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El príncipe Felipe de Edimburgo / EP

Felipe de Edimburgo, el mayor apoyo de Isabel II

A pesar de siempre estar "tres pasos por detrás" de la Reina, la pareja real se mantuvo inseparable hasta el final de sus días

9 min

El príncipe Felipe de Edimburgo, consorte de la reina Isabel II, ha fallecido este viernes a los 99 años y tras el deja una historia de amor y controversia. A pesar de estar casado con una de las mujeres más relevantes del mundo, Isabel II, la reina de Inglaterra, el príncipe Felipe de Edimburgo siempre ha estado “tres pasos por detrás”. Estas son las palabras que le dijo el monarca a Lee Radzill, hermana de Jackie Kennedy, cuando se conocieron en una visita oficial al Reino Unido en 1961. Así lo explica Radzwill, que pudo presenciar la resignación del duque ante su posición inferior de poder respecto a la de su mujer. Una condición que le acompañó durante el resto de su vida y que, finalmente, lo alejó de la vida pública en 2017.  

Nacido en la isla griega de Corfú en 1921, la infancia de Felipe de Edimburgo no fue fácil. Hijo de Andrés de Grecia y Alicia de Battenberg, su familia tuvo que huir de su país natal tras la derrota en la guerra de Grecia con Turquía, en 1922, y se instaló cerca de París. Con tan solo 18 meses, el monarca viajó dentro de una caja de naranjas a bordo del barco de la Marina real británica que había enviado el Rey Jorge V para recogerlos. 

Infancia

Las cuatro hermanas de Felipe consiguieron casarse con príncipes alemanes que ayudaron a superar la pobreza que atravesaba la familia, y se codeaban con los grandes líderes del nazismo, incluido Hitler. El Príncipe de Edimburgo nunca tuvo mucho contacto con su madre, internada en un manicomio con esquizofrenia, y durante toda su infancia lo cuidaron otros familiares.

Su educación siempre estuvo basada en la disciplina: primero en el colegio privado Salem de Alemania, una escuela muy dura que preparaba a los futuros dirigentes nazis, y luego en el internado de Gordonstoun, en Escocia, un centro de educación militar que se caracterizaba por las duchas de agua fría al amanecer y un sometimiento sobrehumano al ejercicio físico. Este colegio marcó su vida y, cuando su hijo Carlos alcanzó la edad, lo obligó a estudiar allí para prepararlo como futuro rey y “convertirlo en un hombre”.

Noviazgo y boda

En 1939, al terminar sus estudios, Felipe se enroló en la Marina Real Británica y se convirtió en el subcomandante de la Armada más joven. El verano de ese mismo año conoció a la Reina y su vida cambió para siempre. Ella tenía tan solo 13 años para entonces, y él 19. Aquel joven alto, rubio y atlético causaba sensación entre las chicas, pero quien consiguió su corazón fue la en aquel momento todavía Princesa.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Felipe e Isabel intercambiaron cartas mientras ella lo esperaba hasta 1946 para casarse. La boda real llegó el 20 de noviembre de 1947 y el príncipe Felipe adquirió la nacionalidad británica, cambiándose el apellido materno a Mountbatten, y renunció a todos sus derechos en la Corona griega. Fue el annus horribilis del Reino Unido y Winston Churchill describió el enlace como: “Un toque de color en el duro camino que debemos recorrer”.

Isabel, reina; Felipe, príncipe consorte

Después de casarse, Jorge VI, padre de Isabel, otorgó a Felipe los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth, barón de Greenwich y caballero de la Jarretera. Durante los primeros años, el matrimonio mantuvo una buena relación, pero cuando Isabel tuvo que suceder a su padre, fallecido en 1952, el equilibrio de poder en la pareja se rompió. Felipe tuvo que renunciar a gran parte de su trabajo para poder estar al lado de su mujer y le costó adaptarse a la vida a la sombra de su esposa. Él pasó a ser tan solo el “príncipe del consorte” de Isabel II.

El día de la coronación de la Reina, ella no renunció al apellido Windsor a favor del suyo, Mountbatten, como se hacía en la época cuando la mujer adquiría el nombre del marido. Un gesto que para él supuso una gran humillación pública: “No soy más que una maldita ameba. Soy el único hombre en el país al que no se le permite darles su nombre a sus hijos”, habría declarado.

Corona en peligro

Felipe e Isabel se sumergieron en una crisis matrimonial, y él entonces emprendió un largo viaje en solitario que fue interpretado como el inicio de una ruptura informal, alimentada también por los rumores de sus presuntas infidelidades, aunque ninguna se llegó a confirmar. A su regreso en 1957, la pareja de monarcas arregló sus problemas e Isabel concedió a Felipe el título de Príncipe del Reino Unido y reconoció a sus hijos con el apellido Mountbatten-Windsor.

Los monarcas intentaron educar lo mejor posible a sus hijos, pero tres de ellos acabaron su matrimonio en divorcio. “Con lo bien que creíamos que les habíamos educado”, dicen que le dijo Isabel a Felipe durante aquel 1992 cuando se destapó el idilio de Carlos con Camilla Parker-Bowles. Según fuentes cercanas, el duque de Edimburgo nunca habría llegado a entenderse con el heredero al trono ya que su hijo nunca habría llegado a perdonar que le presionara a casarse con Diana Spencer, Lady Di, para apartarlo de Camilla, de quien siempre estuvo enamorado. 

Deporte y medio ambiente

Además de los títulos de la Marina Real Británica, Felipe de Edimburgo siempre fue un apasionado de los caballos. El Príncipe era el mejor en las carreras de carros de caballos e incluso llegó a representar al Reino Unido en tres competiciones europeas y seis mundiales. Asimismo, fue un gran aficionado al polo, la navegación y la caza.

Siempre estuvo muy concienciado por el medio ambiente y eso le llevó a convertirse, en 1959, en miembro del Fondo Mundial para la Naturaleza, organización de la que fue nombrado presidente en 1981. "Si tenemos esta diversidad extraordinaria en el planeta, es terriblemente tonto destruirla", dijo en una ocasión a la BBC. "Todas estas otras criaturas tienen el mismo derecho a existir. No tenemos derechos anteriores sobre la tierra que cualquier otra especie y, si están aquí, les daremos la oportunidad de sobrevivir", añadió. 

Retiro de la vida pública

Felipe de Edimburgo ha sido el tercer miembro de la familia real británica más longevo de la historia. El monarca solo fue superado por su suegra, la Reina Madre, que falleció en 2002 a los 101 años, y la princesa Alicia, tía de la reina Isabel II, que vivió hasta los 102 años.

El Príncipe estuvo desde 2017, a los 96 años, retirado de la vida pública oficial de la monarquía y descansó durante sus últimos años en Wood Farm, su casa de campo en Sandringham. El pasado el 16 de febrero, después de una indisposición de la que no llegaron a trascender muchos detalles, se sometió "con éxito" a un procedimiento médico para tratar un problema cardíaco en el hospital de St Bartholomew de Londres. Este viernes 9 de abril falleció poco antes de cumplir los 100 años.