al final, se convierte en una profesional a una edad que ya no le toca, trabaja, se vuelve una persona útil y también encuentra el amor, que parece imposible, pero se ve con valor para romper su matrimonio y emprender una nueva vida. Es la transformación de dos mujeres de dos generaciones distintas que se convierten en otras personas.

--Entonces estaba mal visto divorciarse.

--Sí, era inimaginable. Yo no recuerdo ningunos amigos de mis padres que estuvieran divorciados y supongo que habría matrimonios infelices como hay ahora. A veces te decían que el marido de una se iba con otra, lo oías vagamente, pero el divorcio no existía. La separación era impensable y, si alguno cometía el error de tener una amante, la amante era igual a puta. Era una sociedad absolutamente distinta de la que vivimos.

--El personaje de Silvia cambia cuando va a la universidad. ¿Era un lugar de liberación para las mujeres?

--De mi colegio, la única que fue a la universidad fui yo. No me encontré nunca amigas que fueran, era como una rareza. Un “como esta es feúcha y a lo mejor no se casa, al menos que tenga una carrera y pueda ganarse la vida”. Desde luego, para mí ir a la universidad representó el cambio más absoluto. Hasta que entré en la universidad pensaba que eran los rojos los que se habían levantado en la guerra y era Franco el que había pacificado el país. A pesar de que era la lista de la familia, tenía una incultura atroz porque era lo que yo había oído en mi casa. Ver que había rojos que no llevaban cuernos, ni cola, ni olían a azufre, y que los policías pegaban, había grises y había injusticias para mí fue un shock impresionante y fue lo que me hizo cambiar radicalmente. Mi madre siempre decía que debía haber un chico detrás de todo esto, y sí, es verdad, realmente, como decía el Che Guevara, todas las revoluciones se hacen por amor.

--La protagonista relacionaba a las feministas con las tortilleras. ¿Qué visión se tenía del feminismo en ese momento?

--Nosotras ya leíamos a Betty Friedan, Erika John y Simone de Beauvoir, o sea, ya sabíamos que éramos feministas. Teníamos que luchar contra gigantes porque nuestros compañeros eran absolutamente machistas. Los chicos de izquierdas, que tenían que ser nuestros aliados y estar en la lucha codo con codo te decían que la lucha feminista vendría después, que primero habría que ir contra la dictadura del proletariado. La lucha feminista era una cosa que iba a la cola de la cola de la cola. Nosotras desde luego éramos feministas, lo teníamos a gala, quemábamos los sostenes y no queríamos cocinar, no queríamos seguir el modelo de nuestras madres. Pero, por otra parte, era una lucha muy solitaria porque no te apoyaba nadie, había otras luchas más urgentes, y la feminista siempre era una cosa como un poco burguesa, que se podía hacer en el futuro.

--¿Cómo afectó esto a las mujeres?

--Yo creo que pagamos un precio muy alto porque tuvimos que luchar mucho para conseguir lo que queríamos. Estábamos solas completamente, nadie nos entendía y no había ni teoría al respecto, partíamos de cero. Nosotras estábamos por la igualdad hombre y mujer, pero luego a la hora de comprar las píldoras o de abortar éramos las mujeres las que nos teníamos que espabilar, y los hombres, como máximo, nos decían: “¿No queríais libertad? Ya tenéis toda la que queréis”.

Pilar Eyre presenta su novela 'Cuando éramos ayer' / PLANETA
Pilar Eyre presenta su novela 'Cuando éramos ayer' / PLANETA

--Esta liberación de la mujer benefició a los hombres.

--Exacto. Pensándolo fríamente con los ojos de hoy, empezaron a tener sexo gratis. En aquella época, para tener sexo tenías que pagar, tenías que exponerte a enfermedades o, a lo mejor, a base de conquistar con poemas y de cortejarla, una chica te dejaba que le tocaras una teta. Pero eso era lo máximo. A partir de entonces, como estábamos liberadas sexualmente, podíamos follar cuando nos apetecía y comportarnos como hombres, entonces no hacía falta todo lo anterior. No tenían que enamorarse ni decirte que te querían, tú tenías que aceptarlo porque figuraba que eso era la liberación sexual. Hasta que eras mayor no te dabas cuenta de que tú tenías unas necesidades que este tipo de relaciones no te ofrecían.

--¿Experimentó ese machismo de primera mano?

--Me hacían ir a pedir dinero los sábados por la mañana a los editoriales, sitios donde había gente que se ganaba la vida, pero eran simpatizantes de la gente de izquierdas, de la lucha universitaria y nos daban un dinero para sprays y carteles. Yo tenía que ir con la falda más corta y el día que recogía poco dinero un responsable me decía que era porque llevaba pantalones. Yo tardé tiempo en darme cuenta.

--¿En ese momento estaba normalizado?

--Sí, yo preguntaba si eso estaba mal, pero me decían que simplemente eran unos salidos.

--Esas mujeres abrieron el camino hacia el feminismo.

--Claro. Ahora podéis estar por cosas que también son necesarias, pero podéis ir más al detalle. El trabajo gordo lo hicimos nosotras.

--¿Quién le gustaría que leyera su libro?

--Gente de mi edad que se sienta identificada, pero también chicas jóvenes que verán que hay muchos problemas que compartimos las mujeres y que son emblemas transversales, que yo creo que en el siglo XVIII o en la Edad Media eran los mismos. Hay problemas que arrastramos simplemente por ser mujer, sea la época que sea, y son los mismos ahora que antes. También es una novela que va a interesar a los hombres porque es ficción y explico cómo se transformó la sociedad, cómo afectó esto a todos, la época de los empresarios de Barcelona y cómo se transformó la ciudad con la llegada de los Juegos Olímpicos.

Pilar Eyre presenta su novela 'Cuando éramos ayer' (3)
Pilar Eyre presenta su novela 'Cuando éramos ayer' / PLANETA

--En algunos puntos de la novela hace referencia al separatismo, aunque entonces era diferente de lo que es ahora.

--Entonces eran aquellos exiliados que decían que no volverían a España hasta que no muriera Franco pero, sin embargo, enviaban a los hijos a estudiar aquí para que se enfrentaran con sus raíces. Yo conocí a muchos de estos hijos del exilio. Eran una clase privilegiada, ya que tenían dinero para enviar a los hijos aquí, y estaban al margen totalmente de la sociedad y de lo que eran los partidos de izquierda y las luchas antifranquistas. Tenían su micromundo, se apoyaban los unos a los otros, y era muy difícil entrar ahí porque eran bastante clasistas.

--¿Podría decirse que formaban parte de la burguesía catalana?

--Había varias burguesías catalanas. Estaba la burguesía catalana de los padres de Silvia, que eran los grandes señores del textil que se pusieron al lado de Franco después de la guerra; ellos eran la clase dominante del momento. Pero luego había ese pequeño reducto de separatistas, que eran muy odiados precisamente por los franquistas. Yo recuerdo que mi padre decía: “Yo prefiero un comunista que un separatista”. En ese momento todavía no podían hacer nada porque eran pequeños y estaban exiliados, pero ese fue el germen del catalanismo y el independentismo de ahora.

--Parece que recuerda con nostalgia todos esos años, aunque fueran oscuros. ¿Hay algo que le falte en la Barcelona de hoy que sí tuviera en aquella época?

-- Que yo era joven. La nostalgia viene de ahí, de que yo era joven y ya no lo soy.