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La actriz Ángela Boix / JOSÉ ALBERTO PUERTAS

Ángela Boix: “Tras la pandemia, el otro ha empezado a significar un peligro"

La actriz aterriza en el Teatro Español con 'El mal de la montaña': “Es muy difícil vivir la interpretación y el arte desde el yo”

14 min

Ángela Boix es de esas actrices que no sólo se han formado en todos los ámbitos de la actuación, incluido el doblaje, sino también a otros niveles. Sus palabras así lo denotan y, tal vez por eso, en su trayectoria ha decidido participar en tan buenos trabajos.

Se empezó a hacer un nombre cuando debutó en la ópera prima de Carlos Vermut, Diamond Flash, y, además, como una nueva oleada de actores y actrices jóvenes se juntó con varios compañeros de profesión para sacar adelante proyectos que le motive poner en marcha.

Trabajo en el teatro

La intérprete fundó en 2007 la compañía El Arrabal y ahora forma parte del Colectivo Fango, un grupo de profesionales del sector teatral que levantan obras con un claro contenido social. Ella le quita hierro a este factor. Lo atribuye a casualidades y a inquietudes comunes. “No creo que el teatro deba tener una función concreta. Para mí, el teatro es algo tan maravilloso que tiene valor en sí mismo”, asegura en esta entrevista con Crónica Directo.

Boix se encuentra hasta el 3 de abril en el Teatro Español con la obra de Santiago Loza El mal de la montaña, dirigida por uno de los actores más importantes del nuevo teatro español, Francesco Carril, y Fernando Delgado-Hierro.

--Pregunta: ¿Qué es El mal de la montaña?

--Respuesta: Es un proyecto que llevamos mucho tiempo gestando, Francesco y Fernando llevan mucho tiempo moviéndolo y es el resultado de tres años de trabajo. Para mí, es el reencuentro con un grupo de personas. El teatro siempre es ese equipo y lo primero es encontrarse con esas personas y luego qué nos pasa a nosotros con ese material. Es también el regalo del texto de Santiago Loza, además del de estrenar en el Teatro Español.

--¿De qué diría que trata?

--Es la entrada a un espacio interno, imaginario, sin precisar. Probablemente estamos dentro de una cabeza. Es entrar en ese espacio en que los personajes están atrapados en un desamor, paralizados por el miedo y no saben ni como entrar y salir de ese lugar. Es un viaje por el que los personajes pasan hasta vencer ese miedo. Suena abstracto, pero realmente lo es (ríe).

--La obra de Santiago Loza tiene ya unos años y habla de unos personajes que tienen miedo a lo de afuera. ¿Cobra ahora un nuevo significado?

--Las obras universales lo son porque siempre activan algo del contexto. Los personajes aquí relatan su propia realidad. Primero crean su realidad y luego la viven, como si controlaran lo que viven. Esto se puede aplicar mucho a este mundo de las redes sociales y en el que está todo digitalizado. Parece que la imagen de nosotros mismos está por encima de nosotros y de nuestro propio cuerpo, de alguna manera somos esclavos de esa construcción mental que hacemos de nosotros mismos, estamos atrapados en eso. Por eso, se está relacionando mucho con lo que pasa en redes, con la falta de escucha, que es otro de los grandes temas de la obra, la incapacidad de comunicarse entre sí. Es una especie de voz única de diálogo interno. Puede ser un reflejo de la comunicación social.

--¿Y de las relaciones humanas, no? Porque los personajes se cuentan su historia de amor a través de lo que se cuentan ellos.

--Sí, pero creo que es algo muy humano. Es como funciona la memoria. Lo que vivimos se queda en nuestra memoria y vamos poniendo, sacando… El ser humano no es objetivo nunca (sonríe), y más cuando hay un choque entre la sensibilidad y el raciocinio. Hay un choque de lo que pasa y lo que nos gustaría, y de allí creamos un collage y lo adaptamos a lo que nos pasa sensiblemente y a lo que no podemos tolerar.

La actriz Ángela Boix / MANUEL FIESTAS
La actriz Ángela Boix / MANUEL FIESTAS


--¿Cree que esos medios se han hecho mayores con la pandemia?

--La pandemia ha activado miedos que ya existían y este ha sido el detonante incluso de cosas que no queríamos ver y pensar. Esto irremediablemente nos asoma a una angustia humana de una sociedad construida en el aislamiento y hace que uno cobre conciencia de muchas cosas. Hay gente que lo ha pasado muy mal y aun lo pasa a nivel económico, y cuando la economía tiembla y sentimos que no vivimos en un lugar seguro aparecen muchísimos miedos. Asimismo, a nivel social el otro también ha empezado a representar un peligro, porque el contagio viene del otro y eso implica distanciamiento, cuando somos animales que necesitamos afecto para paliar nuestro miedo. El ser humano es frágil y siente miedo, y el contacto con el otro, el afecto, nos reconforta. El hecho de que no podamos interaccionar mucho con el otro por guardar medidas de distanciamiento hace que ese miedo sea más duro de sostener, hace que todo sea más fácil de sostener.

--¿Y cómo se lleva a escena? Porque es algo un poco angustiante, ¿no es así?

--La puesta en escena está muy en dialogo con el espacio que ha creado Paola de Diego, las luces de Paloma Parra y el diálogo con una estructura planteada por los directores entra y aparecen las atmósferas. Y cuando ese diálogo se ha producido bien es muy fácil transitarla para los actores.

--La historia se cuenta por tres hombres que hablan de una ruptura. Usted es la novia de uno de ellos, ¿pero es un espectro, es la novia de cuerpo presente?

--Pasa de ser fantasmal a real, y eso es una cosa muy bonita. Ellos hablan de mujeres todo el rato y lo hacen de manera bastante heteropatriarcal. También tienen esa actitud porque se mueven en ese ambiente y hablan de mujeres que han dejado y las han dejado y ella aparece como el arquetipo femenino global que son muchas mujeres. Si bien es la ex de uno de ellos, el hecho de que sea hablada y presentada y anunciada por uno de ellos hace que esa mujer se haga real. Es una mujer poco concreta en este sentido y, en mi opinión, se hace cada vez más real. Y aunque los cuatro pertenezcan a este mundo de aislamiento, exclusión y tengan un discurso bastante retrógrado, ella tiene la coherencia de expresar lo que quiere, de estar en contacto con sus afectos, de pedir el amor que necesita y encuentra la clave para poder salir de ese espacio de aislamiento y miedo.

--O sea, que ponen en escena la construcción del relato heteropatriarcal y a su vez la revuelta de la mujer contra eso.

--De alguna manera, sí. Hay una revelación lejos de la agresividad, por eso. Pero para mí, ya en la primera escena que habla de amor y pide lo que quiere y lo desea, y regresa a ese espacio en otras escenas sabiendo lo que quiere y pidiendo afecto, aunque aparentemente la pone en un lugar frágil, y, como consigue sostener su objetivo durante toda la obra, la vuelve fuerte. Efectivamente, de alguna manera plantea que este mundo carca, acartonado, heteropatriarcal y aporofóbico --porque ellos también desprecian al pobre-- se cae. Ella plantea esta caída de este mundo, de alguna manera.

--La obra pone un espejo en la sociedad, una preocupación que parece sostener en su carrera. Usted, desde el Colectivo Fango, también plantea este teatro social. ¿Es lo que le atrae del teatro y cómo lo plantea?

--No, no creo que el teatro deba tener una función concreta. Para mí, el teatro es algo tan maravilloso que tiene valor en sí mismo. Se ha dado así, sólo. Sí hay una tendencia de unas generaciones de hacer autoficción, de reflexionarnos un poco, de preguntarnos quiénes somos a través del teatro. Ha surgido de una manera natural tanto desde el Colectivo Fango como con un compañero, Juan Ollero, un director maravilloso con el que trabajamos Francesco y yo en la obra Hacer el amor y que era una obra que hicimos tres veces y sin texto. Esa ya era una obra que planteaba que nos levantamos cada día y se preguntaba quiénes somos. Salías al escenario con una sensación absoluta de vértigo. Creo que se ha producido de forma natural esa reflexión.

La actriz Ángela Boix / MANUEL FIESTAS
La actriz Ángela Boix / MANUEL FIESTAS


--¿Qué sucede para que surjan estas reflexiones, esta llamada de la autoficción?

--Estamos en un momento de relatar mucho el yo, pero en el teatro hay una necesidad de relatarlo en equipo y con la mirada del otro, el del público. Hay una necesidad de hacerse estas preguntas y liberarnos de esta prisión del yoísmo que es tan dura. Es muy difícil vivir la interpretación y el arte desde el yo, pero estamos en un sistema que nos pide o nos empuja a que nosotros mismos seamos nuestra propia empresa y explotemos nuestra capacidad de venta. A lo mejor hay una necesidad de colocar ese yo en el mundo y, al hacerlo en el teatro, igual nos liberamos de ese individualismo que nos hace tanto daño.

--¿Definiría este teatro o esta obra, entonces, como la cara b del influencer, de esta sociedad?

--Plantea la necesidad de ser críticos y pensar qué me pasa a mí con eso, cómo vivo yo después de haberme expuesto y relatado de esta manera, qué ansiedad me deja, cómo vivo yo mi día a día con la necesidad de publicar dos veces al día para sentir que pertenezco a algo.

--Y por último, ¿qué otros proyectos tiene además de El mal de la montaña?

--Vamos a estar en el Español hasta el 3 de abril. Luego tengo el rodaje del primer largometraje de Fabia Castro, en el que tengo muchas ganas de entrar. Un proyecto muy personal sobre tres mujeres de una misma película. Y con el Colectivo Fango, después, vamos a investigar más.

--La veo especializada en óperas primas.

--(Ríe a carcajadas) Es verdad. Es cierto que, además, en las óperas primas ves como el florecimiento de alguien, pero a mí lo que me gusta es repetir. Si uno vuelve a trabajar con directores o directoras esa relación se afianza, se afina. En la interpretación la complicidad con la directora y el director es una de las cosas más maravillosas y la más importante para actuar bien.

--Curioso, porque uno cree que la actuación es un mundo de egos, ¿no?

--Exacto, es el completamente al revés de lo que se piensa. Esto de que es un mundo de egos… Si yo hubiera tenido demasiado ego no hubiera seguido, pero la gente que ha hecho carrera a largo plazo es porque tiene el ego muy bien colocado. Esto es un trabajo en equipo al 100% y tu trabajo depende plenamente del de los demás y cómo tú seas capaz de trabajar con los demás. Si tú no sabes, es difícil que puedas realizar un buen trabajo.