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El humorista Joaquín Reyes / CD

Joaquín Reyes: “Nadie se plantea si el hombre es gracioso, ¿por qué lo vamos a hacer con la mujer?”

El cómico vuelve al Teatre Borràs de Barcelona con ‘Festejen la broma’, un monólogo completamente renovado, pero que mantiene la esencia de su característico humor

10 min

Joaquín Reyes aterriza en Barcelona este fin de semana en el Teatre Borràs con un monólogo lleno de humor “inteligente”, como él mismo lo denomina. Festejen la broma es su título, un imperativo que obliga a sus espectadores a nada más que reír, reír y reír

El humorista jubila completamente su material antiguo de sketches como Una y no más para enfrentarse a la página en blanco. De esta forma, vuelve a los escenarios con nuevas bromas, pero con el humor que siempre lo ha caracterizado. 

Trayectoria

Su larga carrera lo conduce ahora a las tablas, pero sin dejar de lado su faceta de actor e imitador. Una versatilidad que le ha permitido desde parodiar a Fernando Simón hasta protagonizar su propia serie, Capítulo 0

Además de eso, Reyes también se ha atrevido con la novela, Subidón, en la que el humor es el hilo conductor. Una trayectoria llena de risas que espera que dure mucho más tiempo: “Me parece que lo mejor está por llegar, quiero seguir haciendo esto por mucho tiempo todavía”. 

--Pregunta: ¿Qué nos puede adelantar de Festejen la broma?

--Respuesta: Es un espectáculo de monólogo, de stand-up, que es el formato con el que yo me inicié en la comedia. Festejen la broma es mi vuelta al monólogo. Yo mismo me obligué a escribir material nuevo, pero es una cosa que siempre da cierto vértigo porque siempre surgen dudas de si será gracioso, si se te van a ocurrir cosas divertidas… Todo lo que has hecho antes son certezas, pero lo que escribes nuevo es incertidumbre

--¿Qué caracteriza sus monólogos?

--El monólogo debe remitir a situaciones reconocibles, que la gente diga: “Esto me ha pasado”. Y luego el humorista juega a retorcer la situación o a rematarla con una broma graciosa. Pero el monólogo tiene mucho que ver con situaciones domésticas, problemas que nos preocupan… Y reírnos de nosotros mismos, por supuesto, de nuestras manías y defectos.

--¿Diría que esos son los ingredientes esenciales para hacer buen monólogo?

--Claro, al final los temas siempre son los mismos: el amor, los recuerdos, la infancia… Todos hablamos más o menos de lo mismo. Lo que hace que sea diferente es el enfoque y la voz de cada uno

El cartel de 'Festejen la broma', de Joaquín Reyes
El cartel de 'Festejen la broma', de Joaquín Reyes

--¿Qué diferencia este monólogo de sus anteriores?

--Principalmente, que soy una persona que tiene ahora 47 años, que se dice pronto. Ya no soy un chaval de veintitantos, que era más o menos el Joaquín que empezó haciendo monólogos. Por ejemplo, ahora hablo de la paternidad, porque soy padre. Pero ya no me sentía cómodo con los monólogos que había escrito hace 20 años y necesitaba encontrar otra voz. 

--¿Cómo consiguen los humoristas innovar?

--Se tiene que intentar no repetir la misma broma o fórmula, pero eso es difícil, ya que los cómicos solemos caer en eso porque al final es lo que nos ha funcionado. Creo que como humorista tienes que exigirte y salir de tu zona de confort. Eso al menos te permite ser original e innovador. Creo que innovar es mucho decir en el humor, es una pretensión; otra cosa es que se consiga o no. Pero al menos yo valoro mucho la originalidad, me gusta sorprender y ofrecer puntos de vista diferentes y cosas inesperadas. 

--¿Diría que lo ha conseguido en este nuevo espectáculo?

La gente va a reconocer mi humor, pero sí que hay algunas ideas originales que yo creo que la gente las va a valorar. Si no estuviera seguro de lo que propongo, no me subiría al escenario. Ahí nace todo: el primero que tiene que confiar en el material que presentas eres tú mismo

Joaquín Reyes en 'Festejen la broma'
Joaquín Reyes en 'Festejen la broma'

--¿Cómo prueba las bromas del monólogo para saber si van a gustar o no?

--Es muy sencillo, se testean en los locales: escribo las bromas, voy a un local a un micro abierto, me subo al escenario y las pruebo. Si la gente se ríe, fenomenal. Si la gente no se ríe, la tiras. No hay otra fórmula. Sí que es verdad que cuando el espectáculo está en marcha me permito ir introduciendo bromas y va cambiando, no sustancialmente, pero sí lo voy afinando. 

--Usted define su espectáculo como “monólogo de humor inteligente”, ¿en qué consiste exactamente?

--Decir que mi humor es inteligente es muy presuntuoso por mi parte, porque ya lo estoy calificando de elevado. Pero, al fin y al cabo, cuando haces un monólogo, articulas un discurso y las bromas son más elaboradas que en otro formato o tienen una segunda lectura, de ahí lo de “humor inteligente”. Pero yo utilizo todas las herramientas para hacer reír: el humor inteligente, pero también el físico, el escatológico y el absurdo

--¿Cree que hoy se pueden hacer bromas de todo?

--Se pueden hacer bromas de casi todo, la cuestión es el enfoque. Eso es lo más importante. Es inevitable que haya gente a la que le siente mal alguna broma mía, pero tengo que convivir con ello. El humor, al fin y al cabo, también es burla y, si hay burla, siempre va a haber alguien sobre el que caiga el peso del chiste. Pero creo que vivimos en una buena época, la gente se ríe mucho.

--¿Cree que debería haber límites en el humor?

--El límite lo pone cada uno. Cada humorista tiene su línea editorial y su criterio. La autocensura, que es un término que suena bastante mal, no me parece algo necesariamente malo. Al final es tener criterio y hay cosas que cada uno siente que no debe decir, y no pasa nada. A veces es más importante el cómo lo dices y lo expones que lo que dices en sí. 

Joaquín Reyes en 'Festejen la broma'
Joaquín Reyes en 'Festejen la broma'

--¿Cómo cree que ha cambiado el sector respecto a las mujeres humoristas?

--A las mujeres humoristas se les han cerrado muchas puertas y no se les ha dado su espacio, como en todo. Pero ahora hay compañeras que están haciendo una comedia de calidad, muy brillante. Las chicas de Estirando el Chicle, por ejemplo, Victoria Martín y Carolina, Valeria Ros, Eva Soriano… Lo de si la mujer es graciosa o no es un debate ficticio, no es verdad. Nadie se plantea si el hombre es gracioso, ¿por qué nos vamos a plantear si hay mujeres graciosas? Hay mujeres que lo son y otras que no, igual que hay hombres que lo son y otros que no. Pero llega un punto en el que no hay que planteárselo. El humor no tiene que ver con tus genitales, ni con tu género, ni con cómo te sientes. El humor es una condición humana

--En cuanto a sus imitaciones, ¿cómo es el proceso de ponerse en la piel de una persona totalmente diferente a usted?

--El maquillaje es algo clave. Tiene que ser sofisticado y que, a primera vista, refleje al personaje que parodio. También me informo mucho, leo entrevistas, me hago una idea de cómo es, cuáles son sus debilidades… para luego poderlo trabajar. Cuando yo estoy maquillado, me creo que soy esa persona y me identifico totalmente. También es verdad que juego mucho a distorsionarlo o a decir barbaridades que el personaje no diría, por lo menos sobrio. Al fin y al cabo, esa es la idea de la comedia: hacer exageración e hipérboles

--¿Cómo ha vivido el proceso de su primera novela, Subidón?

--Ha sido muy largo, he tardado cuatro años en escribirla porque lo he estado compaginando con otras cosas. He intentado ser exigente con lo que escribía, por eso lo he revisado y reescrito mucho. Me daba cierto pudor publicar algo así y quería que tuviera calidad, que el libro tuviera valor por sí mismo, no porque fuera el libro de un famoso