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El actor Carlos Serrano-Clark / CEDIDA

Carlos Serrano-Clark: "Si no hacemos algo con el auge de la extrema derecha, lloraremos"

El actor catalán regresa a la escena catalana con 'Muerte de un viajante', protagonizada por Imanol Arias

11 min

Carlos Serrano-Clark pisa de nuevo Barcelona tras cerca de un año de gira con Muerte de un viajante, la obra de Arthur Miller que lo ha vuelto a juntar con Imanol Arias, tras Cuéntame.

Sobre la serie no sabe si va a continuar o no. Él considera que la última temporada tuvo "un final abierto" y que podría continuar, pero no sabe nada. Por el momento está con el teatro, el medio en el que empezó hace apenas 12 años pero que lo ha llevado a trabajar con Alejandro Amenabar en el cine, por sólo poner un ejemplo.

El mundo del actor

Él  mismo reconoce que es "afortunado", el mundo de la actuación no es tan fácil como parece. Las redes han complicado el panorama y la competencia y la suerte son factores determinantes. El catalán, por eso, no es muy fan de toda esta ambición y exhibición.

Crónica Directo habla con el actor pocos días antes del estreno de la obra en el Teatre Romea de Barcelona, donde estará hasta el 10 de julio.

El elenco de 'Muerte de un viajante' / EP
El elenco de 'Muerte de un viajante' / EP

–Pregunta: ¿Cómo vive el aterrizaje en Barcelona?

--Respuesta: Con muchas ganas. Sabíamos que íbamos a venir y tenía ganas de traerla a casa, aunque sea de Sabadell. Todavía hay amigos y familiares que no la han visto y me hace mucha ilusión.

--¿Cómo llegó al proyecto?

--Me lo propuso Imanol. Un día me llamó para proponérmelo. Ya conocía la obra, es increíble y no me lo pensé ni un momento.

--Desde que entró en 'Cuéntame' tienen mucha relación, son casi como una familia. ¿No es así?

--Sí, desde que entré me cuidó muchísimo. Entré en una serie que lleva 20 años en marcha, todo el mundo se conocía y tenía esa presión de querer estar a la altura. Y él desde el principio me trató muy bien, me ayudó a relajarme y a medida que pasaron los capítulos la confianza fue a más. Mi segunda temporada en Cuéntame, de hecho, ha sido muy fácil, con una complicidad muy buena. La obra ya nos ha unido muchísimo. Con él me lo paso muy bien, me río mucho y estoy muy a gusto.

--Para quien no lo conozca, ¿nos la podría resumir y definir su personaje?

--Bebe del sueño americano y ese mito de que siempre has de ser el número uno y la frustración que siente el cabeza de familia que, pese al no haberlo conseguido, se la pasa a sus hijos y les exige a ellos serlo. Yo soy Happy, el hijo pequeño, que quiere seguir esos pasos. Para él, todo lo que dice su padre es la Biblia, tiene razón y ha de seguir sus pasos para ser el número uno, pero en realidad busca el amor y reconocimiento de sus padres.

--Tiene esa cosa de algunos grandes autores que el nombre define al personaje, pero en esto caso al contrario.

--En realidad está frustrado, pero trata de poner paz en la familia en su casa. A veces no aguanta y se enfada también, pero sí es contradictorio con lo que pasa. En un momento, su hermano le pregunta si es feliz y responde que no.

--El sueño americano no sabemos si sigue, pero sí esa ambición de ser el mejor. ¿Se da también entre bastidores?

--Sí, hay gente que quiere ser la mejor y ganar premios. Yo teniendo trabajo de lo que me gusta y ganar la vida con ello soy feliz. Hay mucha competitividad, sí, pero como en todos los sectores. La sociedad es así. Desde pequeños nos han hecho creer que hemos de ser los mejores.

--¿La obra viene a demostrar su universalidad y darnos un toque de alerta para recordarnos cómo estos sueños nos siguen frustrando?

--Sí. Porque no todo el mundo puede llegar a todos lados. Por eso tenemos una sociedad donde hay muchas depresiones, y desde jóvenes. Hay muchas frustraciones. Claro que hay gente que llega y es la hostia, pero nos han hecho creer que todos podemos llegar allí.

--Y usted, ¿cuándo y cómo empezó en esto?

--Yo de pequeño hice teatro en la escuela y me flipaba. Empecé Derecho y, de repente, me encuentro a una amiga que empezó Arte Dramático y al regresar a casa de la UAB, le dije a mi mi madre: yo siempre he querido ser actor. ¿Qué estoy haciendo? Me lancé a la piscina, me apunté a la Escola de Teatre de Barcelona para hacer Arte Dramático, fui haciendo teatro en Sabadell y Barcelona y mi primera oportunidad audiovisual fue en La Riera y de allí ha ido saliendo trabajo y no me puedo quejar.

--Ha llegado a trabajar con Amenábar.

--Cuando empecé a estudiar Arte Dramático, nunca imaginé hacer lo que ya he hecho: Amenábar, Imanol, La cocinera de Castamar, cine... No parar de trabajar de lo que me gusta no lo hubiera imaginado. Soy un afortunado.

--De allí el paralelismo de la obra con la actuación y la frustración en contraste con su éxito.

--Bueno, hay altibajos. Antes de la pandemia estuve un año y medio y sí te frustra, te entran las inseguridades: no valgo, ya no me quieren... Les pasa a todos los actores. Karra Elejalde me lo decía: ahora parece que no paro, pero he tenido mis momentos. Esto es una montaña rusa. Y es así.

--¿Cómo se lleva esta frustración?

--Has de tener la cabeza muy bien preparada. A mi me pilló de sorpresa y no lo llevé del todo bien (sonríe). Siempre va bien hacer terapia y estar mentalizado de que esto es así y no hundirte. Conozco a mucha gente que son actores y actrices buenísimos y no han currado nunca de eso y lo pasan fatal. Es jodido. De eso va la obra. De esas frustraciones.

--Y de hecho, en la obra la frustración es del padre y en el caso de su personaje, del hijo que se espeja en su padre. Ahora tal vez no son los padres, pero sí las redes. ¿Cree que es aplicable?

--Totalmente. Ves a gente muy guapa, que triunfa, en yates... A mi no me atrae pero hay muchos jóvenes que lo ven y lo quieren. Por eso también hay muchos jóvenes con depresión, quieren espejarse en esta gente y se frustran porque es muy difícil. Cuando además muchas veces lo que muestran es mentira.

Escena de 'Muerte de un viajante' / SERGIO PARRA
Escena de 'Muerte de un viajante' / SERGIO PARRA

--Me dice que no le atraen las redes, pero hay muchos actores que se quejan de que ahora hay directores de cásting que van a las redes y que incluso miran el número de likes. ¿Cómo es su relación con las redes?

--Yo no lo llevo muy bien. A veces pienso: ojalá no existieran las redes. Muchos colegas me dicen que debo hacerlo por mi trabajo, cuelgo cosas y promociones pero no las domino. Lo debería hacer más. Y sí habrán casos, supongo, pero no es siempre. Y es frustrante cuando uno no tiene X seguidores.

--¿Frustra también el trato de la cultura en este país? ¿Cómo ve el nivel de asistencia al teatro?

--Nosotros en la gira hemos visto que hay muchas ganas de ir al teatro, de salir. La gente tiene ganas. Lo que sí es cierto es que algún sector político no es que sea muy pro teatro o cine, cuando es imprescindible la cultura y siempre se ha de ayudar. Vivir del teatro es muy difícil y hemos de apoyarlo porque nunca es suficiente.

--Pero luego se les acusa de pedir siempre subvenciones.

--Bueno, hay muchas otras cosas que están subvencionadas a lo que llaman arte y no lo es. El cine da más de lo que recibe. Pero ya sabemos como es esto.

--De hecho, la política sí es algo que usted difunde en redes. Muestra su indignación con ciertos discursos. ¿Los actores y la cultura debe o al menos tiene el mismo derecho de dar vuestra voz?

--Yo intento no meterme mucho en política (sonríe). Cada uno que vote a quien quiera pero hay algo que me preocupa y comparto en las redes: el auge de la extrema derecha en Europa. Todo el mundo debe denunciarlo. No se puede tolerar. Al intolerante, tolerancia cero. Eso sí creo que es importante denunciarlo. Si no hacemos algo, lloraremos y será demasiado tarde. Yo tengo pocos seguidores, mi altavoz es pequeño pero creo que casi todo el mundo debería hacerlo.

--¿La cultura es una buena herramienta contra esta intolerancia?

--Y tanto. Por eso a la extrema derecha no le interesa la cultura, porque hace pensar. Por eso, es imprescindible.