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El actor Carmelo Gómez / TEATRO ABADÍA

Carmelo Gómez: "Yo dejé el cine porque el cine me dejó a mí"

El actor, que regresa con 'A vueltas con Lorcas', defiende el poder de la emoción y la poesía, que "también es diversión y goce"

24 min

A Carmelo Gómez no le duelen prendas a la hora de decir que su relación con el cine parece acabada. No sabe decir quien dio el primer paso, si él o la industria, aunque en sus palabras se puede entrever hacia dónde se inclina la balanza. De todos modos, él ya vive en el teatro (además de en la mente de muchos espectadores).

En los últimos tres años se ha metido en la piel de Lorca a través de sus poesías y algunos fragmentos de sus obras que ha interiorizado tanto que los recita incluso para responder a las preguntas. Actor comprometido con su trabajo, le ha dedicado horas al estudio del poeta y con ello, él y Emi Ecay, su directora, han creado un éxito, A vueltas con Lorca.

Poesía y teatro

El montaje, que se estrenó en el Teatro de la Abadía de Madrid y que ha girado incluso en pandemia por distintos rincones de España como La Barraca del escritor, vuelve a su punto de origen para despedirse de su público. El intérprete pone punto y final a esta etapa, como en su día hizo con el cine, sin dolor.

Crónica Directo conversa con el actor a los pocos días de que se vuelva a subir al escenario para despedirse de este montaje. En sus palabras no hay pesar, hay admiración por el poeta de quien recita sus versos y por una profesión, la de la actuación, la cultura y el arte, a la que ama. No le hace falta verbalizarlo, lo transpira con sus palabras. Esas con las que tan bien jugaba Lorca.

--Pregunta: Tras más de tres años en cartel y girando, el reestreno de 'A vueltas con Lorca' en Madrid parece que hace honor al título. ¿Qué tiene de especial?

--Respuesta: Lo hace especial Federico, ni más ni menos. Además es un espectáculo que ha ido cambiando. Empezó de una manera y está siendo de otra y es gracias a los versos y fragmentos de prosas, los elementos que hemos elegido de su vida y obra. La función tiene ya vida propia, está abierta y se ha transformado porque no hemos dejado de dar vueltas. Hemos ido a plazas de toros, las de los pueblos, museos... como si fuera La Barraca.

--¿Ese momento de La Barraca estaba en esos inicios cuando se plantearon la obra?

--No, no estaba en nuestra idea. Apareció cuando compramos un remolque para llevar los cuatro elementos básicos que tenemos para colocar en cualquier sitio en dos horas y media. Nos dimos cuenta entonces que esa itinerancia tenía que ver con La Barraca. Luego llegó la pandemia, la mayoría de gente en casa y la Guardia Civil nos paraba. Cuando llegábamos a los pueblos hacíamos espectáculos para 60 personas y todo el mundo estaba encantado y feliz. Eso sí tiene que ver con el espíritu de Lorca por eso decimos dejarnos llevar.

El actor Carmelo Gómez / TEATRO ABADÍA
El actor Carmelo Gómez / TEATRO ABADÍA

--¿Tener el texto de Lorca ayuda a esa atracción del público hacia el montaje?

--Sabes que pasa, Federico es inconmensurable. Él no tiene una sola lectura y uno se deja llevar por los versos a ver dónde nos llevan. Así, unos mismos versos que un día elegimos al azar fueron dándonos una estructura que tiene que ver con la vida del poeta. El poeta escribe lo que le pasa y, como es tan universal y jodido, es casi un trayecto trágico. Toda su obra tiene una fuerza y afluencia de sentimiento trágico, no tanto de terrible como su muerte, sino de destino. Es una fuerza inquebrantable de los caballos que nos lleva a ese final que él mismo escribe.

--La obra de Lorca, en todo caso, es extensa. ¿Cómo fue esa selección? ¿Se ha ido modificando a medida que avanzaba el espectáculo?

--Sí, añadimos alguno que hemos considerado que completaba la idea que se iba forjando. Siempre textos del propio poeta, porque nosotros no hemos dejado de estudiar tanto los textos como a los estudiosos de Federico, con la idea de que ninguno nos forzase a una lectura completa. Hemos leído tantas versiones de un mismo poeta que no podíamos pensar en elegir una, porque todos tienen razón y todos se contradicen si los mezclas. Aun así, si ves a Federico en su esencia y pureza, él también lo hace, porque la vida es una pura contradicción. Para mí crea un estilo, el de los contrarios, que los convierte en compatibles. Eso lo leí por ahí y es verdad, pero todos los contrarios compatibles tienen que ver con la tradición popular española. Decimos virgen y madre, sudor frío y esas cosas él las recoge para agrandarlas, elevarlas y convertirlas en poesía. Es Federico quien manda y dirige toda esta historia.

Carmelo Gómez / SERGIO PARRA
Carmelo Gómez / SERGIO PARRA

--Eso y la sombra de la muerte, que siempre esta presente, ¿no?

--Federico está abocado a la muerte desde el principio de su poesía. Cuando estudiaba con Berrueta, él siempre asoció los arcos de piedra caídos en el césped con la muerte. Siempre la tuvo muy presente. Creo que también tiene algo de tradición popular porque la muerte está muy presente en nuestra cultura. Él lo recoge y lo hace porque le inquieta. El propio Dalí lo pinta muerto con la cabeza cortada porque Lorca en ocasiones los recibía en su habitación de la residencia de estudiantes como si estuviese muerto. He oído decir que incluso en ocasiones en un ataúd que se forjó para recibirlos allí como si estuviera muerto y estaba allí más de un minuto o dos, hasta 15 o 20 y se mareaban todos. Curiosamente, por eso, escribiendo sobre la muerte --como destino del agua que llega al mar, o la luna que lleva un niño de la mano por el cielo en la fragua y se mira en el agua-- vemos que él mismo augura la suya propia. Llega a decir: "y no me encontraréis y buscarán mi cuerpo y no me encontrarán". Hay una casida de las palomas oscuras donde dice "¿dónde está mi sepultura?" y le responde la luna y el sol. ¡Es un poeta realmente inconmensurable! Todo el mundo dice que tenía una gran intuición. ¿Será eso que lo llevó a escribir sobre su propia muerte? En todo caso es oráculo y eso nos lleva a la tragedia.

--Si esto llega a emocionar contado así, ¿cuánta emoción transpira el montaje? Con las dificultades que muchos atribuyen a la poesía, ¿cuesta mucho llegar a emocionar al público con los versos?

--La poesía es muy fácil. No hay una manera de hacerla, tampoco. Es verdad que tiene un ritmo y cada uno, dependiendo de la intuición que tenga, el momento en el que esté o el sentimiento que le dé, lo dirá con un ritmo u otro y está muy bien siempre que no lo traicione. Es más fácil que la prosa, porque fíjate lo rápido que hablamos, pero porque lo hacemos sin ritmo. Si hiciéramos la prosa bien, sería muy difícil hablarla. Y la emoción es lo que une toda la historia. Arrancamos la obra con una historia de amor. El amor es una aventura arriesgadísima que te pone en evidencia y donde siempre pierdes (ríe). El amor es para valientes. Lorca vive el amor a flor de piel como vive la muerte y allí hay una danza, Danza de amor y muerte, que él dice que es la síntesis del mundo. Vuelve a ser el mundo de los contrarios, otra vez, que Lorca convierte en compatibles. A partir de ahí es todo pura emoción. La emoción es un cauce que nos hace entender la vida y la poesía de Lorca es puro cauce con muchos puntos de vista de un poeta con una unidad, el amor. La emoción se desparrama, se desborda como los ríos y hay que ponerle cauce que son ciertas normas de respeto y convivencia. El amor casi siempre quiere desbordarse, el problema es cuando el cauce se convierte en dique y el agua queda parada. Ahí viene el mundo de la frustración de Lorca, donde el amor no se pudo realizar, "que se fue y no vino". Ese amor que concebía como propio y no le fue concedido, quizás por su condición de homosexual o quizás porque nadie puede estar a la altura que él tiene del amor. Y sí, todo eso, cala en el público, porque todos se ponen de pie para dar gracias en esto.

--Transmite una gran pasión por Lorca, supongo que es uno de los motivos por los que sigue la obra en pie. ¿Eso le ha llevado a descubrir más y mejor a Lorca? 

--Esto es como ser actor. Uno empieza porque te despiertas un día y dices que quieres serlo, pero esas no son las razones por las que te quedas. Te quedas cuando descubres qué es esto. Y con Lorca me pasa lo mismo. Esto llega porque un día unos señores de cuyo nombre no puedo acordarme ni quiero me dijeron de hacer una lectura dramatizada cogiendo unos poemas de Lorca que tengan que ver con la mujer, el que mejor la describió y bla, bla, bla, luego metes la muerte... Yo pensé: joder, otra vez lo de siempre. Me puse, empecé a leer los poemas, los seleccioné para combinarlos con piano. Pero con la directora, Emi Ecay, vimos que de repente eso tenía una trama y salimos de ahí. Pero sí, empezó siendo un encargo y luego uno lee, mucho y he leído a casi todos los que saben. Y he escuchado, he escuchado mucho, incluso a Ian Gibson y me dio mucho material para pensar en el mundo de las asociaciones de Federico sin ir a la escolástica. Otro de ellos fue Paco Umbral, que también tiene ese rollo festivo-gamberrete-lujurioso que tenía García Lorca. Luego todo lo que digo es improvisado, no tengo un texto fijo más que los poemas y los trozos de narrativa del poeta. Para ello hay que leer mucho.

--Debe ser difícil salir de este universo tras tanto tiempo. Usted a principios de año dijo que iba a estudiar otros proyectos y sigue A vueltas con Lorca. ¿Cuesta salir de su mundo?

--De alguna manera sí. Nos ha costado mucho soltarlo. Tampoco hemos tenido demasiada suerte con el mundo de los programadores, porque como bien apuntabas antes, tú dices poesía en este país y hay carreras de animales sueltos para huir de la poesía. No sé qué tiene que, según lo dices, se carcajean o resoplan. Sin embargo, todo el mundo que ve esto se divierte. A la poesía hay que encontrarle también el punto de diversión, no sólo de profundidad. Claro que nos da claves para la existencia, pero no es solo existencialismo. La poesía también es diversión y goce. Es gusto por lo bello. Nuestra intención es no convertir esto en un coñazo y por ahí hemos conseguido que las cosas se abrieran, gracias también a Federico García Lorca, por supuesto.

--También supongo que eleva la exigencia del espectador, ¿no?

--No. No he pensado en eso. Lorca también decía "venís al teatro con el único afán de divertiros y tenéis autores a los que pagáis para que os diviertan, pero hoy el poeta os hace una encerrona porque quiere conmoveros". La vocación es esa, conmover. Estamos ya hartos de todo este jaleo, de todo este ruido mediático. ¡Es un disparate! Un sonido ya insoportable. De repente, tienes un momento de sosiego y de paz, donde se hacen preguntas y nadie se empeña en darte respuestas. Eso se agradece. El público no es que sea exigente. Esto no es para los que han leído a Federico o leen poesía de vez en cuando o de los que se sienten que son de un nivel intelectual medio superior y se creen mejor que nadie. Al contrario, seguramente a esos les gusta menos. A quien puede gustarle es a la gente que, de repente, se sorprende de que puede escuchar poesía, no entenderlo todo y, sin embargo, disfrutar muchísimo pasando un buen rato en el teatro hablando, porque tengo un diálogo con ellos.

El actor Carmelo Gómez / SERGIO PARRA
El actor Carmelo Gómez / SERGIO PARRA

--Y a los que se quejan de volver a poner sobre el escenario un Lorca, ¿qué les diría?

--A los que dicen "otra vez Lorca, qué coñazo", te diría que los perdono (bromea). No sé si es otra vez, pero me gustaría saber cuántos de los que dicen eso han ido alguna vez. Lorca tiene muchísimos afines, más que Mourinho, casi tantos o más que Messi, por lo que no me preocupa eso sino que se pueda llegar a apriorismos como esos. No decimos "otra vez Calderón", "otra vez Shakespeare". ¡Lorca ya es un clásico! Nos ponemos a decir que tres Lorcas seguidos es una sobredosis de Lorca cuando los tres montajes son completamente distintos. Son tres visiones sobre un mismo poeta. Puedes ir a todas o a ninguna o elegir la que más te guste. Se dice "otra vez Delibes", bueno, pues resulta que las últimas Cinco horas con Mario llenaron todas las salas de este país. Así que me da igual lo que digan, ni siquiera la crítica. Hay que hacer lo que tienes que hacer sino es que no estás movido por tu propio impulso.

--En este sentido, usted en un momento se apartó del cine y excepto en contadas ocasiones apenas se le ve. ¿Por qué? ¿Notó que es lo tenía que hacer, tal cómo dice? ¿Qué sucedió?

--Yo dejé el cine porque el cine me dejó a mí. Ya está. ¿Quién fue antes? Ni la gallina, ni el huevo. Fue algo que pasó y que yo creo que pasa muchas veces, lo que pasa que no todo el mundo hizo todo el ruido que hice yo, y me alegro de haberlo hecho para que se sepa. Empecé a dejar el cine cuando aquello empezó a ser ya un trauma, no porque no sabía hacerlo o no podía interpretar determinados papeles, sino porqué dejé de responder a un muchacho joven. Ya no lo era. Cuando el cine te quiere joven y no lo eres, estás fuera, ¿no? Pues vayámonos. El cine retrata gente joven o personas que descubren el amor por primera vez. Si es eso lo que tienen que contar, que yo lo conté, debo decir que no está actualizado. Por eso, creo que no me he perdido gran cosa en el cine, sólo el amor por la cámara. Yo la quería a la cámara y en los últimos bolos que he hecho con Imanol Uribe o Gonzálo Suárez, que de vez en cuando me llama, noto que todavía tengo pulso, pero que soy una persona que tengo unos años. Esa es la primera verdad. Yo no puedo ir contra esa verdad, ni quiero. Y el cine y todo el arte en general es un compromiso permanente, constante y sincero con la realidad.

--Pero esa realidad no está compuesta sólo de jóvenes.

--Por eso digo que la actualidad del cine no es siempre contar historias para jóvenes que llenan los cines y que los otros se quedan en casa porque han de pagar un crédito. El cine es algo que se tiene que hacer porque tienes un impulso de contar una historia, pero constantemente ves esas historias de amor, desamor, desengaño... Cuando hay tantas historias de amor y demás de personas de 40, 56 e incluso 90 años que no se cuentan. Todo porque los señores de 80 años no van al cine.

--¡Sí son ellos los que llenan de salas!

--Por eso el cine ahora es tan deficitario (sonríe). Debería ser universal. Si hago una historia con protagonistas de 60 años no es para contársela a ellos. Yo cuento una historia con ambición universal como la tiene Federico García Lorca u otros poetas. ¿Federico se puso a pensar si Bodas de sangre debería ser una historia que sólo vea determinada gente con una cierta manera de entender la cultura, que lee las cosas por internet y en pantallas volantes? No. Lo escribe porque tiene el impulso de escribirlo. Siente que eso además lo lleva a un sentimiento de tragedia, a un compromiso con el ser humano en la pregunta más esenciales que ni la esfinge de Edipo se pudo hacer.

--¿Eso significa que se queda en el teatro con Lorca, está abierto a nuevas propuestas...?

--No, esto se queda aquí. Repetimos con A vueltas con Lorca y aquí se acaba. Ya está bien. Este recorrido ya terminó. Creo que debe hacerlo porque sino termina conmigo. Luego ya me meto en otro proyecto teatral para febrero o marzo.

--¿Y la televisión o las plataformas, no? ¿Cómo las ve?

--Cuando me refería al cine, hacía alusión a todo lo audiovisual, que igual no he sido muy justo. El cine tiene una vocación muy distinta que la televisión. La televisión sí está más supeditada a la audiencia, el cine menos, pero a su vez el cine también está supeditada a la televisión que es quien luego compra, comproduce o lanza. Para mí, la televisión, y ya lleva muchos años así, es un grave problema para nosotros porque, consciente o inconscientemente, nos anula como creadores. Te exigen una serie de contenidos y cómo contarlos y si te resistes te vas fuera. Hay grandes contadores y narradores que están fuera de la tele y es una pena que la gente de la televisión no sepa quién es Víctor Erice, Imanol Uribe, Gonzalo Suárez... que no entran dentro de los nuevos cauces narrativos. Ahora no se para, hay prisa y creemos que en ella hay un acontecimiento, cuando en realidad éste surge cuando tenemos reflexión sobre lo ocurrido. Nosotros, en la sociedad moderna, parece que eso no lo queremos rodar. Si tú te impones a eso y dices que eso no te da audiencia, vas contra la audiencia, que cada vez es más básica, y no contra el arte. No podemos crear arte, no evoluciona, cada vez tenemos menos espectadores y esto se agota. Pero bueno, a ver si un día hay una catarsis.