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Israel Fernández

Israel Fernández: “Estoy a favor del que se acerque al flamenco con verdad”

El artista toledano revoluciona el género musical y consigue llegar a las nuevas generaciones con su cante

15 min

Israel Fernández no concibe su vida sin el flamenco. Cantaor de nacimiento, el artista toledano es una auténtica revolución. Lo que siente por el arte es devoción pura. Y su éxito sin precedentes en un género que muchos daban por olvidado ha supuesto un golpe sobre la mesa en la concepción que la gente tenía sobre el cante.

Tras beber del flamenco de toda la vida, en su entorno familiar empieza vivir la música de una manera natural. Desde La Niña de los Peines, El Garrido de Jerez y El Cojo de Málaga, pasando Camarón de la Isla y Paco de Lucía. Referentes clásicos que le inspiran a la hora de rejuvenecer y modernizar el cante antiguo para conseguir llegar a las nuevas generaciones.

Composiciones

A pesar de llevar la composición y la escritura dentro, Fernández se estrenó como letrista de sus canciones hace tan solo un año con su último disco, Amor, acompañado de Diego del Morao a la guitarra.

Después de recorrer todas las salas del país, el cantaor presenta En la feria de la Bambera, una adaptación al flamenco de una melodía del folclore andaluz editada y producida por el pianista Diego Amador. La canción es la cara B de La Inocencia, un canto a la infancia, al estado más puro, el de la abstracción de los conflictos constantes del mundo adulto.

--¿Cómo surge ‘En la feria de la bambera’?

--Surge de La inocencia, del single anterior. Yo me inspiro en la inocencia de los niños, en la infancia, en mi infancia, en lo que yo he vivido en mi barrio. Y en todos los barrios que son, entre comillas, pobres. A raíz de ahí, escribo La inocencia y escribo La feria de la bambera, que habla de los niños de la feria, de esos cantes.

--¿Por qué decidió contar con Diego Amador?

--Me apetecía hacerla con un piano. Diego me pidió hacerlo a su manera y yo confío en él plenamente porque es un pedazo de artista. Él la produjo y metió el resto de instrumentos que hay en la canción.

--En el vídeo de ‘La inocencia’ aparece en su tierra. ¿Qué tiene de especial?

--Es donde yo me he criado, seguimos allí y allí están todos los niños porque es un barrio de muchos pequeños. Qué mejor que defender la inocencia donde yo la he compartido.

--Para usted, ¿qué es la inocencia?

--La inocencia es un día nuevo, una manzana nueva en un árbol, un beso nuevo, un abrazo nuevo, aunque sea de la misma persona, darlo con inocencia, con amor y con verdad. La inocencia es verdad y no es pretender. En la inocencia no hay pretensión. En la inocencia no hay orgullo, en la inocencia no hay ego.

--¿Qué importancia tienen sus raíces?

--Yo vuelvo siempre porque es donde estoy. Es mi principio, es mi base. Estoy fuera de mi tierra por el trabajo. Pero cuando no tengo nada que hacer, estoy donde tengo que estar.

--¿Cómo recuerda sus inicios?

--Con inocencia. Yo de niño nunca me puse una meta, ni quería ser algo en concreto. El cantaor que es cantaor, como el artista que es artista o el músico que es músico, no es una carrera que se estudia y se hace. Es una cosa de don, de nacimiento. Es como un veneno, como Spider-Man, te pincha la araña y ya no puedes dejar de trepar por las paredes.

--¿Siempre supo que se quería dedicar a ello?

--No es una dedicación, es una devoción. Lo que pasa es que después las personas, los artistas que admiras y lo que te rodea, ya te da una responsabilidad, te da el trabajo y te despierta de esa dedicación. Entonces, tu pasión se convierte en una responsabilidad.

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El cantaor Israel Fernández / PABLO MIRANZO

--En su último disco, ‘Amor’, se estrenó como compositor. ¿Por qué no lo había hecho antes?

--De chiquitín siempre me había gustado escribir y he sido un niño muy pensativo y muy observador. Pero no me había atrevido a escribir hasta que yo no me lo he creído. Para escribir hay que hay que vivir. La inspiración viene del trabajo. Si tú te quedas en tu casa viendo la tele, la inspiración que te puede dar eso es dormirte. Si te pones a escuchar música y ver qué pasa, te inspira a escribir. Igual que si sales a la calle. Yo me inspiro de todo, tanto vivencias mías como cosas que puedan pasar a mi alrededor.

--¿Qué tipo de amor es el más importante?

--El amor más importante es el amor verdadero. Lo que se hace con amor de verdad. El amor falso, con pretensiones, el amor por interés... ese no sirve para nada y tiene su fin. El sol no se puede tapar con un dedo. El amor, lo mismo.

--Dicen que es “la imagen más moderna y contemporánea del flamenco”. ¿Cómo describiría su música?

--Yo lo que hago es flamenco, aunque la música nunca se puede cerrar. La música es como el viento, es como el aire, siempre hay que dejar algo abierto porque si no, uno se queda asfixiado y se muere. Yo soy flamenco, soy cantaor de nacimiento. Con el cante se nace, no se aprende. A raíz de ahí, yo hago flamenco porque soy ante todo aficionado al cante, es mi forma de vida. Y aparte, estoy siempre inquieto por otras músicas, por aprender, relacionarme, amar otras músicas, tener relaciones íntimas con ellas, y enfadarme y reconciliarme con diferentes estilos. Es como el amor mismo, como las parejas.

--¿Uno llega a tener conciencia del éxito?

--El público es el que manda. Contra más conciencia tienes, más responsabilidad y más nervioso me pongo. Entonces, no quiero tener conciencia de eso. Simplemente vivo el presente, intento hacer todo con honestidad, con verdad y sin engañarme a mí mismo. Cuando no me engaño a mí mismo, no engaño a nadie.

--¿Esta es una época complicada para el flamenco?

--Siempre hay épocas. Esto es como la bolsa, a veces baja, a veces sube, pero lo importante es que siempre haya una acción, aunque sea de un euro, para que vaya subiendo. Pero el flamenco tiene vida por sí solo. Al flamenco no le hace falta nadie, pero a nosotros nos hace falta flamenco.

--Siempre ha dicho que le alegra ver a gente joven en sus conciertos. ¿Qué tiene para llegar a las nuevas generaciones?

--Para mí el mayor premio y la mayor alegría que me está pasando es ver gente joven en mis conciertos y que escuchen flamenco. Esa es mi vida. Como yo lo he hecho de chiquitín, me veo reflejado en ellos. El flamenco es verdad que no hace minoría, sino que es tan especial que no todo el mundo tiene acceso a él. Cuando veo gente joven que se interesa, que le gusta, que le transmite, es mi sueño. Quiero salvar a la juventud, meterlos en el Arca de Noé, para que el diluvio musical no les ahogue, sino que estén en buenas manos.

--¿Qué le diría a uno de esos jóvenes que se quiere dedicar al flamenco?

--Que escuche mucho que sea muy aficionado al flamenco. Que escuche a los cantaores que tenemos, a los que nos han dejado.

--¿Qué deberían escuchar?

--La Niña de los Peines, Camarón de la Isla, Manuel Torres y Paco de Lucía.

--¿Esos serían sus referentes también?

--Mis referentes son todos porque yo saco punta a toda la música y a todos los cantaores. Yo he escuchado a todos porque es mi forma de vivir. Luego ya una cosa que te gusten unos más y otros menos. Pero en este caso, yo tengo tres referentes: La Niña de los Peines (Pastora Pavón), el maestro genio Camarón de la Isla y Paco de Lucía. Con esos tres ya estoy más que servido.

--¿Solo escucha a los clásicos?

--Yo siempre estoy escuchando los clásicos, pero también tengo el oído puesto a un corazón sincero. Está todo hecho, ya nuevo no hay nada, ni clásico tampoco. Lo que hay es lo que se hace con verdad, con honestidad, y eso permanece para siempre.

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El cantaor Israel Fernández / PABLO MIRANZO

--¿Cómo vive las reinvenciones y modernizaciones que se están haciendo del flamenco?

--Estoy a favor del que se acerque al flamenco con verdad. Si va con interés o aprovechamiento, ya me estorba. Tiene que ir con lealtad y a disfrutar del flamenco. Como yo puedo hacer jazz, trap u otra clase de música, pero me acerco a esa música dentro del respeto, del cariño, del amor y hago un mestizaje. Yo no hablo de experimentos, sino que hablo de mestizaje. Es como cuando un gitano se va con una paya, ahí no se hace una fusión ni un experimento, ahí se hace un hijo, se hace una cultura, se hace una vida. Si nosotros mezclamos la música para hacer una vida musical, entonces gloria a Dios.

--¿Cree que ese mestizaje es positivo para acercar a las nuevas generaciones al flamenco?

--Es muy positivo. Si yo pongo un anzuelo en la caña de pescar, aunque esa caña no sea flamenca pura, ese anzuelo va a arrastrar al flamenco a un montón de peces, hablando musicalmente. Ese es el premio. El objetivo es arrastrar, en el buen sentido, a todos los corazones al flamenco, pero por medio de una verdad, sin contar cuentos ni contar mentiras. No se puede engañar. Eso es muy difícil, pero se puede hacer. Si yo no escucho rock, pero tú me vas dando un poquito, igual me aficiono y llego a escuchar el rock de los 30. Entonces se convierte en una nueva vida que he encontrado, un nuevo paisaje.

--¿Le da importancia a su estética?

--Me surge solo. De pequeño, mi madre me vestía siempre con pantalón de pinzas, zapatos y camisa. A los 15 años yo quería ser un poco más hippie, pero después volví, porque uno siempre vuelve al origen. Cuando uno lleva algo dentro, no se puede escapar nunca. Yo no pretendo nada con la ropa tampoco. Yo veo una cosa y me da igual de qué tienda sea, si me gusta, me lo intento comprar y me lo pongo.

--¿Qué le ha enseñado el mundo?

--Que hay que disfrutar, hay que vivir el presente, pero no olvidar el pasado bueno. Yo creo que no hay que olvidar nunca lo que está bien hecho. Eso no hay que cambiarlo. Solo que cambiar lo que esté mal. El pasado te dice lo que eres ahora. Y tu presente, según lo que estés haciendo ahora, te va a llevar al futuro. Yo lo que veo en el mundo es que hay que ir con cariño, con amor y con verdad, sobre todo, no ser falso ni pretender lo que no eres nunca, porque al final la vida te pone en tu sitio.

--¿Cómo vive la vuelta a los escenarios?

--Hemos pasado un año muy regular, al no haber público, estar encerrados... Uno coge pena y me da tristeza. Aunque yo aproveché para componer, escribir, y fue positivo. Hay que ser positivo hasta en el infierno. En el último concierto estaba casi el teatro al 100% y me dio alegría. Hay que aprovechar el momento. Al principio estabas en el escenario y había soledad, faltaba energía, porque el aforo era muy reducido. Por eso hay que aprovechar y quererse cuando te dejan.